El mejor ADN del mundo: Abrazo De Niño

Porque todos necesitamos abrazos que nos aprieten bien fuertes, de esos de los que casi te arrancan un ¡Ay!, de esos que te empujan el alma hasta el corazón y hacen que se sienta su latido en la garganta.

Abrazos de niños, de padres, de madres, de abuelos, de hermanos, de tíos, de primos, de amigos, de vecinos, de conocidos, de desconocidos, Continúa leyendo El mejor ADN del mundo: Abrazo De Niño

Para ser MADRE.

Para ser MADRE además de mucho amor hay que echarle mucho humor; sólo con la oxitocina no es suficiente, ni tan siquiera con una pareja modélica al lado, no, una MADRE soporta lo insoportable, sufre lo insufrible y alcanza el mayor de los éxtasis con el más mínimo detalle. Si los hombres hubiésemos tenido que parir, la humanidad se habría extinguido tras el primer dolor de contracción, seguro.

Una MADRE llora porque le da la pena o porque le da la gana, y sus lágrimas las guarda en lo más profundo de su corazón como quien hace una colección secreta de inimaginables emociones, una a una, cuidando de no olvidar la que le hizo feliz ni la que le hizo sufrir. Las quiere a todas. Suspira cuando puede, no cuando quiere, pues su agenda es la agenda interminable, con tareas imposible de entender si no eres MADRE.

Para ser MADRE no basta con parir, no, conozco a muchas que MADRES de adopción que dibujan a sus hijos en su alma con sus manos, con sus caricias deseos y cuidados, y aunque no han dado a luz, brillan con la misma intensidad que mil MADRES parturientas. No presumen del parto, no lo necesitan, presumen del tamaño infinito de su corazón, presumen más por lo hecho que por dar el pecho.

Para ser MADRE, no hace falta tener un hombre al lado; sé de MADRES fecundadas desde el amor por tener un hijo, desde la ininteligible soledad de la incomprensión de algunos necios. El amor de MADRE no tiene dueño, el amor de MADRE es un sueño del que nunca se puede ni se quiere despertar, es un estado que sólo una mujer puede llegar a entender, pues no hay varón que alcance a esa razón.

Humor, amor, paciencia, cariño, tolerancia, quietud, templanza, dulzura, constancia, tragaderas, espaldas anchas, brazos eternos, y un alma que no tiene calma, que no descansa hasta ver a sus hijos resguardados de toda imposible amenaza…”arrópate el alma cariño, que me vas a coger frío”.

No es magia,  es educación.

Luis Aretio

 

Mi Primera Confusión. La Comunión es otra cosa.

Pronto arranca el mes de las “primeras confusiones”, si, tal cual, y no lo digo precisamente porque se crea o se deje de creer en lo que se está haciendo. Recibir la comunión es un acto de fe, una forma de afrontar la vida espiritual, familiar y social. Una decisión basada en una creencia religiosa, una actitud ante los demás.

Confusión es lo que experimentan los niños cuando de todo, lo más importante es la amalgama de regalos que pueden llegar a recibir y el esfuerzo, en la mayoría de los casos, que supone para las familias semejante despliegue de medios para celebrar un acto tan humilde como el que realmente representa.

Se nos ha ido la mano un poco. “Los bautizos se han convertido en comuniones, las comuniones en bodas y las bodas, en la entrega de los Oscar…”.

Es la confusión de la prioridad por satisfacer las necesidades más materiales; el regalo por el regalo o el sobre con dinero, la abundancia y la ostentación. ¿Aportan algo? Si queremos que nuestros hijos sean felices, ¿de verdad que este es el camino adecuado? Celebramos la fe en la iglesia como el que celebra que ha llegado la feria de su pueblo, pero con un poco más de glamour, si procede, claro.

Rescatemos el sentido común pues creo que casi todo, en una medida justa, es razonable y necesario. Los cumpleaños generan una montaña de plástico y papel difícil de digerir, sobre todo por el impacto negativo que genera en nuestros hijos la creencia de que crecer es igual a acaparar cosas que apenas tienen tiempo para disfrutar y que saturan las estanterías de nuestras casas.

Hay familias que celebran un evento especial (viaje, fiesta, etc.) con sus hijos para que también tengan una fiesta como la de sus amigos que sí han hecho la comunión, para que no se sientan mal…y es tan respetable como todo lo demás, pero:

¿La necesidad es de nuestros hijos, o es nuestra?

No es magia, es educación.

Luis Aretio