Cómo afrontar los desafíos de nuestros hijos.

De las muchas situaciones difíciles en las que nuestros hijos nos hacen sentir incómodos, los desafíos se llevan el premio, pues dependiendo de cómo los gestionemos, el ambiente familiar puede ser muy diferente.

¿Por qué lo hacen? ¿Qué les motiva?

Somos nosotros quienes les damos la mayoría de pistas para que ellos aprendan a cómo hacernos caer en su propio malestar, y entramos sin miramientos “al trapo” cuando lo único que conseguimos así es reforzar negativamente esta conducta no deseada.

Lo hacen porque quieren expresar una emoción negativa, generalmente una frustración reciente por algo, o para evitar realizar un esfuerzo, por pura comodidad, y saben que enfadándonos siembran el caos; ¿buscan un beneficio a través de modificar nuestros estados de calma y agotar nuestra paciencia en poco tiempo? así es, se lo hemos enseñado nosotros, y lo han aprendido, de nosotros.

¿Qué hacer? (…y que sea legal, claro)

Olvídate de: gritar, amenazar, despotricar, zarandear, dar collejas, y de todo lo que suponga entrar en el juego de “ahora vamos todos a enfadarnos”, nada de esto funciona, sólo motiva a más de lo mismo para la próxima vez.

1º.- Ignora la conducta, que no es lo mismo que olvidar; déjale con la palabra en la boca, si puedes sal de la escena, y al volver le dices: “te voy a enseñar a obedecer como me enseñaron a mí”, dirige su conducta, utiliza tu mejor sentido del humor y del amor, así se moldean nuestras conductas, desde las emociones, “rómpele los esquemas”, sorpréndete sorprendiéndole, busca tus propias estrategias.

2º.- Previene las frustraciones: anuncia con tiempo suficiente los cambios de actividades, es decir, que todos sepamos cómo va a organizarse el tiempo disponible y qué proponemos que hagan durante el mismo.

Y 3º.- Refuerza, sin exagerar, las conductas positivas. Sin querer estamos más atentos a todo lo negativo y perdemos las mejores oportunidades para premiar muchas pequeñas cosas que sí hacen bien. Los premios deben ser atenciones, caricias verbales, guiños emocionales, o tiempo de juego, pero evita hacer premios materiales, son un chantaje, nunca un refuerzo.

Normalmente buscamos soluciones tarde, cuando la conducta ya se ha convertido en un problema. Propongo ir “por delante” de las muchas dificultades que nos plantea la educación de nuestros hijos.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

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