Custodia compartida sí, pero a medida.

A partir de la separación todo es nuevo para todos, especialmente para los hijos que verán cómo su rutina familiar, la vida que han llevado hasta ahora, la única vida que han conocido, será dividida en dos mundos diferentes y demasiadas veces enfrentados por los intereses de sus progenitores.

A los hijos, papá y mamá deben proporcionarles una explicación acorde a su edad sobre qué está pasando y sobre cómo será su rutina a partir del momento de la separación. Sí, todos juntos, tragando dolor, orgullo, saliva y rabia. Ellos sólo necesitan una explicación coherente y sensata que despeje todas sus dudas.

Una sentencia en un juzgado sobre el régimen de comunicación y custodia será la base sobre la que legalizar y regular una separación, pero no es ni será nunca la solución al conflicto de intereses y ni mucho menos al enredo emocional en el que todos se verán envueltos.

Si las prioridades son los hijos, habrá que ser consecuentes con el tipo de rutina que van a llevar, debiendo favorecer la estabilidad y comodidad de ellos, no la capacidad de adaptación a situaciones cambiantes de manera cautelar ni permanente.

Las circunstancias mandan porque nada es para siempre, no sólo nos referimos a las personales, también las profesionales, económicas, sociales  y familiares. Los cambios se llevan mejor cuando el ambiente no es estresante ni angustiante, cuando los niveles de comunicación se adaptan con amabilidad y flexibilidad a las necesidades de los hijos.

¿Custodia a medida?

Sí, a medida del carácter de cada niño; a medida de la disponibilidad real de tiempo, de cuidados, juegos y atenciones; a medida de la relación de apego; a medida de la edad si son demasiado pequeños; a media de la capacidad de protegerles y de saber no trasladarles conflictos; a medida del grado de madurez; a medida de la calidad del trato; a medida de la respuesta afectiva de los hijos; pero sobre todo, a medida de la actitud de cada padre y madre sobre cómo aprender a afrontar todas las desconocidas dificultades de colaboración, comunicación, comprensión y objetividad que nos exigirá la vida a partir de la separación. No es una ruptura, es una transformación.

No todos los niños llevan igual de bien un cambio constante de domicilio ante una custodia compartida, ya sea de días alternos, de semanas combinadas, de una quincena o de meses completos. Habrá que estar atentos al desarrollo emocional de los hijos, al rendimiento académico y a las oportunidades de favorecer relaciones sociales adecuadas y variadas.

A todo se acostumbra uno, pero los adultos se acostumbran antes y mejor a una nueva situación que los niños. Son los adultos los que deberán hacer el mayor esfuerzo, nunca ellos.

Las leyes no entienden de apego ni las cláusulas del acuerdo recogerán lo que nos diferencia de género. No hay ley que contemple que una parte del alma se desprende cuando un hijo, por decreto, coge la maleta y cierra la puerta de casa.

Hay padres que tras haberse ausentado durante un tiempo de pronto reaparecen con todo el derecho que la ley les otorga, y deben aparecer, por supuesto, pero no como si volver a ejercer de padre fuera la mismísima conquista de Roma. No es una batalla, es un acuerdo basado en el respeto.

También hay madres y padres negligentes que manipulan y agreden a sus hijos de manera consciente (a veces inconsciente) con tal de agredir a la pareja, y se justifican en sus derechos ignorando las necesidades emocionales reales de sus hijos. Eso no es amor, eso es rencor.

Cuidar de los hijos implica también cuidar y respetar a todos quienes los atienden, requiere ser un elemento facilitador, no entrar como entraría un elefante por una cacharrería. El respeto debe extenderse a todas y cada una de las personas y rutinas que componen el confort del niño. Deben respetarse los tiempos de quienes han estado día y noche cuidando de quien dicen que más quieren. Los hijos se merecen algo más.

Dejemos un margen para la adaptación a las nuevas circunstancias, permitamos una adaptación progresiva y emocionalmente soportable sobre todo para quienes han traído al mundo a esos hijos que ahora deben dejar partir, a esos hijos que la mayoría de las veces no entienden nada de lo que les pasa.

Le llamamos custodia compartida, pero compartamos primero las necesarias buenas maneras, que si es para toda la vida… no hace falta correr, hace falta calma, calma para poder coser bien las cosas del alma.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

 

11 comentarios en “Custodia compartida sí, pero a medida.”

  1. La teoría la sabemos todos muy bien pero es difícil llevarla a la práctica. Es un esfuerzo diario y la visualización constante del único objetivo que es el bienestar y salud emocional de nuestros hijos. No responder a las provocaciones constantes y al mal comportamiento del otro progenitor que afecta a nuestros hijos es un esfuerzo titánico, pero hay que intentarlo y ponernos en los zapatos de los niños e imaginar, volviendo a nuestro pasado, cómo nos sentiriamos nosotros en su situación. En ese momento reflexionas y te das cuenta de lo que tienes y no tienes que hacer y/o decir.

    1. “Del dicho al hecho siempre hay un buen trecho”. Yo siempre pienso que cuando alguien no “da la talla” es quien sale perdiendo. A corto plazo aparenta hacer daño, pero se destruye como persona ante sus hijos, y el tiempo es el mejor juez de cuantosentido errores cometemos. La única alternativa a ese tipo de injerencias es que la otra parte sepa hacer de amortiguador emocional de esos intentos de agresiones, porque no hace daño quien quiere, lo hace quien puede.
      Un abrazo tiránico!

  2. Yo tengo custodia compartida y mi nene tiene 7 años solo ace 1 año q me separé y la verdad q es lo mejor q hice proponer la custodia compartida mi hijo se a adaptado perfectamente n a tenido ningún problema yo solo pensé en el nene no pensé en mi en ningún momento y soy de las q pienso q tb tiene e derecho a estar con su padre independientemente de lo q pasará entre nosotros creo q n se debe involucrar a los pequeños

    1. Enhorabuena Rocio, si se ha adaptado perfectamente no es por casualidad, es porque vosotros se lo habéis facilitado. No hay nada más sano para nuestros hijos que ver a sus padres aprender a encontrar las mejores soluciones para su futuro. Y no os preocupeis si también aparecen errores, cuando hay cariño se crece y se aprende… todos juntos.
      Un abrazo con lazo!

  3. Muy buena reflexión, gracias.
    La teoría es fantástica, de hecho la comparto, pero por qué la justicia y la sociedad da por hecho que es la madre quién tiene más derechos? Por que el padre no tiene igualdad de condiciones a priori? Por que el padre tiene que demostrar que quiere a sus hijos, que sabe cuidar de ellos, que sus hijos le quieren y que quiere educarles y damos por hecho que la madre siempre si?
    Lo que está claro es que hay muchos padres (y madres) incompetentes voluntaria o involuntariamente en estos quehaceres, pero por qué los padres que queremos la custodia compartida pagamos los platos rotos de todos los demás?
    Por que es la madre quién tiene que decidir esto…. Que me pregunten a mi también!
    Gracias y enhorabuena por la entrada.

  4. Me divorcié en 2013 cuando mi hija tenía 6 años recién cumplidos. Su padre y yo fuimos juntos a Mediación Familiar para formalizar juntos nuestros acuerdos, para que ningún abogado/a, fiscal o juez nos dijese como hacerlo, analizando nuestras necesidades, nuestros trabajos, nuestros horarios, nuestros apoyos familiares y por encima de todo TENIENDO SIEMPRE PRESENTE LO QUE ERA MEJOR PARA NUESTRA HIJA. Tengo la suerte de vivir en la misma localidad que mi marido y poder tener una custodia compartida de un mes. En ese mes dos tardes entre diario mi hija las pasa con cada uno de nosotros y en ese mes los fines de semana son alternos, con lo cual ella tiene un contacto casi a diario con los dos. Entre su padre y yo ha habido momentos muy tensos pero que hemos sabido separar de la cuestiones de nuestra hija y jamás hemos jugado el uno con el otro utilizando a nuestra niña. Esas tenisones con los meses se han ido pasando y existe en realidad una relación muy cordialquemi hija percibe. Me siento muy orgullosa de como lo estamos haciendo y eso en mi hija de 9 años a día de hoy se nota. Es feliz y está rodeada de amor. Los padres somos los que nos tenemos que adaptar, olvidar el rencor, los odios si los hubiera, tragarnos nuestro orgullo si realmente queremos a nuestros hijos/as.

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