De tal padre, tal astilla.

Bienvenido Papá, ponte cómodo porque vas a vivir una experiencia maravillosa, la experiencia de aprender a dar forma a tus hijos. Forma, sentido y contenido. A cuidar y a educar a quien dependerá de ti y de Mamá. Todo comienza en el instante que llegan a tu vida y ya tan pequeños necesitan todo tu afecto, tus mejores caricias y tu guía para todo su nuevo proyecto de vida.

Papá, nadie nace sabiendo, pero aprenderás al ritmo de las demandas, de los cuidados y del tiempo. Aprenderás con ellos y para ellos; aprenderás de cada acierto y de cada error, de cada triunfo y de cada fracaso.

Tus hijos al nacer no saben ser y tú les vas a enseñar como sólo tú vas a poder hacer; porque tú eres una parte esencial del espejo donde se miran cada uno de ellos, lo único que conocen cuando vienen al mundo además de Mamá. Porque en tus hijos verás la versión mejorada de tus formas; y calcarán tu estilo, tus estrategias, tu ejemplo y tus maneras.

Como Padre tú decidirás qué les quieres enseñar, y con eso tú decidirás cómo quieres que sean; tú los formarás en esto que nadie enseña. No vale luego quejarse, porque si un hijo no sabe cómo hacer algo es porque nadie le habrá enseñado. Esa es la idea, que les enseñes tú su camino con tu mejor ejemplo.

Ser Padre es mucho más que jugar con ellos; es implicarte de igual a igual con tu pareja, es pedir permiso en el trabajo para ir al colegio, al pediatra o al dentista; es hacerte presente en cada momento de su rutina sin pestañear, sin dejar nada atrás y sin miedo, porque un Padre puede con todo, con todo lo que quiera.

Papá, el viaje es largo y tendido y te obligará en muchos momentos a no poder bajar la guardia. Tus hijos te pedirán consejos, ayuda y herramientas. Y ellos serán los primeros porque tú siempre sabrás esperar y renunciar.

Renunciar, eso que sólo saben hacer los padres valientes, esos que llevan una flor gigante en su solapa; no se ve porque es mágica, pero la llevan. Es la magia del amor por cada astilla nacida de su alma. Alma de ser y estar para dar. Si Papá, sobre todo para dar.

De tal Padre…

No es magia, es educación.

Luis Aretio.

Se nos caía la baba y se nos ensanchaba el alma cada vez nuestro primer hijo nos miraba y sin saber por qué decía eso de “pa pa pa pa.

¡Lo ha dicho, lo ha dicho! ¡Ha dicho Papá, ha dicho Papá! Y zas, ya no hay marcha atrás. Felicidades Papá.

Preparado, Papá… Ya.

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