Estado Civil: Borrego

Somos seres fáciles de llevar y de convencer, seres que sólo vamos a pacer al lugar que nos dejan. Seres que convivimos con el miedo al horror de una amenaza incierta por desconocida. Seres que nos dejamos quitar lo mejor de cada uno según avanza la temporada. – Reproducíos, transmitid el pánico a cada generación que nazca y no penséis nunca en cruzar la valla, porque quien lo hace pierde el estatus de la seguridad de un falso protector que sólo te cuida por su interés, no es por afecto, es por tu “lana”-.

Borregos contentos con lo que nos ofrecen, borregos que balan esperando el pasto fresco. Y vamos todos a la misma hora y al mismo sitio… haciendo lo mismo, viendo lo mismo y pensando igual. Somos seres convencidos de que lo que nos regalan no tiene precio, pero es mentira, llegado el momento nos sacarán la piel y nos dejarán sin nada hasta volver a repetir, una y otra vez, la misión encomendada de tener contento al pastor a cambio de una felicidad falsa.

Nos vigilan sabuesos protectores que a la mínima nos ladran, nos amenazan con sus colmillos y gargantas, nos amedrentan porque saben que no somos nada, sólo un rebaño ciego de seguir a quien nos marca los pasos por la cañada. Nos dejamos llevar y nos manipulan abusando de nuestra cándida curiosidad, de nuestra ingenuidad demostrada, de nuestro anhelo de ir siempre juntos al redil que nos guarda.

Borregos alienados, obedientes y sumisos; borregos que se dejan hacer y deshacer como si no nos importara nada. Borregos con título y pedigrí, pero que a la hora de la verdad, sólo valemos lo que ofrecemos al dueño de la piara. Borregos que no molestamos, que no gritamos, que no nos quejamos salvo que alguno se desmarque del grupo, entonces a ese, le hacemos una marca y lo marginamos por insidioso, por querer pensar por sí mismo y no hacer lo que hacemos todos, comer, dormir y callar.

Estado Civil… ¡tú dirás!

Luis Aretio.

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