Feliz Normalidad.

La educación que llevamos dentro, la esencia de lo que queremos que sean nuestros hijos en el futuro, la tenemos en nuestras manos y en nuestras decisiones, de ahí aprenden ellos, de lo que nosotros hacemos. Tengamos un poco de tacto entonces. Pongamos nuestro mejor criterio en nuestra mayor responsabilidad: educar personas.

Nos invitan a adelantar la Navidad y aceptamos igual que aceptamos pasar por caja antes de tiempo, decorar antes de tiempo, celebrar todo lo que sea aunque no sea nuestro,… pero consumiendo. ¿Seguiremos aceptando cuanto nos ofrecen? En mi pueblo a eso se le llama no tener criterio.

Debemos protegernos de quienes no quieren nuestra felicidad ni la felicidad de nuestros hijos, debemos defendernos de quienes sólo quieren nuestro dinero pero para su propia felicidad. ¡Esos si que son felices, no nosotros consumiendo!

Sin tetas no hay paraíso y sin consumo tampoco hay Navidad; pero nada frena nuestra voracidad por adquirir algo de felicidad en forma de regalos, eventos o caprichos para adultos y niños, a estas alturas ya casi todo vale.

¿Esta es la herencia de valores que queremos para nuestros hijos?

Cada quién es cada cuál, faltaría más, pero nuestros hijos merecen una lección equilibrada y moderada de nuestra capacidad de adquirir para ser felices; ni mucho ni poco, no van a ser más felices por tener más de todo, si me apuras todo lo contrario, porque si no les damos un criterio bien pegadito a la tierra, nuestros hijos pensarán que para seguir siendo felices necesitarán acaparar objetos y eventos de permanente última generación… sólo de pensarlo cansa.

No hace falta que volvamos al juego de ropa interior, muñeca, fuerte comanche y caramelos, no hay que forzar lo normal, porque lo normal es mucho más simple y es mucho más sano. No hay que volver al pasado, hay que rescatar parte de lo mucho y todo que nos han dado los abuelos de nuestros hijos, nuestros padres y nuestras madres, quienes sin apenas recursos nos educaron en una austeridad más razonable y amable.

Lo de ahora es un atraso, nuestros hijos tienen demasiados juguetes y muy poco tiempo para jugar, es más, les molesta enormemente tener tal cantidad y variedad de juegos y juguetes, ahora juegan a sacar todas sus cosas y luego al juego de acción de… “¿Y ahora quién recoge todo esto?”

Papá Noel.

Respeto la figura de Papá Noel, a mi no me ha hecho nada y tampoco creo que me lo vaya a hacer. Sí acaso le reprocho que me resulta muy poco familiar; por mucho que nos lo han metido hasta en la sopa, a mi no me traslada ninguna emoción, no se, Papá Noel no me pone ni de lejos lo que me pone una Cabalgata de Reyes con su lluvia de caramelos y sonrisas, su rey negro pintado pero entregado, o la cara desencajada de los niños esa noche tan esperada.

Por un momento pensé, “Papá Noel puede amenazar a los Reyes Magos”, pero no qué va, qué ingenuo, si lo que ha conseguido es que nuestros hijos tengan más regalos, y nosotros, claro. A mi el 24 jamás me han dejado regalos debajo de ningún árbol, era lo normal, celebrar la Navidad, juntos, sin más.

Tres Reyes, tres regalos.

Un juguete, algo didáctico y algo práctico, por ejemplo, y si tus hijos te dejan de hablar por eso, piensa que ya has hecho un cuarto regalo, el regalo de empezar a poner orden en este incomprensible caos para nosotros y para ellos, y como nos pasó a muchos, solo lo entenderán cuando nos hagan abuelos, es decir, cuando ellos también “coman huevos” ¿Te suena?

¡Feliz Normalidad!

No es magia, es educación.

Luis Aretio

 

2 comentarios en “Feliz Normalidad.”

  1. Totalmente de acuerdo en tus palabras Luis. Muchas veces me pregunto que si soy yo la que va en contra corriente de todo lo que me rodea y por eso, cuando te leo, me reconforta; porque sé que por suerte hay otros muchos como nosotros dos, que intentamos al menos dar una educación mucho más responsable del consumo a nuestros hijos de la que hoy día parece que es la que está estipulada. Me niego a poner el árbol a finales de noviembre, a ver luces, árboles y tiendas de juguetes cuando todavía queda casi un mes para los entrañables y esperados Reyes Magos y me niego a que mi hijo no sepa valorar lo que cuestan las cosas, el esfuerzo no solo económico sino también mental que estas fechas suponen para muchos que, más que convertirse en fechas de encuentros y alegrías familiares están llegando a ser regalos que hay que comprar. Y regalos bien aparentes porque ya los niños de hoy lo tienen todo. A mi me parece agotador en todos los sentidos.
    Prefiero ser bicho raro a ser borrego.
    ¡FELIZ NORMALIDAD AMIGO! ; )

    1. Somos más y mejores Amaya, lo que pasa es que no hacemos el mismo ruido y muchos sólo saben segir la inercia de todo lo que se les ofrece. Me alegro que alcemos la mano y que se nos vea, que la normalidad existe como valor y como criterio de vida, que nuestros hijos piensen por sí mismos, ese es mi objetivo como padre y como persona. Los regalos no se hacen, simplemente se merecen, y el mejor de todos, la coherencia.

      Feliz Normalidad y próspero Algo Nuevo Amiga. Gracias,… y vuelve cuando quieras.

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