La famosa silla de… ¿Pensar?

Muchas de las Seños o Educadoras con las que trabajo me cuentan maravillas del método de “la silla de pensar”. Opinan que es una buena herramienta sobre todo para aquellos niños más difíciles. Las familias en casa, cuando han sido informadas, muestran el malestar hacia sus hijos, pues han hecho algo que les ha llevado a ser amonestados; y yo me pregunto, ¿Es lícito someter a semejante experiencia a niños de dos a 6 años? ¿Por qué? ¿Por ejercer de niños?    

Parece como si se hubiese protocolizado el fracaso: “el rincón de pensar, el de los que no hacen las cosas bien”. ¿Te imaginas que cada vez que hacemos algo mal los adultos, nos ponen castigados a pensar en un rincón a la vista de todos?

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La experiencia confirma, que salvo en muy pocos casos, simplemente apartar a los niños no es suficiente para que surta efecto esta modalidad de la técnica del “tiempo fuera” tan extendida. Si no somos capaces de incluir una visión empática que nos oriente sobre las causas de ese mal comportamiento, nos estamos quedando con lo que se ve, con el síntoma puro y duro, cegando y retrasando cualquier acción pedagógica.

¿Por qué no los mandamos a pensar cuando las cosas se hacen bien? ¿No sería más constructivo? Yo estoy convencido de que si, y muchas Seños terminan también convencidas de que más vale corregir que reñir, que más vale elogiar que castigar.

¡Piénsalo!

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