La incultura del consumo… ¿De donde nos viene?

Vivimos en un mundo material, valemos más por lo que tenemos que por lo que somos, y buena nota de ello toman nuestros fieles proveedores, quienes a sabida cuenta de nuestra debilidad nos agasajan con todo tipo de artículos tan innecesarios como a veces ridículos. Parece ser que no tenemos remedio y damos rienda suelta a nuestra inagotable insatisfacción buscando rodearnos de aquello que al tenerlo, puede hacernos creer un poco más felices o un poco menos infelices según el caso.

Nosotros, los ávidos compradores de felicidad, hace tiempo que caímos en la trampa del tanto valgo porque tanto tengo, y eso es una decisión que tomamos cada vez que aparece en nuestra mente el “quiero eso o aquello”, y para conseguirlo desplegamos nuestras sutiles e insaciables estrategias, algunas propias de geniales ingenieros, otras de pobres impulsivos, y las mas, de nobles “borregos”.

El hipotálamo es el centro neurálgico del control de nuestras emociones, todo pasa por su implacable filtro, desde las emociones más primitivas (matar, copular, comer, robar, gozar…) hasta las más racionalizadas o sublimadas (crear, dotar, formar, adquirir…). En el hipotálamo se forman sustancias químicas que generan la rabia, la tristeza, la sensación amorosa, la satisfacción sexual, entre otros. Todo es pura homeostasis –equilibrio-; pues bien, todo lo que nos ofrecen viene diseñado para que sin saberlo, deje una huella en nuestro cerebro e iniciemos el proceso de saciar ese deseo. Lo que vende en realidad es el color, la forma, el sonido, el fondo, el ritmo de imágenes, el eslogan, el tipo de letras… todo, menos el objeto, nos seduce como a bobos, y babeamos por ello. ¡Vaya que si lo hacemos!

Somos monigotes, marionetas, y las multinacionales lo saben, hace mucho tiempo que lo saben y hace mucho tiempo que nos hacen bailar al son que más les gusta, el son del dinero cayendo en sus bolsillos; y ese es el pecado, no querer ser conscientes de lo que nos están haciendo, porque manda narices que nos vendan lo que no necesitamos y encima nos creamos si acaso un poco más felices… Es el incesto del consumo y el consumidor, la orgía de quien paga y quien recibe, la borrachera de quien da lo que tiene a cambio de una fugaz sensación que apenas dura el tiempo de habituarnos al enésimo capricho.

Regalar por regalar, ahí es donde estamos y donde llegamos de manera cíclica y previsiva. Abusan de nuestra necesidad al ser animales de costumbres, y claro, nos entregamos a la bacanal del plástico, del litio y del “estilo”. Esto no puede ser cultura sino incultura, y lo peor, mantenida en alza por nuestra absoluta falta de criterio y orquestada por la manipulación de lo que no vemos pero sí sentimos. Menudo lío.

Luis Aretio

5 comentarios sobre “La incultura del consumo… ¿De donde nos viene?”

      1. Totalmente de acuerdo. Me he visto en esas en las fechas próximas!!!! Reyes? Para mi hija de 18 meses??? Me parece absurdo, pero, para no quitar la.ilusión de. Los familiares le hemos escrito.Una carta con.todos los materiales didácticos q evolutivamente le corresponden y no tiene, para q.manipule y juegue….así los papas estamos.contentos y los familiares tb.
        No obstante, no es fácil, cada día me doy cuenta q corremos a ritmo de esta sociedad, lo queremos todo y ya, pretendemos pedirle a los Reyes juguetes para niñ@s de 18 meses que más bien le corresponden a los de 4 y 5, pq lo queremos todo ya y lo mejor. Cuando llegan a estas edades lo tienen todo tan trillado q ya no saben q hacer…..

        1. Trillados y aburridos. Es el festín del plástico más absurdo, de lo efímero contra lo duradero, y cada nuevo ciclo a cambiarlo todo por platico nuevo. No tiene sentido porque no tenemos criterio. Tener por tener es perder y nunca crecer. Eso, para quien lo quiera, yo no.

  1. No se como darle aquí al me gusta, Luis, pero bien sabes que te sigo desde todas mis cuentas y que para mi tus artículos son tesoros.
    Ya no los puedo aplicar con mi hijo, pero si en mi misma y para los nietos cuando lleguen.
    No SomoS marionetas si SomoS seres con criterio.
    Un abrazo

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