Las malas notas. Seamos justos, suspendamos todos.

Llegan las notas y como en cada evaluación llegan también las alegrías y las penas, la gloria o la derrota, y en algunos casos la indiferencia. No hay término medio, no hay paz para los suspensos. Llegan las notas y la desesperanza por no haber alcanzado los objetivos anuncia un futuro incierto de amenazas, de castigos, de academias de refuerzo y de vacaciones oscuras. Llegan las notas y parece que llegara el enemigo.

Si suspende un alumno suspendemos todos, aunque eso no esté tan claro. La responsabilidad es de quien fracasa y la soledad también. No es justo que la carga sea para quien soporta las carencias de un sistema educativo imperfecto y mal dotado. Seamos justos y suspendamos todos: familias, docentes, sistema educativo y alumnos. Todos a clase de refuerzo, todos a la repesca. Todos juntos para ofrecer ideas y que cada uno aporte lo que le corresponda, pero que sean soluciones, no reproches, y que sean definitivas, no más parches.

Las notas no están para etiquetar sino para destacar aquello que no hemos conseguido aprender, que no hemos podido enseñar o que no hemos sabido corregir. ¿Cuál es el plan de rescate? ¿Para quién debe ser el castigo?

Si un alumno suspende y no supera la nota mínima es porque algo no funciona, es porque no se siente bien y no termina de superar alguna dificultad que le molesta. Lo justo sería aunar esfuerzos para que la persona consiga motivarse y arropado por todos, culmine la no siempre fácil tarea de saber hacer bien las cosas. ¿O tú nunca te equivocas?

Ayudemos a cada persona a encontrar soluciones definitivas. Seamos justos ¡Toma nota!

No es magia, es educación.

Luis Aretio

4 comentarios sobre “Las malas notas. Seamos justos, suspendamos todos.”

  1. Es cierto que si un alumno supende hay algo que falla, y aunque no siempre tenga la responsabilidad total el alumno… Tampoco hay pasar por alto su grado de responsabilidad… Se está fomentando mucho eso de motivar al alumno, hacer que el alumno se sienta bien, que nada le moleste…. Y me parece bien porque en cierta manera, va en sintonía con esa atención a la diversidad tan importante y necesaria para cada alumno. Pero se está perdiendo el fomento de ley del esfuerzo, el alumno debe de tratar de superarse a sí mismo, y para ello debe de esforzarse. Y en ese intento de superarse a si mismo y en el deseo de la obtención de logros es donde el alumno debe de encontrar la motivación. A los alumnos no se les puede dar todo hecho, hay que hacerlos sentir responsables tanto de sus aciertos como de sus fracasos y si no entienden algo… debe de demandar al profesor sus necesidades para lograr sus objetivos y por supuesto, ahí el alumno debe de tener respuesta por parte del profesor. El alumno debe de sentir que el profesor quiere que el alumno apruebe, pero el alumno también tiene que querer y poner de su parte.

  2. De acuerdo totalmente ,los padres……normalmente culpamos….A los niños..nos gustaría que no suspendieran. Pero cuando llegan al Instituto la cosa cambia bastante …Esto debe ser un equipo ….profesores padres y niños ..Y que todo funcione bien….el ambiente tiene que ser ameno y la relación entre todos .

  3. Cada niño y joven es un mundo. La educación es un arte precioso. Los profesores estamos obligados a orientar a los chicos, siempre desde un optimismo activo. Cada alumno/a tiene unas dotes y los adultos debemos descubrirlas utilizando los métodos pedagógicos más acordé a ellos.
    No es una ciencia exacta la educación y su práctica resulta aún más difícil desarrollar con numerosos alumnos por aula.
    La tutoría contínuas con las familias, la colaboración con los tutores y compañeros, la enseñanza tradicional y en otros casos cooperativa, la formación contínua del profesorado, celo diario por acostumbrar a los chicos a estar en clase en disposición de aprovecharla, no enseñar en función de las notas y sí del aprendizaje, aunque el resultado sea ese.
    Es una tarea ardua pero tiene su compensación profesional y personal. Creer en los jóvenes, tanto padres como maestros, es el principio fundamental.

    Antonio Trujillo

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