Las normas y las formas.

No se puede hablar de educación sin su presencia o en su ausencia, pero tan importante como las normas son también las formas, porque sin nuestro ejemplo no hay movimiento, sin una buena referencia nuestra palabra se pierde en su esencia.  

Todos sabemos qué tenemos que hacer ante una situación determinada, pero muchas veces fallamos en el cómo; no es aplicar el manual, ese que todo el mundo busca y dice necesitar, es hacer de cada elemento, de cada herramienta conductual, o de cada actitud emocional, algo muy nuestro.

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Personalizar, adaptar, moldear, son conceptos que hemos de saber manejar con nuestros hijos y alumnos. Una norma debe ser flexible en su forma si no, todo corre el peligro de saltar por los aires y al final nadie podrá entender qué ha pasado; y en el caos del fracaso no se vislumbran los efectos de la responsabilidad.

No es un capricho, es una necesidad que si llega tarde, se puede convertir en un suplicio para todos, para padres e hijos, docentes y alumnos, sociedad y ciudadanos. La suma de las normas no es igual al todo, debemos comprender que son procesos individuales y sociales, y todo necesita su tiempo.

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