Me recuerdas a mi mismo, por eso te escribo.

Y serás como yo he sido, un poco grande y un poco pequeño. Sabrás que la vida es más vida desde que tú me hiciste padre, o madre… y cuando crezcas, tus aciertos serán míos, pero tus errores también; verás en ti defectos y virtudes, primero míos y luego tuyos. Tenemos un espejo que nos dibuja el alma en cada emoción, en cada manera, en cada ocasión, y tu reflejo es mi reflejo, mi mejor ejemplo, silueta de lo que un día serás.

Eres el deseo de mi mejor pasado; sin saberlo la vida nos acercaba a nuestro ineludible encuentro, y me dio la oportunidad de descubrir la calma con la que disfrutar de juegos inimaginados, simples, ingenuos, pero tan divertidos, que la risa desde entonces es más risa, como cuando haces que una toalla se convierta en capa, así, de la nada… casi sin magia.

Me recuerdas a mi, en tus gestos y en tu mirada, en tu forma de reírte de la vida, viéndola como si “el nunca y el todo” fueran más amables cada mañana. Se nos caen por los pasillos ideas buenas e ideas malas, nos rebosan los bolsillos de caricias y carcajadas. Eres lo que yo ya he sido, lo que soy y lo que ha de llegar, todavía aún desconocido. Te enfadas y me enfado, te transformas en hada o en pirata en un instante tan rápido, que a veces no se si hago de elfo o de carabela al viento con las velas hinchadas, qué más da, si lo que importa no es el guión de ninguna historia, sino el final feliz con el que siempre acaban.

Cuando no puedes con algo, me voy corriendo a tu lado, y me espero a que intentes sacar lo mejor de ti para resolver esos enigmas tan cotidianos y esos otros problemas a veces más complicados; y corrijo con todo mi cariño el rumbo de tus decisiones pensando en no molestar a tu formas, a tu tiempo, a tu propia maña. Y te enciendes como yo, como cuando algo nos encanta, y te desesperas como yo ante la duda más clara.

Tengo todo mi tiempo guardado para ti en una urna cerca del alma, nuevos tiempos soñados en sueños nunca olvidados; no todo será del color amable de la vida, te aviso, porque en el tiempo que nos espera, nos esperan también el dolor, la duda, la pena y el drama; porque vivir no es sólo esperar lo que sin esfuerzos se desea, vivir es también perseguir y aprender de nuestros errores cuando no todo es calma, y sentirte a veces solo, o sola, y sin ganas de nada. Pero tan necesarias son las zancadillas como las palmadas en la espalda, como las muchas o las pocas ganas, que a veces no sabemos vivir perdiendo el tiempo, ese tiempo tan cercano a la nada.

Me recuerdas a mí… y sin ti, yo ya no seria nada; solo sería el paso de un calendario cansado, un año tras otro… como si nada. No me imagino que algún día no estés en mi sonrisa o entrometida en mi media naranja.

Tu ilusión, tu inocencia, tu calma… son tuyas porque fueron mías, y hoy te escribo para decirte que te quiero desde siempre, por dar sentido a lo que fui, a lo que soy y a lo que el futuro nos prepara.

Me recuerdas a mí y me tienes aquí, escribiéndome en cada palabra.

A mi hija Julia.

9 comentarios sobre “Me recuerdas a mi mismo, por eso te escribo.”

    1. Gracias por tus palabras y por emocionarte con las mías. Expresar emociones de este calibre no es fácil, pero hay veces que los “hados” se confabulan y nos regalan estas caricias dibujadas con letras. Un abrazo con lazo.

  1. He gastado el paquete de clinex que me advertiste pusiera a mi lado.
    Sencillamente,maravillosa carta dedicada no solo a Julia sino a todos los niños amados con el alma.
    Me identifico con tus palabras aunque yo nunca hubiera sabido expresarlo tan bien.Por ello,gracias..
    Un abrazo amigo.Me encanta reencontrarte de nuevo.

    1. No es fácil hablar de los sentimientos del alma, pero cuando se dicta con el corazón parece que todo cobra una sentido especial que va mucho más allá de cualquier forma de razón o expresión. La “culpa” es de nuestros hijos… que nos demuestran cada día qué es realmente importante. Gracias por esos pañuelos cargados de emociones. El sentimiento del reencuentro es mutuo. Un abrazo grande, alto y ancho.

  2. Es una caricia para las emociones todo lo relacionado a los hijos, cómo siendo ese pedazo de nuestra vida, pasa a ser toda nuestra existencia.
    Toda, actual…pasada y futura ya que son desde y para siempre
    El mejor regalo.. la más grande responsabilidad, el esfuerzo constante.. la alerta continua. El vértigo y la calma, las noches sin sueño llenas de sueños.
    El acto sin precio pero con un gran coste: hacer que ellos sean ellos.. Su esencia, fomentar su vida dando valores y premisas
    Fácil? ni por asomo
    Pero…¿quién se lo puede perder?
    Felicidades Luis y Julia and familia

    1. Es tanto lo que nos dan, que no entiendo a veces, y hablo como padre no como profesional, ese vivir la educación como algo difícil. Nada es un camino de rosas, la educación de nuestros hijos tampoco está exenta, pero no podemos perder la calma y perseguirnos por la vida con el simple reproche, me resulta hasta vulgar. Yo no puedo ni quiero perder esta maravillosa experiencia de ver y disfrutar cómo lo mejor y lo peor de cada uno de nosotros crece y aprende, porque crecer es aprender para avanzar… siempre.
      ¡Gracias Blanca, gracias Mamá!

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