A niños estresados… adolescentes desorientados.

Vivir el estrés no es lo mismo que estar estresado. Igual que los objetos se estresan simplemente de ser usados, las personas también, es decir, el hecho de estar vivos ya nos genera estrés. Nacemos y ya lloramos para pedir las cosas; sentimos estrés para comer, para sabernos protegidos, para dormir; estrés en el baño y en la cocina, estrés en la guarde y en el parque. No, no estamos solos, además si lo estuviésemos tendríamos el estrés añadido de sentirnos solos… un lío.

Un exceso de estrés en la infancia nos puede pasar factura desde la adolescencia... hasta la madurez.

Nuestra sociedad nos arrastra y con ella a nuestros hijos; somos el penúltimo intento de vivir en lo imposible; todo el tiempo corriendo sin más tregua que la fantasía de que algún día disfrutaremos de todo este sacrificio; pero igual que no todos los salmones remontan el río, no todos las personas encuentran su sitio. Y nos estamos acomodando peligrosamente a vivir con demasiado estrés; la noticias que nos venden no ayudan, molestan, nos oprimen y hunden en el reino del miedo, es decir, más estrés. 

Por eso los niños demasiado estresados serán adolescentes desorientados, porque les enseñamos a hacer lo que creemos que tienen que hacer olvidando lo que realmente necesitan. Somos unos ilusos al creer que dotando a un niño de muchos recursos garantizamos al adulto futuro, más bien todo lo contrario. La base de todo adolescente es y será su infancia, y no tenemos derecho a hacer lo que estamos haciendo en demasiados casos donde luego son los adolescentes quienes terminan etiquetados. Así no.

La mala calidad del descanso de nuestros hijos les molesta no sólo en el rendimiento; les deja sin aliento para el resto del día: colegio, comida, extraescolares, competiciones, merienda, deberes, cena, móvil, tablet, televisión… Enhorabuena, hemos culminado el proceso de joder a nuestros hijos para toda la vida. Es absurdo que en algún momento nos hayamos creído que esto es bueno para nuestros hijos. Así están las consultas de algunos psicólogos, poniendo tiritas donde no hay heridas.

Los niños necesitan parque. Nuestros hijos necesitan tiempo libre, del bueno, de aburrirse; tiempo de “no sé qué hacer por más que lo intento”. Hemos vaciado los parques infantiles y ahora son recintos donde llevar a los más pequeños mientras alcanzan la edad del “extraescolarizamiento”. “-Corre, aprovecha, que cuando cumplas tres años la vida se vuelve un infierno con mil cosas por hacer y otras tantas por aprender”. No, no tenemos remedio y lo peor… no tenemos criterio.

He visto llorar a niños en mi consulta simplemente por no poder dejar de hacer lo que sus padres esperan de ellos; con lágrimas a borbotones y gimiendo me confiesan “es que no quiero enfadar a mis padres, ellos me dicen que haga lo que yo quiera, pero sé que esperan que yo termine… ” lo que sea, da igual. El miedo al rechazo o al simple deterioro de la relación de afecto con la sospecha de que si no cumplo con sus expectativas es que no soy buen hijo o una buena hija… es en sí una aberración, es un secuestro sin rescate ni final.

Cuando pienses en el futuro de tus hijos no pienses tanto en ti y piensa más en ellos, porque no es más feliz quien crece más preparado sino quien más ha disfrutado.

No es magia, es educación.

Luis Aretio.

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