No me quieras tanto… ¡quiéreme mejor! I 

Quizás pueda afirmar que soy uno de los psicólogos infantiles que menos niños atiende en la consulta; quizás sea uno de tantos profesionales que hemos llegado a la conclusión de que si los niños presentan dificultades conductuales, de hábitos sanos, de relación, emocionales e incluso de rendimiento…la responsabilidad no es de ellos, sino de los adultos que están en su entorno más inmediato, entiéndase padres, madres y/o docentes.

A la pregunta del millón: “¿cuándo tiene que venir mi hijo/a a la consulta?” La respuesta-reflexión… “posiblemente nunca”.

Si, es más una reflexión que una imposición, pero que al final cae por su propio peso. Si los padres cambiamos nuestros hijos cambian. Si los padres mostramos patrones de comportamientos flexibles y adaptables, nuestros hijos también. Si los padres sabemos dónde, cuándo y cómo hay que intervenir, nuestros hijos se verán muy beneficiados, y como resultado, las cosas se harán de forma diferente y sobre todo de manera satisfactoria.

No se debe “querer” tanto si no sabemos cuánto daño puede llegar a hacer ese exceso de amor. Dar sin pedir nada a cambio no es querer, roza el “maltrato” educacional, roza la negligencia parental, pues la vida no es ni será nada parecido, ¿o a ti te han regalado lo que eres y/o lo que tienes?, quien más o quien menos hemos tenido que aceptar muchas frustraciones de todo tipo para llegar hasta aquí.

Lo dicho: no es querer mucho…es querer mejor. Piénsalo, siéntelo.

Continuará…

 

 

 

 

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