No me quieras tanto… ¡quiéreme mejor! II  

El síndrome del “niño Jesús”.

Así es como llamo, con todos mis respetos por el símil, al conjunto de niños que son adorados, adulados, loados, elevados casi a los altares, en sus primeros años de vida.

¿Qué pasará por la cabeza de un bebé que percibe día tras día que él es el centro del universo? ¿Cómo se sentirá ante tanta atención y tanto abrumador deseo? ¿Se creerá realmente lo que su entorno le propone? Y lo que es más mundano… ¿Le pasará factura?

Nuestros hijos son muy importantes, eso ni se discute, pero no debemos hacerles creer que lo son todo, o que son lo único importante, pues entonces se lo creerán, y no será por su culpa, sino por nuestro desmedido amor.

Debemos hacerles crecer como un miembro más de la familia, con sus prioridades y atenciones, pero si nos “pasamos”, al final serán ellos quienes arrastren ese sobrepeso, pues la vida no es ni será tan aduladora en todo momento, más bien desafiante, agresiva incluso.

No es querer mucho, sino querer bien.

 

 

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