No prometas amor eterno… promete respeto.

Atrévete a querer a alguien cuando hayas aprendido a quererte tú; atrévete a levantar la voz en nombre de un merecido sentimiento. Tú, ejemplo de cuanto pretendes para ti y que debes sabes ofrecer. Tú, estado y resultado de la presencia de todo el cariño que la vida te ha regalado, sal al encuentro de ti mismo y vive como si todo y nada fuera contigo.

“Amar no es un compromiso, amar es saber respetar más allá de uno mismo”.

Amar es encontrar respuesta a la vida, es alcanzar tu propio equilibrio donde luego dar cabida a otros, donde el deseo de ser tú mismo concede sentido a todo lo demás, es dar nombre a quienes te rodean con su forma de entender las cosas y permitir que nadie piense como tú sin que eso signifique dejar de sentir contigo.

Una vez amé, y me llamaron loco, y todo por dejar de pretender ser el primero para querer llegar a ser el último. Una vez amé, y lo hice sin remedio, sin miedo y sin aparente criterio. Amar por amar.

Sentirnos amados no es lo mismo que sentirnos queridos.

Para lo primero hace falta saber, en cambio para lo segundo parece que sólo hace falta estar vivos. Se quiere a un objeto porque nos puede resultar atractivo, necesario o porque nos sabemos seducidos, pero ese sentimiento estará siempre vinculado a una relación de interés más o menos productivo. Lo que se quiere caduca o se deteriora, lo que se ama no, lo que se ama perdura. Cuando amamos damos lo que tenemos y lo que somos, sin mirar, como el amor, a ciegas.

La razón nos hace querer pero el amor nos hace creer.

Queremos por una inercia química que no tiene misterio, somos receptores nerviosos en una epidermis en busca de cariño que cuando es rozada nos convencen de lo mucho que nos ofrecen, pero que luego, si se convierte en un lío, se sabe sacudir tan pronto molesta o no renta por algún motivo.

Querer es de humanos, pero amar es de héroes.

Resulta cada día más fácil que nos hagan creer queridos. Las pantallas ahora son táctiles y suaves y lo real puede ser fingido. Mentimos sin que nos miren a los ojos, sin la prueba definitiva de quién o cómo es cada uno. Amar es algo tan diferente, que se sabe por no necesitar forma, contenido y a veces ni sentido.

Cuando se ama no se duda, todo lo contrario, se conjuran emociones y sensaciones hasta llegar a la locura, esa locura maravillosa que nos hace sentir que la vida se parece cada vez más a lo que nos habían prometido. Amar es… la mayor versión de uno mismo.

“Sólo quiero estar contigo, sólo eso. Sólo quiero amarte, sin condiciones, sin exigencias, y no te preocupes, que yo no te pido lo mismo”.

No es magia, es educación.

Luis Aretio.

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