¡El drama de las diferencias en la pareja!

Las diferencias son posiblemente lo que más dificultades aportan a la mayoría de las relaciones de pareja. Tenemos cierta tendencia a querer que nuestra pareja cambie y acepte nuestro punto de vista sobre cómo debería ser la rutina, sobre cómo deberíamos entender las prioridades de tiempo, de atenciones, de cuidados, de higiene, de preocupaciones, etc.

Es complicado que esas diferencias desaparezcan, somos diferentes y no podemos pensar ni actuar de igual modo ante una misma situación. Lo malo no es ser diferentes, lo malo es convertirlo en un drama que tan solo cronifica la tensión que sufren ambos miembros de la pareja.

Parte de la solución está en empezar por aceptar y respetar desde ambas posturas lo diferentes que somos, y querernos como somos, no como no somos; a partir de ahí se deben negociar “términos medios” donde empezar a construir una buena base para una convivencia real, con sus días malos pero también con sus días buenos, con sus enfados y reconciliaciones, con sus luces y sus sombras, sino, no sería real.

La terapia de pareja ayuda a interpretar esas diferencias como un beneficio, como un aspecto que enriquece a cada individuo y a la pareja que forma, convirtiendo lo que era un drama en algo más amable y sobre todo en algo más real.

 

 

¡Te cuento hasta tres!

Nada, y si quieres puedes ampliarlo contando hasta diez, pero así no hay forma de educar. Mientras se nos descompone la cara, se nos tensa el cuerpo, la garganta se agita, lo ojos pierden su órbita normal y la voz suena como si estuviésemos pidiendo un taxi en medio de una gran avenida…mientras todo eso ocurre, muchos de nuestros hijos ni se inmutan, sencillamente les da igual nuestra afición por contar.

¿Y si terminas la cuenta y efectivamente no hace lo que le pides? Entonces puedes elegir entre: amenazas, improperios, faltas de respeto, zarandeos variados o un regio sopapo por no haberte obedecido…pero aquí pasa como con las notas ¿Suspende el alumno o el maestro? ¿Lo hacen mal nuestros hijos o somos nosotros? ¿Quién se merece qué? No es fácil, pero todos nos merecemos una oportunidad, unos la oportunidad de enseñar mejor para que otros tengan la oportunidad de aprender adecuadamente.

Y no, no se trata de contar, sino de acertar en qué momento le pedimos a nuestros hijos que hagan las cosas; a veces nos creemos que en lugar de niños tenemos máquinas de obedecer, y no hay cosa que nos guste más a las personas que ignorar las normas, porque si, tampoco necesitamos grandes excusas, simplemente es un placer que tiene que ver con la auto afirmación de las personas, somos así.

 

 

¿Por qué huimos de nuestras emociones negativas?

O dicho de otra forma ¿por qué no sabemos aceptar los momentos difíciles?

Estamos educados para que las cosas vayan bien, no para tener que afrontar adversidades; de hecho las consultas de los psicólogos están llenas de personas que no saben cómo afrontar algunos momentos difíciles que, a todos, bajo diferentes circunstancias, nos toca vivir; pero no, no queremos sufrir, e igual que para cada dolor físico existe una pastilla correspondiente, para cada malestar vital queremos una varita resplandeciente, y no, no es así como se superan las dificultades. Lo sentimos.

Vivir significa ganar y perder, ambas áreas son esenciales, es más, aprendemos más de una crisis que de un período de bienestar, pero a las primeras emociones negativas ya queremos eliminar ese malestar que nos inquieta. ¿Por qué? Tras una ruptura, una muerte esperada o traumática, una mala experiencia, una desengaño, una decepción, o lo que nos “toque”, tras todo esto, no puede haber otra cosa que dolor, aflicción, pesadez, pérdida de interés, melancolía, malas noches, etc. Es normal, es lo que toca, pero no, no queremos vivir con la parte difícil de la vida, solo queremos que pinten copas y oros, nadie quiere los bastos ni las espadas.

No se trata de recrearnos en el malestar, sino de “cultivar” la capacidad de aceptación personal sin confundirla con sumisión, pues aceptar que puedes no estar bien no implica que no hagas nada por cambiar, todo lo contrario, si das el primer paso, podrás empezar a caminar.

Moraleja, si te sientes mal no corras, no huyas, sólo acabarás más cansado.

 

¡EDUCACIÓN INTEGRAL YA!

LA EDUCACIÓN INTEGRAL ES IMPRESCINDIBLE

Constantemente escuchamos hablar de educar en valores, de la educación para una sexualidad responsable, de la educación para la prevención de las drogodependencias, para erradicar el acoso escolar o alertar sobre los riesgos del mal uso y el tiempo inadecuado dedicado a Internet por parte de los niños, o con cualquier otro objetivo, ya sea para evitar conductas negativas, o como instrumento divulgativo de actitudes beneficiosas. Se utiliza el término educación como si se tratase de la gran panacea. Así que educamos y educamos para esto y para lo otro, y vamos ampliando el campo de competencias del concepto educación a un número cada vez mayor de parcelas concretas de la vida.

Para cada una de estas parcelas diseñamos unos límites e intentamos diseccionarlas y darles solución desde una perspectiva pedagógica magistral; con cada nuevo problema, o la reaparición periódica a través de los medios de algunos que ya son crónicos, la sociedad se vuelca con innumerables campañas que lo que pretenden es justificar que algo se está haciendo, aunque los resultados no nos den motivo para ser optimistas, en lugar de ir a la raíz del asunto, coger el toro por los cuernos.

Porque a pesar de todo este tipo de actuaciones supuestamente educativas, el fracaso escolar, el comienzo en el consumo de drogas y alcohol de los jóvenes a edades cada vez más tempranas, el acoso a través de las redes sociales, los embarazos no deseados, las denuncias entre padres e hijos, la violencia doméstica…, siguen mostrando cifras alarmantes de progreso. Es evidente que todas esas campañas, todas esas actuaciones, no han obtenido el éxito esperado porque sólo se enfocan hacia los síntomas y sólo van destinadas a paliarlos, ignorando así el origen de los problemas que pretenden resolver; porque convertir la educación en herramienta de promoción de la información es inútil.

Asistimos a una constante petición de reformas en el sistema educativo, de innovación o reinvención de los centros; estamos reivindicando potenciar el desarrollo del talento y la creatividad. Pero deberíamos comenzar a construir desde la base, no desde el tejado. Existen los alumnos geniales, creativos y emprendedores, por supuesto, aunque todos pueden llegar a serlo. Pero lo más importante, lo que está por encima de sus dotes, es la personalidad de cada uno de ellos individualmente contemplada, la persona que hay detrás de cada alumno. Y eso, desgraciadamente, parece importarnos menos.

Deberíamos cambiar esas voces disruptivas de reformas radicales por susurros más humildes. Eduquemos en el respeto de las personas hacia sí mismas y hacia los demás, hagamos campañas donde lo importante sea la formación de ciudadanos con criterio propio, con capacidad para discernir entre las necesidades reales de las inventadas. Dediquémonos a transformar lo más cercano, eduquemos casa por casa, escuela por escuela y, cuando sepamos respetar, dotemos a las personas del resto de las herramientas necesarias para su cualificación y desarrollo profesional o vocacional.

Por lo tanto, la educación integral es fundamental. Con su puesta en práctica evitaríamos el sinfín de manuales para cada nueva necesidad, tantas páginas Web específicas, la inseguridad de los profesionales obligados a saber hacer de todo y siempre en el punto de mira como responsables directos o indirectos del caos académico, cuando su labor es enseñar, ayudar a que nuestros hijos aprendan, y colaborar con las familias para encauzar y desarrollar las habilidades propias de cada uno.

Desde Autoescuela para padres pretendemos ayudar a conseguir familias más y mejor formadas, y colaboramos con ellas a lograrlo desde la realidad individual de cada una.

Queremos que los recursos públicos educativos se utilicen para fomentar la cualificación, la formación y preparación de las familias.

Proponemos un cambio a toda la sociedad reformulando el objetivo de los recursos que se utilizan en las campañas para dedicarlos al estudio y resolución de los problemas desde la propia raíz, en lugar de persistir en el inútil empeño de emplearlos para paliar temporalmente los síntomas.

Luis Aretio.

Director de Autoescuela para Padres.

 

Las normas y las formas.

No se puede hablar de educación sin su presencia o en su ausencia, pero tan importante como las normas son también las formas, porque sin nuestro ejemplo no hay movimiento, sin una buena referencia nuestra palabra se pierde en su esencia.

Todos sabemos qué tenemos que hacer ante una situación determinada, pero muchas veces fallamos en el cómo; no es aplicar el manual, ese que todo el mundo busca y dice necesitar, es hacer de cada elemento, de cada herramienta conductual, o de cada actitud emocional, algo muy nuestro.

Personalizar, adaptar, moldear, son conceptos que hemos de saber manejar con nuestros hijos y alumnos. Una norma debe ser flexible en su forma si no, todo corre el peligro de saltar por los aires y al final nadie podrá entender qué ha pasado; y en el caos del fracaso no se vislumbran los efectos de la responsabilidad.

No es un capricho, es una necesidad que si llega tarde, se puede convertir en un suplicio para todos, para padres e hijos, docentes y alumnos, sociedad y ciudadanos. La suma de las normas no es igual al todo, debemos comprender que son procesos individuales y sociales, y todo necesita su tiempo.

 

Las normas y las formas.

No se puede hablar de educación sin su presencia o en su ausencia, pero tan importante como las normas son también las formas, porque sin nuestro ejemplo no hay movimiento, sin una buena referencia nuestra palabra se pierde en su esencia.   Continúa leyendo Las normas y las formas.

Los “Vecinos de Cabecera”.

Todos tenemos una o un vecino de “cabecera”, o casi todos; pues bien, tened mucho cuidado con esta especie, tienen la costumbre de asaltar a sus víctimas en los descansillos, ascensores y zonas comunes. Tienen cara de “buena gente”, su insignia es la disponibilidad permanente, siempre tienen tiempo para interesarse por tu estado y/o por el de tu familia,…muy despacio, se acercan, manejan la conversación sigilosamente… y ¡zas! se abalanzan sobre ti sin piedad dándote consejos, recetas caseras, y si te descuidas, te cuentan varias anécdotas vividas en primera persona o en la alguno de sus muchos familiares, incluyendo a familiares de familiares.

Muy importante, no les ofendas con un rechazo, si se sienten agredidos pueden llegar a contarte alguna operación a vida o muerte empleando términos profesionales tan técnicos, que ni un médico cirujano podría descifrar. Simplemente sonríe y da las gracias, di que tratarás de llevar a cabo sus buenos consejos, y corre, se ágil, invéntate una excusa con la que poder ir ganando distancia; hasta el tercer o cuarto “gracias” no suelen parar… ¡no saben parar!

Remedios contra todo tipo de síntomas, ejemplos prácticos para todo tipo de casos, modelos a seguir sobre cómo afrontar los avatares la vida; da igual que tus hijos tengan sólo meses, también saben de “pediatría popular”… Gracias por todo, de verdad, pero que lo que a unos les funciona a otros nos puede matar, y más sabe el Médico de Cabecera, que muchos expertos en intromisiones o “Vecinos de Cabecera”.

Moraleja: quien de todo sabe de nada entiende.

No me quieras tanto… ¡quiéreme mejor! II  

El síndrome del “niño Jesús”.

Así es como llamo, con todos mis respetos por el símil, al conjunto de niños que son adorados, adulados, loados, elevados casi a los altares, en sus primeros años de vida.

¿Qué pasará por la cabeza de un bebé que percibe día tras día que él es el centro del universo? ¿Cómo se sentirá ante tanta atención y tanto abrumador deseo? ¿Se creerá realmente lo que su entorno le propone? Y lo que es más mundano… ¿Le pasará factura?

Nuestros hijos son muy importantes, eso ni se discute, pero no debemos hacerles creer que lo son todo, o que son lo único importante, pues entonces se lo creerán, y no será por su culpa, sino por nuestro desmedido amor.

Debemos hacerles crecer como un miembro más de la familia, con sus prioridades y atenciones, pero si nos “pasamos”, al final serán ellos quienes arrastren ese sobrepeso, pues la vida no es ni será tan aduladora en todo momento, más bien desafiante, agresiva incluso.

No es querer mucho, sino querer bien.

 

 

Educar el criterio propio.

Pensar es sinónimo de conciencia e identidad, y para pensar no hay nada como aprender a cuestionar. Somos los padres quienes debemos mostrar interés por sus opiniones, ampliando con reflexiones propias o aportando cuestionamientos lógicos; se trata de despertar el interés por lanzar hipótesis sobre los acontecimientos, abrir un abanico de preguntas para cada cuestión…

La conciencia crítica la adquiere cada individuo a partir de las experiencias de aprendizaje que proponemos primero los padres y luego el resto de los agentes socializadores. Nuestros valores, nuestras formas, todo lo que hemos ido mediando a través de nuestro ejemplo en nuestros hijos, emergerán tarde o temprano pues son la base sobre la que construyen su identidad.

Nuestro ejemplo es el mejor criterio que podemos ofrecer a nuestros hijos; si nos escuchan opinar, reflexionar o debatir de manera constructiva, les estamos proponiendo una manera de abordar las diferencias, de sacar el máximo partido de nuestra capacidad de observación, de luchar por nuestros principios, de educar antes de dejarlo en manos ajenas.

Potenciar el pensamiento propio, la creatividad a la hora de buscar diferentes alternativas y de todas elegir la más adecuada, volver a revisar las decisiones, aprender a no seguir las modas porque simplemente los demás lo hacen; enseñarles a defender sus opiniones aunque no coincidan con otras, pero respetándolas, ofrecerles oportunidades para aprender de los errores…

Mejor que piensen por si mismos antes de que “los demás” les quieran hacer pensar en función de sus intereses.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

Educar el criterio propio.

Pensar es sinónimo de conciencia e identidad, y para pensar no hay nada como aprender a cuestionar. Somos los padres quienes debemos mostrar interés por sus opiniones, ampliando con reflexiones propias o aportando cuestionamientos lógicos; se trata de despertar el interés por lanzar hipótesis sobre los acontecimientos, abrir un abanico de preguntas para cada cuestión… Continúa leyendo Educar el criterio propio.