La obesidad digital o el atracón de nuevas tecnologías.

Si ya tenemos un grave problema con la obesidad infantil en este hemisferio norte, ahora tenemos un nuevo invitado, el sobrepeso digital: “nos damos auténticos atracones de nuevas tecnologías sin medida ni control, vivimos en la era de la sobre información, de las relaciones 3.0 a discreción.    Continúa leyendo La obesidad digital o el atracón de nuevas tecnologías.

Para ser MADRE.

Para ser MADRE además de mucho amor hay que echarle mucho humor; sólo con la oxitocina no es suficiente, ni tan siquiera con una pareja modélica al lado, no, una MADRE soporta lo insoportable, sufre lo insufrible y alcanza el mayor de los éxtasis con el más mínimo detalle. Si los hombres hubiésemos tenido que parir, la humanidad se habría extinguido tras el primer dolor de contracción, seguro.

Una MADRE llora porque le da la pena o porque le da la gana, y sus lágrimas las guarda en lo más profundo de su corazón como quien hace una colección secreta de inimaginables emociones, una a una, cuidando de no olvidar la que le hizo feliz ni la que le hizo sufrir. Las quiere a todas. Suspira cuando puede, no cuando quiere, pues su agenda es la agenda interminable, con tareas imposible de entender si no eres MADRE.

Para ser MADRE no basta con parir, no, conozco a muchas que MADRES de adopción que dibujan a sus hijos en su alma con sus manos, con sus caricias deseos y cuidados, y aunque no han dado a luz, brillan con la misma intensidad que mil MADRES parturientas. No presumen del parto, no lo necesitan, presumen del tamaño infinito de su corazón, presumen más por lo hecho que por dar el pecho.

Para ser MADRE, no hace falta tener un hombre al lado; sé de MADRES fecundadas desde el amor por tener un hijo, desde la ininteligible soledad de la incomprensión de algunos necios. El amor de MADRE no tiene dueño, el amor de MADRE es un sueño del que nunca se puede ni se quiere despertar, es un estado que sólo una mujer puede llegar a entender, pues no hay varón que alcance a esa razón.

Humor, amor, paciencia, cariño, tolerancia, quietud, templanza, dulzura, constancia, tragaderas, espaldas anchas, brazos eternos, y un alma que no tiene calma, que no descansa hasta ver a sus hijos resguardados de toda imposible amenaza…”arrópate el alma cariño, que me vas a coger frío”.

No es magia,  es educación.

Luis Aretio

 

Mi Primera Confusión. La Comunión es otra cosa.

Pronto arranca el mes de las “primeras confusiones”, si, tal cual, y no lo digo precisamente porque se crea o se deje de creer en lo que se está haciendo. Recibir la comunión es un acto de fe, una forma de afrontar la vida espiritual, familiar y social. Una decisión basada en una creencia religiosa, una actitud ante los demás.

Confusión es lo que experimentan los niños cuando de todo, lo más importante es la amalgama de regalos que pueden llegar a recibir y el esfuerzo, en la mayoría de los casos, que supone para las familias semejante despliegue de medios para celebrar un acto tan humilde como el que realmente representa.

Se nos ha ido la mano un poco. “Los bautizos se han convertido en comuniones, las comuniones en bodas y las bodas, en la entrega de los Oscar…”.

Es la confusión de la prioridad por satisfacer las necesidades más materiales; el regalo por el regalo o el sobre con dinero, la abundancia y la ostentación. ¿Aportan algo? Si queremos que nuestros hijos sean felices, ¿de verdad que este es el camino adecuado? Celebramos la fe en la iglesia como el que celebra que ha llegado la feria de su pueblo, pero con un poco más de glamour, si procede, claro.

Rescatemos el sentido común pues creo que casi todo, en una medida justa, es razonable y necesario. Los cumpleaños generan una montaña de plástico y papel difícil de digerir, sobre todo por el impacto negativo que genera en nuestros hijos la creencia de que crecer es igual a acaparar cosas que apenas tienen tiempo para disfrutar y que saturan las estanterías de nuestras casas.

Hay familias que celebran un evento especial (viaje, fiesta, etc.) con sus hijos para que también tengan una fiesta como la de sus amigos que sí han hecho la comunión, para que no se sientan mal…y es tan respetable como todo lo demás, pero:

¿La necesidad es de nuestros hijos, o es nuestra?

No es magia, es educación.

Luis Aretio

¡El drama de las diferencias en la pareja!

Las diferencias son posiblemente lo que más dificultades aportan a la mayoría de las relaciones de pareja. Tenemos cierta tendencia a querer que nuestra pareja cambie y acepte nuestro punto de vista sobre cómo debería ser la rutina, sobre cómo deberíamos entender las prioridades de tiempo, de atenciones, de cuidados, de higiene, de preocupaciones, etc. Continúa leyendo ¡El drama de las diferencias en la pareja!

¡El drama de las diferencias en la pareja!

Las diferencias son posiblemente lo que más dificultades aportan a la mayoría de las relaciones de pareja. Tenemos cierta tendencia a querer que nuestra pareja cambie y acepte nuestro punto de vista sobre cómo debería ser la rutina, sobre cómo deberíamos entender las prioridades de tiempo, de atenciones, de cuidados, de higiene, de preocupaciones, etc.

Es complicado que esas diferencias desaparezcan, somos diferentes y no podemos pensar ni actuar de igual modo ante una misma situación. Lo malo no es ser diferentes, lo malo es convertirlo en un drama que tan solo cronifica la tensión que sufren ambos miembros de la pareja.

Parte de la solución está en empezar por aceptar y respetar desde ambas posturas lo diferentes que somos, y querernos como somos, no como no somos; a partir de ahí se deben negociar “términos medios” donde empezar a construir una buena base para una convivencia real, con sus días malos pero también con sus días buenos, con sus enfados y reconciliaciones, con sus luces y sus sombras, sino, no sería real.

La terapia de pareja ayuda a interpretar esas diferencias como un beneficio, como un aspecto que enriquece a cada individuo y a la pareja que forma, convirtiendo lo que era un drama en algo más amable y sobre todo en algo más real.

 

 

¡Te cuento hasta tres!

Nada, y si quieres puedes ampliarlo contando hasta diez, pero así no hay forma de educar. Mientras se nos descompone la cara, se nos tensa el cuerpo, la garganta se agita, lo ojos pierden su órbita normal y la voz suena como si estuviésemos pidiendo un taxi en medio de una gran avenida…mientras todo eso ocurre, muchos de nuestros hijos ni se inmutan, sencillamente les da igual nuestra afición por contar.

¿Y si terminas la cuenta y efectivamente no hace lo que le pides? Entonces puedes elegir entre: amenazas, improperios, faltas de respeto, zarandeos variados o un regio sopapo por no haberte obedecido…pero aquí pasa como con las notas ¿Suspende el alumno o el maestro? ¿Lo hacen mal nuestros hijos o somos nosotros? ¿Quién se merece qué? No es fácil, pero todos nos merecemos una oportunidad, unos la oportunidad de enseñar mejor para que otros tengan la oportunidad de aprender adecuadamente.

Y no, no se trata de contar, sino de acertar en qué momento le pedimos a nuestros hijos que hagan las cosas; a veces nos creemos que en lugar de niños tenemos máquinas de obedecer, y no hay cosa que nos guste más a las personas que ignorar las normas, porque si, tampoco necesitamos grandes excusas, simplemente es un placer que tiene que ver con la auto afirmación de las personas, somos así.

 

 

¿Por qué huimos de nuestras emociones negativas?

O dicho de otra forma ¿por qué no sabemos aceptar los momentos difíciles?

Estamos educados para que las cosas vayan bien, no para tener que afrontar adversidades; de hecho las consultas de los psicólogos están llenas de personas que no saben cómo afrontar algunos momentos difíciles que, a todos, bajo diferentes circunstancias, nos toca vivir; pero no, no queremos sufrir, e igual que para cada dolor físico existe una pastilla correspondiente, para cada malestar vital queremos una varita resplandeciente, y no, no es así como se superan las dificultades. Lo sentimos.

Vivir significa ganar y perder, ambas áreas son esenciales, es más, aprendemos más de una crisis que de un período de bienestar, pero a las primeras emociones negativas ya queremos eliminar ese malestar que nos inquieta. ¿Por qué? Tras una ruptura, una muerte esperada o traumática, una mala experiencia, una desengaño, una decepción, o lo que nos “toque”, tras todo esto, no puede haber otra cosa que dolor, aflicción, pesadez, pérdida de interés, melancolía, malas noches, etc. Es normal, es lo que toca, pero no, no queremos vivir con la parte difícil de la vida, solo queremos que pinten copas y oros, nadie quiere los bastos ni las espadas.

No se trata de recrearnos en el malestar, sino de “cultivar” la capacidad de aceptación personal sin confundirla con sumisión, pues aceptar que puedes no estar bien no implica que no hagas nada por cambiar, todo lo contrario, si das el primer paso, podrás empezar a caminar.

Moraleja, si te sientes mal no corras, no huyas, sólo acabarás más cansado.

 

¡EDUCACIÓN INTEGRAL YA!

LA EDUCACIÓN INTEGRAL ES IMPRESCINDIBLE

Constantemente escuchamos hablar de educar en valores, de la educación para una sexualidad responsable, de la educación para la prevención de las drogodependencias, para erradicar el acoso escolar o alertar sobre los riesgos del mal uso y el tiempo inadecuado dedicado a Internet por parte de los niños, o con cualquier otro objetivo, ya sea para evitar conductas negativas, o como instrumento divulgativo de actitudes beneficiosas. Se utiliza el término educación como si se tratase de la gran panacea. Así que educamos y educamos para esto y para lo otro, y vamos ampliando el campo de competencias del concepto educación a un número cada vez mayor de parcelas concretas de la vida.

Para cada una de estas parcelas diseñamos unos límites e intentamos diseccionarlas y darles solución desde una perspectiva pedagógica magistral; con cada nuevo problema, o la reaparición periódica a través de los medios de algunos que ya son crónicos, la sociedad se vuelca con innumerables campañas que lo que pretenden es justificar que algo se está haciendo, aunque los resultados no nos den motivo para ser optimistas, en lugar de ir a la raíz del asunto, coger el toro por los cuernos.

Porque a pesar de todo este tipo de actuaciones supuestamente educativas, el fracaso escolar, el comienzo en el consumo de drogas y alcohol de los jóvenes a edades cada vez más tempranas, el acoso a través de las redes sociales, los embarazos no deseados, las denuncias entre padres e hijos, la violencia doméstica…, siguen mostrando cifras alarmantes de progreso. Es evidente que todas esas campañas, todas esas actuaciones, no han obtenido el éxito esperado porque sólo se enfocan hacia los síntomas y sólo van destinadas a paliarlos, ignorando así el origen de los problemas que pretenden resolver; porque convertir la educación en herramienta de promoción de la información es inútil.

Asistimos a una constante petición de reformas en el sistema educativo, de innovación o reinvención de los centros; estamos reivindicando potenciar el desarrollo del talento y la creatividad. Pero deberíamos comenzar a construir desde la base, no desde el tejado. Existen los alumnos geniales, creativos y emprendedores, por supuesto, aunque todos pueden llegar a serlo. Pero lo más importante, lo que está por encima de sus dotes, es la personalidad de cada uno de ellos individualmente contemplada, la persona que hay detrás de cada alumno. Y eso, desgraciadamente, parece importarnos menos.

Deberíamos cambiar esas voces disruptivas de reformas radicales por susurros más humildes. Eduquemos en el respeto de las personas hacia sí mismas y hacia los demás, hagamos campañas donde lo importante sea la formación de ciudadanos con criterio propio, con capacidad para discernir entre las necesidades reales de las inventadas. Dediquémonos a transformar lo más cercano, eduquemos casa por casa, escuela por escuela y, cuando sepamos respetar, dotemos a las personas del resto de las herramientas necesarias para su cualificación y desarrollo profesional o vocacional.

Por lo tanto, la educación integral es fundamental. Con su puesta en práctica evitaríamos el sinfín de manuales para cada nueva necesidad, tantas páginas Web específicas, la inseguridad de los profesionales obligados a saber hacer de todo y siempre en el punto de mira como responsables directos o indirectos del caos académico, cuando su labor es enseñar, ayudar a que nuestros hijos aprendan, y colaborar con las familias para encauzar y desarrollar las habilidades propias de cada uno.

Desde Autoescuela para padres pretendemos ayudar a conseguir familias más y mejor formadas, y colaboramos con ellas a lograrlo desde la realidad individual de cada una.

Queremos que los recursos públicos educativos se utilicen para fomentar la cualificación, la formación y preparación de las familias.

Proponemos un cambio a toda la sociedad reformulando el objetivo de los recursos que se utilizan en las campañas para dedicarlos al estudio y resolución de los problemas desde la propia raíz, en lugar de persistir en el inútil empeño de emplearlos para paliar temporalmente los síntomas.

Luis Aretio.

Director de Autoescuela para Padres.

 

Las normas y las formas.

No se puede hablar de educación sin su presencia o en su ausencia, pero tan importante como las normas son también las formas, porque sin nuestro ejemplo no hay movimiento, sin una buena referencia nuestra palabra se pierde en su esencia.

Todos sabemos qué tenemos que hacer ante una situación determinada, pero muchas veces fallamos en el cómo; no es aplicar el manual, ese que todo el mundo busca y dice necesitar, es hacer de cada elemento, de cada herramienta conductual, o de cada actitud emocional, algo muy nuestro.

Personalizar, adaptar, moldear, son conceptos que hemos de saber manejar con nuestros hijos y alumnos. Una norma debe ser flexible en su forma si no, todo corre el peligro de saltar por los aires y al final nadie podrá entender qué ha pasado; y en el caos del fracaso no se vislumbran los efectos de la responsabilidad.

No es un capricho, es una necesidad que si llega tarde, se puede convertir en un suplicio para todos, para padres e hijos, docentes y alumnos, sociedad y ciudadanos. La suma de las normas no es igual al todo, debemos comprender que son procesos individuales y sociales, y todo necesita su tiempo.

 

Las normas y las formas.

No se puede hablar de educación sin su presencia o en su ausencia, pero tan importante como las normas son también las formas, porque sin nuestro ejemplo no hay movimiento, sin una buena referencia nuestra palabra se pierde en su esencia.   Continúa leyendo Las normas y las formas.