Poder o no poder…

Poder o no poder, he ahí la cuestión.

¿Te suena la expresión “no puedo con mi hijo/a”?

Llevo 25 años dedicados a la psicología infantil, y no tan infantil…adolescentes, adultos, parejas, familias, instituciones, etc…y no he dejado de escuchar esta expresión con demasiada frecuencia.

La edad en que las personas tenemos el primer hijo se ha retrasado hasta los 31 años, si esa frase la escuchamos habitualmente en padres primerizos con hijos de tres años, resulta que sus padres tendrán ya 34, la cuestión es ¿de qué sirve a los padres tener 30 años más de experiencia que sus hijos? ¿No han tenido tiempo para formarse o prepararse?

Pues no, parece que no hemos tenido ¿tiempo? de darnos cuenta de lo importante que es saber y conocer cuáles serán las necesidades futuras tanto de nuestros hijos, como de las dificultades a las que se tendrá que enfrentar la pareja o familia derivadas del esfuerzo de educar y mantener una Familia.

Tenemos una manía muy extendida de buscar las soluciones cuando tenemos el “problema instalado en casa”. Bajo estas circunstancias, pensar con claridad y, sobre todo, actuar con calma, no es precisamente fácil; todo lo contrario, al encontrarnos con las dificultades tendemos a perder la objetividad, a querer encontrar soluciones rápidas que nos permitan restablecer el equilibrio y poder volver a la “normalidad” ¡lo antes posible!.  Y, claro, no suele ser muy eficaz para ninguna de las partes actuar bajo estados emocionales de estrés, presión y además mucha exigencia a veces auto-impuesta por el entorno, por la presión social, por el “que dirán o  pensarán”.

No se trata de poder o no poder, se trata de saber y también de querer aprender. Aprender la mejor manera de entender y afrontar el abanico de dificultades naturales e inevitables asociadas a la educación y a la vida en familia. Se trata de anticiparnos a los problemas, a capacitarnos para intuir las mejores soluciones adaptadas a las características irrepetibles de cada familia.

Educar implica, entre muchas acepciones, desarrollar un “arte” que no está escrito, que no tiene forma ni contenido; esa capacidad debe crecer y evolucionar conforme lo hagan también los hijos; no  ocuparnos de formarnos como padres, sería como entregar un coche a una persona que nunca nadie le ha enseñado a conducir, el caos está “servido”.

No es poder con el niño/a, es aprender a “guiar su futuro”.

¿Damos un paseo?

Luis Aretio
Director de Grupo Educo.

Historia de una idea

Todo surge de una reflexión basada en el desarrollo cotidiano de mi labor profesional con niños y sus familias de origen, tanto en mi consulta como en los centros escolares.

Surge de la extendida creencia de que “educar es muy difícil”: la dificultad se centra en tener una cierta garantía sobre si estamos actuando de manera correcta con nuestros hijos: ¿lo estaremos haciendo bien? ¿Dónde está el manual de instrucciones?

Partiendo de estas reflexiones llegamos a la conclusión de que no existe un lugar físico definido por y para la formación en la educación familiar básica. Ni siquiera nos exigen una edad mínima, ni una preparación previa… ¿todo vale? ¿Quién asume luego las consecuencias de un posible fracaso?

¿Por qué no lanzar la idea de un Carnet para Padres? Del mismo modo que nos exigen carnets para casi todo, ¿sería viable la implantación de un Carnet adaptado a estas poco atendidas circunstancias? Siempre, partiendo del respeto al derecho que nos otorga la constitución Española respecto a la libertad individual de formar una familia; y no, ¡No es un Carnet para Padres!, es un proceso de formación y educación, lo otro sería banalizar algo tan sensible y trascendente como es la educación de nuestros hijos/as.

¿Si hemos pasado en poco tiempo de familias numerosas a familias reducidas, y disponemos de una “flamante” red de recursos socio-sanitarios? ¿Por qué resulta tan contundente la expresión de que “educar es muy difícil”?

Autoescuela para Padres se posiciona como un recurso para aquellas familias que “funcionan” adecuadamente, pero que sienten la necesidad de mejorar y profundizar en los procesos de educación de todos sus miembros; además ayuda a acercar la psicopedagogía a un gran sector de la población que aún presenta grandes resistencias a la hora de buscar ayuda profesional ante las dificultades y obstáculos propios del formar y crecer como núcleo familiar. Facilita el proceso de formación desmitificando la idea de “ir al psicólogo”.

A partir de la concreción de la idea original como un “híbrido entre una autoescuela tradicional y un gabinete de psicología”, surge la variación de cambiar el vehículo de motor por la bicicleta, adaptando la imagen del proyecto a una coherencia con sus formas y contenidos: emociones, familiaridad, sostenibilidad, ocio en familia…

Resume en un proceso conocido universalmente, la esencia de la necesidad de capacitarnos para algo tan importante como “conducir” el futuro de nuestros hijos con la seguridad y confianza que se merece.

¿Damos un paseo?

Luis Aretio
Director de Grupo Educo