Se vende felicidad, razon aquí.

Y volvemos a caer en la mitomanía, en los falsos dioses, en adorar de nuevo al becerro dorado; y todos tan callados vitoreando al emperador como si llevara puesto su mejor traje sabiendo que está desnudo. Saluda y sonríe, hipócrita, que te están viendo.

Nada es tan cómodo como esperar la felicidad que nos ofrecen los demás, mejor rezar para que lo próximo llegue pronto y nos borre de un plumazo el penúltimo desasosiego. Miramos a lo nuevo con arrogancia, devolviendo una mirada de desprecio hacia el pasado al mismo tiempo que se nos llena la boca con el “ya no me gusta porque ya no me sirve”. ¿Será que nos va esto de usar y tirar? Lo malo, sin desvalorizar al objeto, es que lleguemos a la misma conclusión con las personas, usar y tirar, ya no me gustas, ya no me sirves, ya no te quiero.

Sabemos de lo que nos interesa, de lo que nos proporciona placer sin que huela a mucho esfuerzo o pereza, sin despeinarnos, sin que se note, vaya. Más por menos pero nunca menos por más, y se nos marca la vena cuando por fin nos creemos dueños de algún nuevo deseo. Ya lo tengo, si, pero ya te tienen… piénsalo.

¿Qué nos falta? ¿Qué les falta a nuestros hijos? ¿De verdad creemos que nos podemos quejar de algo? Por desearlo y quererlo no hay que tenerlo, esa es la trampa. ¿Qué ha sido de lo sobrio y de lo austero? Lo razonable nos da miedo; renunciar es de cobardes, ahora o nunca, venga decide que vamos tarde. ¿De verdad te atreves a filtrear con la ausencia de criterio? Yo que tú no lo haría, podría decir mucho de ti, lo diría todo. Lo simple es de vulgares, de cortitos, de pringados, de “clase tedia”.

La gran mayoría no tenemos más posibilidades que la de vivir en el relativo término medio. Pero la sociedad empuja al abismo de una caprichosa soledad que nos hace esclavos de lo efímero, y nos volvemos exigentes e insolentes con  tal de no dejar señales de nuestros propios duelos no resueltos.

Cuando te ofrezcan felicidad, piensa que no es para ti. ¡Qué sabrán los demás de lo que a ti te hace feliz! No permitas ser como ellos quieren que seas, no te doblegues al ritmo que marca todo lo nuevo; tienes criterio, por eso vales, porque sabes qué prefieres, qué quieres y qué eres.

Somos lo que somos, a veces marionetas de lo ajeno, sombras de siluetas previsibles; somos lo que parecemos, eternos buscadores de un placer mas o menos sincero.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

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