¡Te quiero! Pero no eres mía, no eres mío…

La fantasía de poder nos acompaña a lo largo de toda nuestra vida. De pequeños tratamos que nuestros padres hagan todo lo queremos, lo que nos  gusta, lo que nos da placer. Vamos al colegio, nos socializamos y seguimos aprendiendo reglas de poder en la fuerza del grupo, las normas con sus consecuentes asaltos y defensas. Llegan los resultados académicos, la rivalidad y el interés. Llegan las pandillas, el líder gobierna, impone su estilo desde su poder. Llega la edad laboral y el compromiso adquirido también puede. Llega la vida en pareja y… ¿Quién puede con quién?

Nos enseñan que querer es poder, pero no es así, ni mucho menos. Querer es dar y crecer, es valorar lo que nos ofrecen, es respetar que la otra persona tiene tantos o más derechos que tú, es entender la empatía como un hábito imprescindible, es aceptar que no todo lo que deseas es posible por el simple hecho de pretenderlo… es vivir tu vida sin imponer nada a nadie.

Quiere y deja que te quieran, ama y sé amado, pero no exijas sumisión en quien tienes a tu lado. No eres mía igual que yo nunca seré de nadie más que de mi mismo. La libertad del individuo es nuestro mejor y mayor tesoro, no hay nada más importante; porque donde se impone se oprime, se suprime la alternativa de quien es sometido a la voluntad del otro, de quien dice que quiere algo de ti, y eso es una trampa emocional rancia y oscura.

Querer sin pretender imponer, eso sí es amor, amor del bueno, amor sano y dulce. Querer sin más intención que la de soñar un mundo justo y equilibrado de quién está a tu lado, sin decidir por él ni por ella, mimando en cada gesto la necesidad de la pareja, su tiempo, su modo, sus maneras… y no, no es tan complicado.

Mi novio o mi novia, mi marido o mi esposa, mi pareja, mis hijos… nos invaden los posesivos más coercitivos y condicionantes, nos rodeamos de expresiones como la de “tú eres mío o mía”, y confundidos por un lenguaje absorbente, nos entregamos a relaciones de poder basadas en el control de la persona.

Quiérete, quiéreme, pero no me pidas más de lo que yo te quiera dar en cada momento. Respeta mi distancia, mi inapetencia, respeta mis errores y mis aciertos; respeta y serás respetado. Yo no quiero que me quieras, yo quiero que me respetes. Ámate, ámame, que juntos celebraremos todo lo que no es ni tuyo ni mío… sino de los dos.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

9 comentarios sobre “¡Te quiero! Pero no eres mía, no eres mío…”

  1. La voluntad de poder mueve el mundo, según Nietzsche. Y todas las relaciones son relaciones de poder, según Foucault. Pero yo hoy me quedo con una frase que me ha conmovido: Ten el valor de amar. Para mí sintetiza lo que tú expresas en este artículo. Y, obviamente, no puedo menos que compartirlo. Qué bien escribes!

    1. Gracias María José, pasemos de las palabras a la acción y seamos conscientes de lo importante que aprender a respetar, empezando por uno mismo y terminando por los demás. Y para respetar hay que ser valiente de no esperar más de lo que te quieran dar. Un abrazo

    1. Me gusta más leer las emociones, lo de la mente lo dejaremos para los mentalistas, pero me alegro de pensemos y sintamos de la misma manera, desde el respeto, Me encanta que te encante. Un abrazo y muchas gracias.

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