Dime de qué te quejas… y te diré quién eres.

Porque nos quejamos demasiado, incluso más allá de lo que realmente necesitamos. La queja se instala en nuestras vidas sin apenas darnos cuenta, casi sin saberlo nos pasamos gran parte de nuestra rutina valorando de manera negativa o difícil aquellas cosas que nos pasan con las que nos estamos de acuerdo o simplemente no nos gustan. Sigue leyendo Dime de qué te quejas… y te diré quién eres.

Adolescencia: Cambian las formas, no las normas.

Una madre nos ha realizado una consulta reciente sobre su hija de 14 años: “Mi hija ya no me cuenta nada. ¿Cómo debo preguntar para que mi hija me hable? Por más que le pregunto no me cuenta nada”

De la pregunta se deducen muchas otras, pero sobre todo se intuyen dificultades en las nuevas estructuras de comunicación en el entorno de una familia con una hija adolescente. Sigue leyendo Adolescencia: Cambian las formas, no las normas.

La Familia y el hiperrealismo educativo.

El hiperrealismo nos ha tocado con su increíble fuerza y ya nada es como antes. Ahora vemos la realidad con tal cantidad y calidad de detalles, con tanta nitidez de efectos realzados y exagerados, que lo que antes era interesante ahora nos resulta increíble que nos haya llegado a gustar. Los mega píxeles consiguen imágenes que superan a la propia realidad, y la tecnología permite manipular esa realidad hasta límites pecaminosos por mentirosos. Sigue leyendo La Familia y el hiperrealismo educativo.

La conducta: no es lo que se ve, es lo que no se ve.

Detrás de toda conducta hay una emoción que la sostiene, desencadena o motiva, eso es indiscutible, salvo en los casos de conductas reflejas primitivas donde la emoción no aparece hasta pasada la acción refleja. Sin la emoción, la conducta no es nada.

Toda conducta está dirigida a una meta.

Nada es casualidad, todo lo que hacemos las personas es por algo y para algo; como diría Freud, hasta los lapsus tienen su sentido, las equivocaciones incluso las omisiones, serían también intencionadas. Sigue leyendo La conducta: no es lo que se ve, es lo que no se ve.

La Técnica de Rebobinar: educar enseñando.

A todos nos interesa que nuestros hijos se porten bien, pero no olvidemos que somos nosotros quienes les debemos enseñar a manejar su comportamiento en función de nuestras reglas, de nuestras normas y de nuestros límites con lo que se han de enfrentar a la compleja tarea de aprender a obedecer y a hacer las cosas como nosotros  queremos. Enseña más una buena corrección que cualquier bronca, grito, amenaza o castigo que se nos pueda  ocurrir. Si nuestra intención es enseñar, mejor cambiar reñir por corregir, y de ahí surge esta Técnica de Rebobinar, para educar enseñando.

La dificultad está directamente relacionada con el carácter de mamá, de papá y de los hijos. El método es simple y económico. Cada vez que tus hijos hagan algo inadecuado, algo que no está bien o algo que no se parece a lo esperado/deseado:

1.- No grites ni amenaces.

Nunca grites ni amenaces sin tener toda la información disponible, es decir, nunca grites ni amenaces; no va a servir mucho más que para que ellos aprendan a gritar y posiblemente a medir hasta donde somos capaces de cumplir todas esas amenazas.

2.- Mantén la calma.

Mantén la calma, normalmente no son cosas importantes, son errores conductuales por precipitación, por comodidad o por falta de atención, pero han aprendido cuales de todos ellos nos sacan más de quicio especialmente. No se lo reprochemos, se lo hemos enseñado nosotros; somos quienes les dejamos las mejores pistas sobre cuáles son nuestros puntos más débiles.

3.- Pídeles que rectifiquen.

Pídeles que rectifiquen y que hagan bien lo que no ha sido adecuado. Rebobinando, es decir, dando marcha atrás literalmente a su conducta y reiniciando desde el origen lo que deberían hacer hecho bien, mejor o no mal. Consiste en darles la oportunidad de repetir la acción de manera adecuada. Sangre fría, cabeza templada,  no pasa nada, todo lo contrario, el hecho de no “entrar al trapo” evitará que esa conducta se vea reforzada negativamente y pueda ir a más.

4.- No se acepta que pidan perdón.

No se acepta que pidan perdón sobre la marcha ni que digan eso de “la próxima vez lo hago bien de verdad mamá, papá, te lo prometo”; no, se les debe pedir por favor que hagan bien lo que se espera de ellos, pero también debemos considerar cómo les pedimos las cosas, en qué momento y en qué están ellos inmersos; ponernos en su lugar nos dará pistas importantes para culminar con éxito esta tarea.

5.- Enseñar a pedir permiso.

Que aprendan a pedir permiso para todo, que pregunten siempre antes de hacer algo, lo que sea, es un hábito muy sano y muy bueno, además eso no significa que se lo vayamos a conceder pues deben aprender que no todo lo que nos piden es posible, bien por el momento o porque no lo vemos adecuado, pero sí implica que cada vez que nos consulten y nos pidan permiso, les reforcemos con una caricia verbal el haber pedido permiso antes de hacer algo.

6.- Paciencia y constancia.

Paciencia y constancia, eso que todos queremos tener pero que no siempre somos capaces de mantener. No es un tópico, es una actitud. La Técnica de Rebobinar combina el moldeamiento conductual con una gran dosis de empatía. No siempre es eficaz porque no siempre disponemos de la perseverancia suficiente.

Nuestra mejor propuesta es nuestra mayor coherencia, y por ahí nos pueden pillar más de una vez, porque no somos súper padres ni súper madres, somos de carne y hueso, sentimos y padecemos por ellos y con ellos, y así siempre, pues tener hijos es sinónimo de tener una ocupación permanente para toda la vida donde coinciden y conviven la felicidad y la maravillosa satisfacción de ver a nuestros hijos bien atendidos.

“No lo olvides, contra el enfado, rebobinado”.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

Me recuerdas a mi mismo, por eso te escribo.

Y serás como yo he sido, un poco grande y un poco pequeño. Sabrás que la vida es más vida desde que tú me hiciste padre, o madre… y cuando crezcas, tus aciertos serán míos, pero tus errores también; verás en ti defectos y virtudes, primero míos y luego tuyos. Tenemos un espejo que nos dibuja el alma en cada emoción, en cada manera, en cada ocasión, y tu reflejo es mi reflejo, mi mejor ejemplo, silueta de lo que un día serás. Sigue leyendo Me recuerdas a mi mismo, por eso te escribo.

No es magia, es educación.

Todo parece detenerse en un instante, en ese preciso momento en que nos hacen sentir que estamos haciendo las cosas bien, que tus alumnos o tus hijos parecen haber sido educados en algún país encantado o extraño como Finlandia; una imagen como congelada o suspendida en lo posible y una voz a cámara lenta que dice: Sigue leyendo No es magia, es educación.

Las malas notas. Seamos justos, suspendamos todos.

Llegan las notas y como en cada evaluación llegan también las alegrías y las penas, la gloria o la derrota, y en algunos casos la indiferencia. No hay término medio, no hay paz para los suspensos. Llegan las notas y la desesperanza por no haber alcanzado los objetivos anuncia un futuro incierto de amenazas, de castigos, de academias de refuerzo y de vacaciones oscuras. Llegan las notas y parece que llegara el enemigo. Sigue leyendo Las malas notas. Seamos justos, suspendamos todos.

Otra forma de educar, así no, por favor.

Educar, qué palabra tan utilizada, ahora todo es educar, como si lo que se hacía antes fuese simplemente dar de comer a los hijos. Y para educar vamos y reinventamos la pólvora, pues enhorabuena, pero la réplica no está resultando mejor que el original. ¿Deberíamos aprender de los finlandeses? Ah, si, Finlandia que está de moda, donde no tienen sol ni sal pero van de sobrados en eso de educar, nuestro referente perdido, el último eslabón.

Educar lleva la raíz  latina ducere  (educare>>educere), y significa sacar, guiar, dar sentido. ¿Puede explicarnos alguien qué tiene que ver eso con lo que están viviendo nuestros hijos/alumnos hoy en día?

Sacar: y no se refiere a sacar notas sino a sacar todo el potencial de la persona, desarrollar todas sus capacidades personales, intelectuales y sociales.

Guiar: si alumnos y docentes se someten a una media de dos o tres reformas de la Ley de Educación por generacion. ¿Guiar? ¿Hacia dónde? ¿Hacia el precipicio de este absurdo guión colectivo?

Dar sentido: da igual sentido que orden, prioridad, relevancia; estos son sinónimos, perdón, antónimos de lo que se está consiguiendo. ¿O tiene sentido que sea en Educación donde mayor tasa de absentismo laboral haya?

No hagamos más malas copias ni nuevas versiones de nosotros mismos, exijamos que los políticos se encierren en una habitación sin aire acondicionado y con pocos recursos (como en muchas aulas) y que no salgan hasta que encuentren una solución definitiva a esta sinrazón educativa. En países como Uruguay y Finlandia lo han soñado y lo han conseguido. ¿Aquí por qué no?

Otra forma de educar es posible y todos debemos aportar nuestro granito de arena denunciando y promoviendo acciones educativas responsables y sobre todo coherentes con las necesidades de cada centro escolar, familias y alumnos, porque todos merecemos nuestro mayor y mejor esfuerzo.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

La abundancia genera arrogancia. Cuidado con los niños.

Cuanto más tenemos más queremos… o eso creemos. Acaparar nos calma aparentemente la angustia de aquello que sabemos que, a lo peor, nunca podremos alcanzar; pero la serenidad es otra cosa, la serenidad está en no necesitar, en saber disfrutar de lo que tenemos y somos, no de lo mhcho que nos falta y no seremos.   Sigue leyendo La abundancia genera arrogancia. Cuidado con los niños.