No prometas amor eterno, promete respeto.

Atrévete a querer a alguien cuando hayas aprendido a quererte tú; atrévete a levantar la voz en nombre de un merecido sentimiento. Tú, ejemplo de cuanto pretendes para ti y que debes sabes ofrecer. Tú, estado y resultado de la presencia de todo el cariño que la vida te ha regalado, sal al encuentro de ti mismo y vive como si todo y nada fuera contigo. Sigue leyendo No prometas amor eterno, promete respeto.

Custodia compartida sí, pero a medida.

A partir de la separación todo es nuevo para todos, especialmente para los hijos que verán cómo su rutina familiar, la vida que han llevado hasta ahora, la única vida que han conocido, será dividida en dos mundos diferentes y demasiadas veces enfrentados por los intereses de sus progenitores. Sigue leyendo Custodia compartida sí, pero a medida.

El segundo apellido… la muerte en los tacones.

Has matado al segundo apellido, el que llevarán como único orgullo tus hijos; has alterado el orden de los factores que perpetúan nuestro más innoble desequilibrio. No matarás decía el catecismo, honrarás a tus padres como te honras a ti mismo. Sigue leyendo El segundo apellido… la muerte en los tacones.

Breve teoría sobre La Felicidad de las Personas. ¿Cómo se conectan tus emociones?

Todos queremos ser felices, todos perseguimos el sueño de alcanzar la felicidad y no perderla nunca más. Sin embargo todos sabemos, o a estas alturas deberíamos saber ya, que la felicidad es efímera, caprichosa y antojadiza, es lo más parecido a la Navidad, que dura lo que dura y encima cuando llegan los Reyes con los regalos se nos esfuma.  Sigue leyendo Breve teoría sobre La Felicidad de las Personas. ¿Cómo se conectan tus emociones?

El aburrimiento, esa emoción tan necesaria como olvidada.

El aburrimiento es un mecanismo de adaptación emocional, es un estado ante el presente, es un vacío intencionado, es un sin sabor del tiempo y a la vez un ruido para el alma. Estando aburridos podemos pasar momentos de olvido, de desidia o de sinrazón, sensaciones muy diferentes a otras muchas emociones aparentemente más apasionantes a la que nos enfrentamos a diario.

Es posiblemente una emoción rechazada, no deseada o poco querida por muchos. Cuando notamos que estamos aburridos no nos gusta, nos hace sentir mal, incómodos e incluso inquietos. Es el parias de nuestra satisfacción; parece un error o algo que no debería estar sucediendo, pero al contrario de lo que creemos, el aburrimiento es muy enriquecedor.

El aburrimiento nos permite plantear la decisión, si queremos, de poder cambiar hacia un estado más placentero con tan sólo adoptar la actitud de buscar algo nuevo o diferente. Al iniciarse la búsqueda de una actividad placentera, la creatividad se despereza y articulamos nuestros recursos de manera más eficaz y dirigida. La atención se agudiza y se prepara para entrar en escena valorando espacio y fuentes de información disponibles, creando nuevas conexiones entre estímulos y posibilidades, formando expectativas basadas en hipótesis nuevas, en ideas frescas, y se desencadena una inercia imparable hacia el momento preciso en que una idea coge tanta fuerza, que nos provoca querer hacer algo placentero o productivo al menos.

Pues bien, toda esta cadena de percepciones, de sensaciones, de valoraciones y estructuras cognitivas en funcionamiento son fruto del aburrimiento, que es quien desde el origen hasta el final provocan un proceso cerrado y repetitivo, un patrón fijo de acción y de emoción que nos traslada desde la distimia (estado de ánimo melancólico) a la euforia; la adrenalina fluye con naturalidad permitiendo disfrutar del placer de la decisión tomada.

Al aburrimos también pensamos más en nosotros mismos y podemos acercamos a aspectos íntimos no siempre agradables de aceptar; esto puede resultar molesto al tener que vivir tan de cerca nuestras carencias. Cuando nos aburrimos ignoramos todos los estímulos que nos rodean, ya nada resulta interesante y nos dejamos llevar por ese estado de letargo emocional donde todo y nada es ni importante ni trascendente.

Cuando veas a alguien aburrido, piensa que está en el mejor momento para despertar toda esa cadena maravillosa de sensaciones. Cuando sientas el aburrimiento, piensa que hay también un momento para ese aburrimiento y disfrútalo.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

De profesión: Alma de Casa.

Ni amo de casa ni ama de casa, a partir de ahora todos somos iguales porque todos somos Almas de Casa.

Se acabó el eterno debate sobre “quién lleva los pantalones en casa”, ni pantalón ni falda. Se cierra la discusión sobre quién renuncia a más tiempo para atender las necesidades de la familia, quién cuida mejor, quién limpia, quién cocina, quien lava, quién va al pediatra, quién va a las tutorías, quién va a las extraescolares, quién lleva la enfermería encima, quién se pasa más noches en vela. ¿Quien? , porque eres quien pones tu alma y tu entrega al servicio de tu casa en todo lo que haces. ¡O qué pasa! Sigue leyendo De profesión: Alma de Casa.

Le llamamos igualdad, pero es todo mentira.

Sí, dejemos de mentir más y sobre todo tan mal. Porque no sé qué duele más, si negar la mayor o no saber mentir. ¡Qué triste vida de machitos, qué pobre herencia la que hemos recibido y qué desolador ejemplo el que vamos a dejar! Sigue leyendo Le llamamos igualdad, pero es todo mentira.

El amor ni se crea ni se destruye, simplemente cambia.

Todas las personas hemos sentido amor en algún momento de nuestras vidas; todo comienza con el amor de nuestros padres, luego vamos añadiendo más familiares, hacemos amigos, ahora tu pareja, o tus hijos, los abuelos. El amor, el afecto, el cariño, el vínculo, el apego, nos determinan al mismo tiempo que nos miman, nos agasajan con sus mejores caricias y nos arropan con sus cálidas maneras. Amar no tiene forma, pero da sentido a todo lo que nos rodea, el mundo sin amor sería imposible porque somos personas, sólo eso, y todo nos afecta al ritmo de nuestras educadas pero también limitadas emociones. Sigue leyendo El amor ni se crea ni se destruye, simplemente cambia.

Me recuerdas a mi mismo, por eso te escribo.

Y serás como yo he sido, un poco grande y un poco pequeño. Sabrás que la vida es más vida desde que tú me hiciste padre, o madre… y cuando crezcas, tus aciertos serán míos, pero tus errores también; verás en ti defectos y virtudes, primero míos y luego tuyos. Tenemos un espejo que nos dibuja el alma en cada emoción, en cada manera, en cada ocasión, y tu reflejo es mi reflejo, mi mejor ejemplo, silueta de lo que un día serás. Sigue leyendo Me recuerdas a mi mismo, por eso te escribo.

Para ser MADRE.

Para ser MADRE además de mucho amor hay que echarle mucho humor; sólo con la oxitocina no es suficiente, ni tan siquiera con una pareja modélica al lado, no, una MADRE soporta lo insoportable, sufre lo insufrible y alcanza el mayor de los éxtasis con el más mínimo detalle. Si los hombres hubiésemos tenido que parir, la humanidad se habría extinguido tras el primer dolor de contracción, seguro.

Una MADRE llora porque le da la pena o porque le da la gana, y sus lágrimas las guarda en lo más profundo de su corazón como quien hace una colección secreta de inimaginables emociones, una a una, cuidando de no olvidar la que le hizo feliz ni la que le hizo sufrir. Las quiere a todas. Suspira cuando puede, no cuando quiere, pues su agenda es la agenda interminable, con tareas imposible de entender si no eres MADRE.

Para ser MADRE no basta con parir, no, conozco a muchas que MADRES de adopción que dibujan a sus hijos en su alma con sus manos, con sus caricias deseos y cuidados, y aunque no han dado a luz, brillan con la misma intensidad que mil MADRES parturientas. No presumen del parto, no lo necesitan, presumen del tamaño infinito de su corazón, presumen más por lo hecho que por dar el pecho.

Para ser MADRE, no hace falta tener un hombre al lado; sé de MADRES fecundadas desde el amor por tener un hijo, desde la ininteligible soledad de la incomprensión de algunos necios. El amor de MADRE no tiene dueño, el amor de MADRE es un sueño del que nunca se puede ni se quiere despertar, es un estado que sólo una mujer puede llegar a entender, pues no hay varón que alcance a esa razón.

Humor, amor, paciencia, cariño, tolerancia, quietud, templanza, dulzura, constancia, tragaderas, espaldas anchas, brazos eternos, y un alma que no tiene calma, que no descansa hasta ver a sus hijos resguardados de toda imposible amenaza…”arrópate el alma cariño, que me vas a coger frío”.

No es magia,  es educación.

Luis Aretio