Educar sin castigar. La técnica de la Distancia Emocional.

El Castigo es una herramienta que, salvo en algunos casos de flagrante gravedad, no debería aplicarse. Es más, según el carácter de cada niño puede que el castigo se vuelva contra quien decide aplicarlo; porque igual que hay niños que para que aprendan la lección sólo hay que castigarles una vez, hay otros que soportan todo tipo de castigos y consiguen que nada les haga aprender ni nadie les pueda doblegar por aquello por lo que han sido castigados.

Cuando los niños no obedecen tendemos a mostrar nuestra emoción con un enfado, y así sólo les estamos señalando con todo lujo de detalles qué es lo que nos más nos molesta y enfada; por eso en el momento en que un niño quiere hacernos enfadar sólo tiene que hacer aquello que le hemos enseñado. ¿Quién? ¿Quién le ha demostrado que hacernos enfadar es útil? Toda conducta es intencionada y está dirigida a una meta, y somos los adultos quienes debemos saber interpretar o traducir la conducta desde su origen, es decir, desde sus desencadenantes emocionales. ¿Por qué lo hacen? ¿Para  qué? ¿Qué obtienen a cambio?

Ante una conducta difícil debemos trasladar a nuestros hijos que lo que hacen nos duele y nos entristece porque no queremos que ese sea su comportamiento. Esa distancia emocional que se forma entre el niño y su madre o padre ha de ser adaptada a la edad de los niños, lo importante es hacerles conectar con nuestro dolor, que entiendan que nos sentimos tristes por lo que hacen. Demasiadas madres confirman que sus hijos se echan a temblar cuando sienten dicha distancia emocional, así como que luego terminan persiguiéndolas por la casa desconsolados pidiendo perdón mientras exclaman “ya no lo hago más, ya no lo hago más”, pero no suele ser muy eficaz para ninguna de las partes implicadas.

La distancia emocional ha de servir de reflexión a los niños, nunca de chantaje emocional, y no se debe restaurar de inmediato, sino que, según la edad, vamos a estar mostrando nuestro estado emocional de tristeza hacia ellos durante un tiempo prudente y significativo. Podemos decir “sí cariño, te perdono, pero aún estoy triste por lo que ha pasado”. Jamás se le debe decir a un niño “no te quiero”, pues su pensamiento literal le llevará a vivirlo como una amenaza real, y eso sólo puede tener consecuencias desadaptativas.

Tras un pulso  de tiempo ponderado (insisto, a la edad) debemos acercarnos de nuevo a ellos progresivamente y si es posible, elogiar algo que estén haciendo y que nos hace sentir bien. El elogio es una de las herramientas más eficaces para despertar el interés de nuestros hijos por todo lo que hagan bien o casi bien, recuerda que nadie es perfecto. Pero no es fácil de usar porque tendemos a abusar y a no ser precisos, a no señalar con claridad qué es exactamente lo que han hecho bien, y eso al final hace que pierda toda su esencia como reforzador positivo.

Si decidimos establecer castigos porque pensamos que son necesarios, tratemos en la medida de lo posible que éstos estén directamente relacionados con restablecer o reparar aquello que haya ocurrido y que queremos corregir para el futuro. Que el castigo tenga un contenido pedagógico, que sirva para aprender, no sólo para que ellos se sientan peor, porque eso sólo agravará la situación.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

Un comentario sobre “Educar sin castigar. La técnica de la Distancia Emocional.”

  1. …. Nos está costando… Pero siento que lo estamos haciendo bien … Mi hijo es de los que, mejor le hago ver qu estoy triste por algo que ha hecho… El castigo no funciona con él … Hace tiempo q me di cuenta…. Un saludo

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