La dependencia emocional o la conspiración del placer.

La persona que depende de un sólo amor no sabe qué hacer cuando ese amor le falta, y ante su pérdida siente ansiedad, angustia, desorientación, desesperanza y soledad; se siente vacía al no poder tener acceso a ese amor ahora negado o simplemente amenazado. El anhelo de querer volver a sentir esa sensación mezcla de seguridad, de protección, de sosiego y sumisión, obliga a la persona a construir una realidad basada en una fantasía que lo envuelve todo: “Si no lo poseo no soy nada”.

Todo comienza en nuestra infancia, en la calidad de la relación principal de apego, en la identificación sana con la figura materna quien luego deberá propiciar la aparición de la figura paterna. De cómo hemos sido queridos dependerá cómo vamos a querer. De cómo hemos sabido culminar la angustia de separación en los primeros meses de vida, dependerá en gran parte de nuestro modelo de relación futuro.

En los primeros días de vida se forja una relación muy potente de placer libidinal entre el bebé y su mamá (el pecho bueno), pero esta relación no puede ser omnipresente como quisiéramos y nos vemos obligados a aceptar que mamá no siempre puede estar conmigo (pecho malo). Para poder superar este abandono forzado necesitamos construir una realidad interior que sustituya la ausencia de mamá, una imagen introyectada de una mamá sana, y nos adherimos a objetos transicionales donde depositamos nuestra calma, “no te tengo, pero te puedo fantasear”. Una gasita o mantita, el chupete, un peluche o simplemente el dedo; vinculamos nuestro placer a objetos externos que luego vamos a necesitar, que no vamos a querer perder y de los que vamos a depender.

Al crecer establecemos relaciones de placer con personas u objetos, pero una distancia emocional de una figura importante de apego, un fracaso en una relación sentimental o sólo el hecho de tener que separarnos temporalmente de alguien o algo elegido como “vital” puede despertarnos emociones primitivas de abandono, sentimientos no conscientes que están conectados con nuestros miedos más viscerales.

Vivimos bajo un estado de frustración permanente cuando no podemos tener acceso a nuestro maravilloso objeto de placer depositado en esa persona/objeto o en el control de la relación obsesiva (omnipresente) con ella. La persona se abandona a su miedo, a su soledad, a su lamento de no poder tener su objeto deseado y encuentra en el control más paranoide un falso refugio y se obsesiona con recuperar lo perdido olvidándose de sí misma.

Permite tus miedos, acepta tus inseguridades, porque igual que somos parte obsesiva del niño que no pudimos ser, también somos parte importante de todo lo que sí soñamos.

Ante la dependencia emocional aceptación y terapia dirigida a reparar los posibles vacíos internos, esas carencias que nos llevan a vivir sufriendo, a exigir una garantía permanente de que “esto que quiero lo voy a poseer siempre”. Si algo nos enseña la vida es, que nada y nadie son para siempre, y que todo y nada pueden darse en un mismo momento.

Amar es el placer de querer, sin necesidad de depender.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

2 comentarios sobre “La dependencia emocional o la conspiración del placer.”

  1. Tengo un niño de 15 meses y lo que me pasa es que no lo quiero dejar con nadie porque me da miedo que algo le pueda pasar en mi ausencia. Sin embargo en la guardería lo dejo tan tranquila. A que puede ser debido?

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