Tanto educa, educa tanto, ¿Isabel como Fernando?

Isa y Fer tienen dos hijos, la parejita, como ellos querían. Tienen dos trabajos, pero Fer gana más que Isa, cuando nació la niña ella se pidió la reducción de jornada. Isa y Fer no salen de apuros, a la niña ahora le tienen que poner aparatos en los dientes, y no es barato. Tienen dos coches, el de Fer es mejor, el de Isa es de segunda mano. Viven en un piso que se lleva gran parte de sus salarios, y con una hipoteca a pagar en cuarenta años; una responsabilidad para toda la vida, como la de educar a sus dos hijos.

Marina tiene ocho años, y ha tenido que ir a un gabinete de psicología porque no termina de superar los celos desde que nació su hermano. “Es  una pena verla todo el día con la cara de enfadada”. Se pasa el día haciendo la vida imposible a Nachito, que con cinco años ya sabe manejar los móviles y aparatos de toda la casa. No para, en el cole ya les han dicho que lo va a ver el Orientador, que parece que tiene un poquito de déficit de atención, y que más vale cogerlo a tiempo.

Isa y Fer no sabían que ser padres era tan casino y tan poco parecido a lo que habían imaginado. “Yo no recuerdo a mis padres agobiados por tener que educarnos», dice Fer. Isa se lamenta de haber sido tan “chupiway” con Marina cuando nació, “se llevó tres años siendo única, y además fue la primera nieta de las dos familias. Cuando nació Nachito todo se desmoronó para ella, se le cambió la cara y pocas veces la hemos visto disfrutar como antes”. Isa le da mucha importancia a la angustia de Marina, Fer no. Isa no soporta que Nachito esté todo el día llorando porque la hermana le ha pegado, y Fer opina que son cosas de niños, que eso es porque “no les hemos dado un buen guantazo a tiempo”. Fer no cree en los psicólogos y piensa que en el cole los maestros deberían ser más duros. Isa y Fer discuten hasta el aburrimiento por la educación que les están dando a sus hijos.

Isa se encarga de la casa, de la comida, del pediatra y de las tutorías; Fer apenas tiene tiempo y dice que él para eso no vale, que no se entera de nada, que la madre es quien puede pedir horas en su trabajo, que él corre peligro si falta o llega tarde, que su sueldo es el más importante y que no está la cosa para correr riesgos. Isa no para, pero Fer no la ve porque apenas está en casa. Isa maneja el grupo de Wasap de las dos clases, el de las extraescolares de ambos, el de las dos familias y unos cuantos más de sus amigas; Fran se comunica con los de su trabajo, los compañeros de bicicleta de los domingos y el de sus hermanos, poco más.

Fran necesita salir muchos días a correr además de salir con sus amigos los domingos en bicicleta. Isa no tiene tiempo ni para ir al gimnasio, al que paga católicamente para luego estar con el remordimiento del “hay que ver que no tengo tiempo”. Fer le dice que todo es porque no se organiza, que si los niños van a las extraescolares, ella podría perfectamente ir en ese hueco. A Isa se le pone cara de “tú no tienes ni idea, a ti te quería ver yo en mi lugar; tú lo tienes muy fácil y cómodo”.

Isa y Fer van los domingos a ver a los abuelos y raro es el día que a la vuelta no discuten en el coche; los niños ya están hartos de estas discusiones y se tapan los oídos o se pelean; entonces los padres se enfadan más y terminan todos gritando en el coche mientras vuelven a casa. Isa opina que Fer sólo es amable y resolutivo cuando están con los amigos, que en casa no sabe lo que es poner una lavadora ni nada parecido. Fer le recrimina siempre lo mismo, que no sabe más que quejarse y que no disfruta de nada. Isa está cada día más cansada, no se esperaba esto, no tenía ni idea de que ponerse de acuerdo para educar podría ser tan complicado. “Me paso el día riñendo, a los niños, a Fer, y a quien se ponga delante”.

Isa y Fer ya han pensado en separarse, pero no les llega ni el tiempo ni el sueldo. La inercia de la rutina les sirve de consuelo, pero no se miran, no se paran, no se encuentran en el pasillo, y si lo hacen, se esquivan. ¿Tanto monta, monta tanto?

Luis Aretio

  • Sin ánimo de generalizar, este modelo ficticio tiene mucho de real; porque tener hijos es fácil, otra cosa es saber ser padres y el sacrificio que conlleva para ambos saber educar, trabajar, y llevar una casa para adelante.

3 comentarios en «Tanto educa, educa tanto, ¿Isabel como Fernando?»

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