Educar el criterio propio.

Pensar es sinónimo de conciencia e identidad, y para pensar no hay nada como aprender a cuestionar. Somos los padres quienes debemos mostrar interés por sus opiniones, ampliando con reflexiones propias o aportando cuestionamientos lógicos; se trata de despertar el interés por lanzar hipótesis sobre los acontecimientos, abrir un abanico de preguntas para cada cuestión…

La conciencia crítica la adquiere cada individuo a partir de las experiencias de aprendizaje que proponemos primero los padres y luego el resto de los agentes socializadores. Nuestros valores, nuestras formas, todo lo que hemos ido mediando a través de nuestro ejemplo en nuestros hijos, emergerán tarde o temprano pues son la base sobre la que construyen su identidad.

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Nuestro ejemplo es el mejor criterio que podemos ofrecer a nuestros hijos; si nos escuchan opinar, reflexionar o debatir de manera constructiva, les estamos proponiendo una manera de abordar las diferencias, de sacar el máximo partido de nuestra capacidad de observación, de luchar por nuestros principios, de educar antes de dejarlo en manos ajenas.

Potenciar el pensamiento propio, la creatividad a la hora de buscar diferentes alternativas y de todas elegir la más adecuada, volver a revisar las decisiones, aprender a no seguir las modas porque simplemente los demás lo hacen; enseñarles a defender sus opiniones aunque no coincidan con otras, pero respetándolas, ofrecerles oportunidades para aprender de los errores…

Mejor que piensen por si mismos antes de que “los demás” les quieran hacer pensar en función de sus intereses.

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