Héroe de día, cobarde de noche.

Es este momento; donde nada es lo que parece y lo que parece es nada.

La realidad está en duda, en tela de juicio, en entredicho, y lleva una mentira atada al cuello apretándole en cada instante. Somos capaces de negarnos como especie racional para reafirmar nuestra parte más simplona y pérfida, la más elemental: la de andar por casa con ese talante de valiente en chándal, contra ese otro andar pesado de cobarde enfundado en su pijama. Valiente por hacer frente a lo desconocido, sabiendo que sea lo que sea, va a ser jodido. Cobarde por ser humano, por tener miedo de una consecuencia imposible de prever y que a duras penas sólo nos permite improvisar. Sigue leyendo Héroe de día, cobarde de noche.

A nuestro cerebro le gusta lo fácil, cuidado con tantas comodidades.

Venimos al mundo sin hábitos ni rutinas y observamos con asombro todo cuanto nos rodea, todo es nuevo para nuestro cerebro. Somos curiosos por naturaleza y nuestra curiosidad nos provoca querer aprender, querer saber y preguntar por todo lo desconocido. Somos lo que aprendemos, y ahí nace nuestra inquietud, nuestra necesidad de conocimientos y expansión: saber para ser. ¿Pero de dónde venimos? ¿Cuáles son nuestros antecedentes? Nuestro cerebro durante miles de años ha estado ocupado en una función casi exclusiva de autoprotección: defender su integridad y la de sus descendientes. Hemos pasado miles de años vigilando a los depredadores, miles de años programados para sobrevivir. Sigue leyendo A nuestro cerebro le gusta lo fácil, cuidado con tantas comodidades.

Demasiado amor para tan poca disciplina.

Inteligencia emocional, educación emocional, salud emocional, desarrollo emocional, bienestar emocional, control emocional; todo termina con el mismo concepto y bajo el mismo paraguas de lo emocional, y no, no sólo vivimos de emociones. Hace falta la otra pata de la mesa, la que soporta y permite el equilibrio entre lo emocional y lo conductual, entre lo placentero y lo necesario, entre la devoción y la obligación. Tanta sobre atención hacia las emociones nos está convirtiendo en personas altamente sensibles pero incapaces de llevar a cabo grandes esfuerzos cuando el contexto lo demanda. Sigue leyendo Demasiado amor para tan poca disciplina.

Si no te obedece, de algo carece.

Veo niños y niñas que no saben obedecer, que carecen de lo más importante para su desarrollo como personas sanas porque estamos normalizando peligrosamente las faltas de respeto en casa y en la escuela. Los adultos nos quejamos con aspavientos de la mala educación de las nuevas generaciones, de lo poco que valoran las demasiadas cosas que les ofrecemos; nos quejamos de ellos siendo nosotros quienes hemos permitido semejante incoherencia educativa. Nos hemos inventado una moderna relación de “toma y quiéreme por lo que mucho que te doy”, y eso no es amor, eso es maleducar, y además sale muy caro. Cambiemos las normas, rescatemos el sentido común y mostremos el mejor de nuestros ejemplos.

Por una educación responsable.

Luis Aretio