Cumpleaños, Whatsapp, y excesos.

¡Ay, qué tiempos aquellos de los cumpleaños con los primos en casa, con los bocadillos de mantequilla y chóped, los vasos de refrescos de gaseosa “de a litro” y el mantel de hule. Ay qué tiempos aquellos donde los regalos eran pocos. Ay qué tiempos aquellos donde lo raro era el exceso y lo normal era lo bueno! Podría seguir hablando de las virtudes de esos cumpleaños tan “normales” que celebrábamos antes, pero mejor que nos sirva de entradilla para hablar de lo desmedido y de los excesos en los que actualmente estamos inmersos. Vayamos por partes:

La agenda.

Conozco a niños que asisten a una media de uno o dos cumpleaños a la semana; entre los de los compañeros del colegio, los de los vecinos, los de la familia, más los de los hijos de la pandilla, las cuentas se quedan cortas y las agendas se estresan al ritmo del archimanido “cumpleaños feliz”. Cuadra todo esto con las extraescolares, las escapadas de fines de semana y otros eventos y no sé muy bien en qué momento los niños pueden disfrutar de tanto compromiso ajeno.

El grupo de wasap.

Ya no se queda como antes, ahora se chatea. Primero se crea un grupo; suele ser la mamá del homenajeado anunciando a todos la fecha, el horario y demás detalles de tan importante evento. No, no es un error que tu nombre aparezca en la lista, habéis sido «elegidos» sin vuestro consentimiento y lo malo no es eso, lo malo es que a ver quién es el osado, más bien osada, que se atreve a salirse del grupo.

El otro grupo de wasap.

Segundo secuestro: un grupo nuevo para hacer un regalo compartido. Lógico, así se regala menos y mejor, pero cuentan contigo como por inercia natural. Venga, a recibir miles de mensajes con propuestas de todo tipo, ofertas, descuentos, gangas y sobre todo opiniones para todos los gustos, y disgustos.

El evento.

Ahí ya hay para aburrirse eligiendo y no salir del asombro. Ofertas de todo tipo. Desde la familia que no se complica la vida y se tira a por el primer parque bola en el que haya disponibilidad (que te crees tú que eso es fácil) hasta aquellos que se lanzan a la aventura de sorprender a todos con magnificas actividades y experiencias de todo tipo. Increíble la cantidad de cosas que se pueden llegar a hacer para sólo celebrar que nuestros vástagos son un poco más viejos.

La envidia,

Conozco a muchas familias que se pican, que rivalizan por superar a quienes se han jactado de hacer un evento a la altura de sus, a veces mermadas, posibilidades. Da igual, todo sea porque nuestros hijos se sientan felices por superar este u otro reto, por colgarnos la medalla del “y yo más”. Y vamos y nos dejamos la cartera en presupuestos exagerados, la vista y las horas en el móvil,  y no paramos hasta dar con el evento perfecto.

La resolución.

Niños jaleados, sobre regalados, agotados de abrir regalos que apenas les sorprenden porque tienen de todo. Algunos antes del evento ya saben qué les va regalar cada invitado. Eso no tiene precio, o sí. El precio, además de la pasta del evento, es el del exceso, el de no valorar lo que tienen porque no les da tiempo a algunos ni a completar el inventario de los juguetes que ya almacenan en casa. Luego los hay que ni se lo agradecen a sus padres ni les muestran respeto.

Mi conclusión.

¿Feliz cumpleaños? Sinceramente lo dudo; ni para ellos ni para nosotros. Y no, no estoy reivindicando volver al bocadillo de chóped, no, si acaso a la mesura, al recato, volver al sentido común y si no es mucho pedir, con un poco de buen gusto.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

3 comentarios en «Cumpleaños, Whatsapp, y excesos.»

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