La fantasía de reagrupación. Infancia y separación familiar.

«Yo quiero que mi madre y mi padre estén juntos otra vez». Esta frase no he dejado de escucharla una y otra vez en los 25 años que llevo ayudando a niños y a niñas a aceptar y a afrontar los procesos de separación y transformación de sus familias. Me confiesan, entre risas nerviosas y lágrimas, que les dejan notas, dibujos, pequeños regalos, falsean comentarios de los unos hacia los otros, niegan la separación de sus padres delante sus amigos o engañan a todos alardeando de ser felices porque: «así tengo dos casas y me hacen más regalos; o separados por lo menos ya ellos no se pelean todo el tiempo». Sigue leyendo La fantasía de reagrupación. Infancia y separación familiar.

Infancia y violencia: consecuencias.

Violencia de género, violencia machista, violencia doméstica, violencia filioparental, violencia callejera, violencia deportiva… Sí, somos violentos y no siempre funciona bien nuestro cerebro, y los impulsos no se contienen, y la agresión -en todas sus formas- se convierte en un modus operandi, en una manera peligrosa de vivir. La conducta agresiva ha estado presente en todas las épocas y se da en todas las culturas. En la infancia también ocurre, centrando su actividad principal en la edad de la escolarización formal, entre lo seis y los dieciséis años, aproximadamente. Sigue leyendo Infancia y violencia: consecuencias.

El exceso de extraescolares. La generación triste.

“Hemos criado niños bilingües, trilingües algunos; niños que nadan como peces, que juegan al fútbol como ases, que practican todo tipo de gimnasia, que bailan lo que les pongas, que hacen robótica, que tocan instrumentos, que juegan al ajedrez…  Hemos criado a toda una generación desarrollando capacidades a golpe de extraescolares. Pero… ¿Son felices?”

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Yo de mayor quiero ser Youtuber.

Ahora los niños quieren ser Youtubers y las niñas Instagramers; venga, todos Referencers mega happies. Quieren prestigio, necesitan reconocimiento, y sólo buscan coleccionar Likes en las muchas redes sociales –gratis- disponibles. Y los padres encantados. Viste mucho tener un niño famoso o una niña artista, y si además huele a negocio fácil, ni que decir tiene que nos convertimos en fanáticos asesores al servicio de ridículos protagonistas.

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Infancia y música de adultos; el penúltimo despropósito.

De los Canta Juegos al reggaeton, así es el salto musical que obligamos a dar a nuestros hijos, y lo triste además es que no hay mucha más alternativa. No hay apenas música disponible a partir de los seis años, y entregamos a nuestros hijos a la hoguera de las vanidades, canciones con letras pésimas y para colmo, ofensivas, groseras, violentas y sexistas. Si queríamos hacerlo mal, lo estamos bordando. Sigue leyendo Infancia y música de adultos; el penúltimo despropósito.

La Hucha del Tiempo: ganar megas ahorrando ocio.

Estamos en un momento de abuso absoluto de los juegos tecnológicos, y no son malos, todo lo contrario, lo que ocurre es que son muy difíciles de educar bien al crear tanta dependencia por las emociones implicadas en ese tipo de ocio: rivalidad, competitividad, poder,…pero sobre todo fascinación. Luchar todos los días para que no abusen es agotador, por eso he desarrollado esta sencilla idea, para que aprendamos todos a limitar, gestionar y variar su tiempo de ocio. Sigue leyendo La Hucha del Tiempo: ganar megas ahorrando ocio.

La generación del miedo.

Los padres de hoy somos los hijos de ayer, y desde entonces hasta ahora hemos sido espectadores de cómo ha sedimentado en nosotros el miedo. Antes, hace treinta o cuarenta años, sentíamos un profundo miedo no sólo hacia nuestros padres, sino también hacia nuestros maestros, responsables todos de dotarnos de un respeto exquisito. Sigue leyendo La generación del miedo.

El acoso escolar y los niños sensibles.

“Aquí no te queremos. Que levante la mano quien quiera que se quede éste. Eso dijo el líder; y nadie, ni quien yo creía hasta ahora que era mi único amigo, nadie levantó la mano. Me dolió tanto que me quedé paralizado, disimulando no reaccionar, como si realmente no me importara, pero por dentro estaba echo polvo.

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Los niños felices.

Los niños felices obedecen, y hacen lo que les piden sin poner mala cara; dan las gracias, y piden disculpas cuando alguna vez se pasan de la raya; son felices, son sinceros, y no temen hablar de ellos ni de sus miedos. Son responsables, y les encanta serlo; no agreden, pero defienden con valor a quienes ven sufrir; respetan ya sean pensamientos, creencias o ideas.

Los niños felices hacen esfuerzos para superar baches y sus malos momentos; toleran frustraciones: todo eso que no salió como esperaban. Saludan mirando a la cara, tienen inquietudes, piden ayuda cuando algo se les resiste, y hacen amigos nuevos con tan sólo una mirada.

Los niños felices se aburren, pero no se agobian ni molestan; tienen criterio, y eso les permite actuar con libertad. Prestan atención en el cole, en casa y donde vayan; cuidan sus juguetes, son ordenados. Intentan hacer felices a quienes están a su lado; tienen paciencia, y aprenden a ahorrar porque saben esperar.

Los niños felices comparten lo que son y lo que tienen sin mirar con quién, saben perdonar errores, los suyos y los de los demás; sienten que son queridos y respetados, toman decisiones flexibles y adecuadas, y guardan por lo que pueda pasar mañana; sonríen porque les sale de dentro, les sale del alma, y regalan sin querer queriendo, miradas mágicas.

Los niños felices se quieren, porque son queridos con calma.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

La conducta: no es lo que se ve, es lo que no se ve.

Detrás de toda conducta hay una emoción que la sostiene, desencadena o motiva, eso es indiscutible, salvo en los casos de conductas reflejas primitivas donde la emoción no aparece hasta pasada la acción refleja. Sin la emoción, la conducta no es nada.

Toda conducta está dirigida a una meta.

Nada es casualidad, todo lo que hacemos las personas es por algo y para algo; como diría Freud, hasta los lapsus tienen su sentido, las equivocaciones incluso las omisiones, serían también intencionadas. Sigue leyendo La conducta: no es lo que se ve, es lo que no se ve.