Hijos de Caín. El poder de la envidia.

Todos llevamos algo de Caín dentro, unos más controlado que otros, pero nuestro origen animal nos delata, nos supera, y nuestro peor Yo puede salir a relucir en cualquier momento; tan sólo necesitamos sentir una amenaza para dar rienda suelta a nuestras maneras más destructivas, a nuestros peores gestos, a no mirar por nadie salvo por nosotros mismos. Lo mismo hizo Caín llegado el momento. La envidia, ese veneno tan nuestro, superó todos sus principios éticos y morales haciéndose con el control imponiendo su ley de “todo para mí”. Sigue leyendo Hijos de Caín. El poder de la envidia.

Héroe de día, cobarde de noche.

Es este momento; donde nada es lo que parece y lo que parece es nada.

La realidad está en duda, en tela de juicio, en entredicho, y lleva una mentira atada al cuello apretándole en cada instante. Somos capaces de negarnos como especie racional para reafirmar nuestra parte más simplona y pérfida, la más elemental: la de andar por casa con ese talante de valiente en chándal, contra ese otro andar pesado de cobarde enfundado en su pijama. Valiente por hacer frente a lo desconocido, sabiendo que sea lo que sea, va a ser jodido. Cobarde por ser humano, por tener miedo de una consecuencia imposible de prever y que a duras penas sólo nos permite improvisar. Sigue leyendo Héroe de día, cobarde de noche.

El duelo: cómo aceptar una pérdida.

Estamos perdiendo a muchos de nuestros seres queridos de manera repentina y además en soledad. No estamos preparados para poner en cuarentena un duelo, eso es pedirnos demasiado; no podemos hacer nada, y la desesperanza nos invade sumándose a la impotencia de ni siquiera poder compartir el dolor con el resto de la familia. Es una muerte ausente, no ignorada, pero sin cerrar, sin un adiós cercano, sin una caricia amable.

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Donde antes veíamos balcones, ahora vemos casas.

Desde mi ventana veo cada día el sentido de la vida, el sentido de los demás, el sentido de pertenecer a un conjunto de personas que se separan para luego poder volver a unirse. Nuestra ventana al mundo de los demás estaba ahí mismo, ante nuestras narices, pero no nos veíamos, no sabíamos lo importante que era para cada uno de nosotros la mirada de los demás; esas personas que ignorábamos cada día al cruzarnos y a las que sin embargo ahora sonreímos; esas mismas personas con las que aplaudimos desde nuestros balcones cada noche. Sigue leyendo Donde antes veíamos balcones, ahora vemos casas.

La mejor medicina…

Para los más pequeños y los más mayores, para mamá, para papá, para las Seños y para todos los trabajadores: «vivimos bajo una situación excepcional, a todos nos falta lo mismo, nuestra querida y ahora tan añorada rutina». Porque somos animales de costumbres, y a pesar de que nos solíamos quejar de nuestra aburrida vida rutinaria, ahora que nos falta, es cuando apreciamos su verdadero valor y el poder real que ejerce sobre nuestros ritmos de vida. Sigue leyendo La mejor medicina…

Consejos prácticos para afrontar esta sorprendente cuarentena, con los hijos en casa.

Vienen tiempos revueltos y confusos. Nos enfrentamos a nuestro peor enemigo, la ignorancia, pues nos vemos envueltos en una situación completamente desconocida para nuestro cerebro y por más que busquemos en nuestros archivos, no alcanzamos a visualizar nada parecido en nuestro más o menos reciente pasado.

¿Y qué podemos hacer? Sigue leyendo Consejos prácticos para afrontar esta sorprendente cuarentena, con los hijos en casa.

La identidad emocional y las carencias afectivas.

El apego no nace, se hace, y para ser madre o padre hace falta mucho más que traer hijos al mundo. El vínculo filial no garantiza la unión más allá del principio de pertenencia, y nuestra existencia va mucho más allá del vínculo. Nuestra identidad emocional depende de la calidad de la relación entre nuestro primer Yo (primera identidad) y la realidad (el mundo externo), y ahí estamos en manos de quienes nos traen al mundo y nos ofrecen lo que son y lo que no son (sus carencias). Somos lo que aceptamos, lo que soportamos como condición ineludible de nuestra propia existencia.

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A nuestro cerebro le gusta lo fácil, cuidado con tantas comodidades.

Venimos al mundo sin hábitos ni rutinas y observamos con asombro todo cuanto nos rodea, todo es nuevo para nuestro cerebro. Somos curiosos por naturaleza y nuestra curiosidad nos provoca querer aprender, querer saber y preguntar por todo lo desconocido. Somos lo que aprendemos, y ahí nace nuestra inquietud, nuestra necesidad de conocimientos y expansión: saber para ser. ¿Pero de dónde venimos? ¿Cuáles son nuestros antecedentes? Nuestro cerebro durante miles de años ha estado ocupado en una función casi exclusiva de autoprotección: defender su integridad y la de sus descendientes. Hemos pasado miles de años vigilando a los depredadores, miles de años programados para sobrevivir. Sigue leyendo A nuestro cerebro le gusta lo fácil, cuidado con tantas comodidades.

La fantasía de reagrupación. Infancia y separación familiar.

«Yo quiero que mi madre y mi padre estén juntos otra vez». Esta frase no he dejado de escucharla una y otra vez en los 25 años que llevo ayudando a niños y a niñas a aceptar y a afrontar los procesos de separación y transformación de sus familias. Me confiesan, entre risas nerviosas y lágrimas, que les dejan notas, dibujos, pequeños regalos, falsean comentarios de los unos hacia los otros, niegan la separación de sus padres delante sus amigos o engañan a todos alardeando de ser felices porque: «así tengo dos casas y me hacen más regalos; o separados por lo menos ya ellos no se pelean todo el tiempo». Sigue leyendo La fantasía de reagrupación. Infancia y separación familiar.

Papá, te presto mi mirada de niña. Quiero que veas todo lo que yo veo.

Papá, sólo soy una niña, y quiero disfrutar de mi forma de ver el mundo, y de mi manera de vivir el tiempo. Mírame como lo que soy, un trocito de ti, pero no como algo tuyo, porque yo creceré y seguiré siendo tu hija, pero no como una pertenencia ni como un trofeo.

Papá, sólo soy una niña que sueña con jugar, porque ahora es el momento, ahora es mi momento. Ahora tendrás que mirar las cosas como yo las veo, porque, donde tú ves una toalla, yo veo una capa para volar, o cuando miro mi cama, me la imagino como un barco mientras las sábanas lo convierten en velero. Sigue leyendo Papá, te presto mi mirada de niña. Quiero que veas todo lo que yo veo.