Maldita ansiedad, o no.

La ansiedad es el síntoma estrella del siglo XXI;  la identifican, la conocen y la expresan tanto niños, adolescentes como adultos. España es el primer país del mundo (se dice pronto) en consumo de ansiolíticos y psicofármacos. Somos líderes en gestionar mal nuestras emociones, en no saber encontrar respuestas a nuestras dificultades, en ir a lo fácil, en “tómese esto, y vuelva usted mañana”.

Pero, ¿Qué es la ansiedad? ¿A qué le tenemos tanto miedo? Sigue leyendo Maldita ansiedad, o no.

Una infancia para los niños, pero sin los niños.

Educamos de manera instintiva y casi irreflexiva; forma parte del proceso de apego y de esa necesidad ‘tan nuestra’ de vivir en comunidad. Es el eslabón que continúa nuestra cadena, es ese “yo te educo como me han educado” que no siempre ha de repetirse ni en forma ni en significado. Vemos, leemos y escuchamos infinidad de opiniones que forjan las nuestras. Sumamos a lo añadido nuestro toque personal hasta desdibujar lo que era genuino para conformarnos con un resultado más o menos vistoso de puertas para fuera. Sigue leyendo Una infancia para los niños, pero sin los niños.

El hombre más rico del mundo.

El hombre más rico del mundo tiene ocho hijos y los bolsillos vacíos. No tiene nada que dejarles en herencia; su casa es alquilada, no posee propiedades, ahorros ni títulos. Vive de sus hijos, todos personas honradas, trabajadoras y honestas. Este hombre lo tiene todo porque sabe que sus hijos le quieren por lo que él es y por lo que ha sido, su padre. Sigue leyendo El hombre más rico del mundo.

La identidad emocional y las carencias afectivas.

El apego no nace, se hace, y para ser madre o padre hace falta mucho más que traer hijos al mundo. El vínculo filial no garantiza la unión más allá del principio de pertenencia, y nuestra existencia va mucho más allá del vínculo. Nuestra identidad emocional depende de la calidad de la relación entre nuestro primer Yo (primera identidad) y la realidad (el mundo externo), y ahí estamos en manos de quienes nos traen al mundo y nos ofrecen lo que son y lo que no son (sus carencias). Somos lo que aceptamos, lo que soportamos como condición ineludible de nuestra propia existencia.

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Toda separación debería ser un acto de amor. ¿O todo era mentira?

No estamos preparados, no digo ya educados, para lo peor (a veces lo mejor) al tener que interrumpir una convivencia de la cual han nacido hijos. Sigue leyendo Toda separación debería ser un acto de amor. ¿O todo era mentira?