Denunciar el Bullying no es de chivatos, es de héroes.

A la niña que se intentó suicidar hace unos días sus compañeros del colegio le llamaban “rata inmunda, sudaca de mierda” y no quiero imaginar cuántas barbaridades más. ¿Qué hacen niños de nueve años acosando, insultando, humillando y vejando a una niña de su misma edad? ¿Eso es lo que estamos consiguiendo como sociedad? Por más campañas contra el Acoso o Bullying que se hacen, por más sensibilización hacia la igualdad o contra el racismo, por mucho que se hable de respeto… otra niña se ha intentado suicidar con tan sólo diez años, y en el segundo día de volver al colegio. Sigue leyendo Denunciar el Bullying no es de chivatos, es de héroes.

Hijos de Caín. El poder de la envidia.

Todos llevamos algo de Caín dentro, unos más controlado que otros, pero nuestro origen animal nos delata, nos supera, y nuestro peor Yo puede salir a relucir en cualquier momento; tan sólo necesitamos sentir una amenaza para dar rienda suelta a nuestras maneras más destructivas, a nuestros peores gestos, a no mirar por nadie salvo por nosotros mismos. Lo mismo hizo Caín llegado el momento. La envidia, ese veneno tan nuestro, superó todos sus principios éticos y morales haciéndose con el control imponiendo su ley de “todo para mí”. Sigue leyendo Hijos de Caín. El poder de la envidia.

Infancia y violencia: consecuencias.

Violencia de género, violencia machista, violencia doméstica, violencia filioparental, violencia callejera, violencia deportiva… Sí, somos violentos y no siempre funciona bien nuestro cerebro, y los impulsos no se contienen, y la agresión -en todas sus formas- se convierte en un modus operandi, en una manera peligrosa de vivir. La conducta agresiva ha estado presente en todas las épocas y se da en todas las culturas. En la infancia también ocurre, centrando su actividad principal en la edad de la escolarización formal, entre lo seis y los dieciséis años, aproximadamente. Sigue leyendo Infancia y violencia: consecuencias.

La generación del miedo.

Los padres de hoy somos los hijos de ayer, y desde entonces hasta ahora hemos sido espectadores de cómo ha sedimentado en nosotros el miedo. Antes, hace treinta o cuarenta años, sentíamos un profundo miedo no sólo hacia nuestros padres, sino también hacia nuestros maestros, responsables todos de dotarnos de un respeto exquisito. Sigue leyendo La generación del miedo.