Derechos Humanos Básicos

1. El derecho a mantener tu dignidad y respeto comportándote de forma habilidosa o asertiva (incluso si la otra persona se siente herida) mientras no violes los derechos humanos básicos de los demás.

2. El derecho a ser tratado con respeto y dignidad. Sigue leyendo Derechos Humanos Básicos

Jugar es para siempre.

El juego es un instinto innato y universal que se da en todas las especies animales de manera espontánea y en todo contexto. Jugar es tan importante como comer, beber o dormir. Es una necesidad básica para el desarrollo psicosocial, jugar nos ayuda a comprender el mundo; el juego permite toda interacción real o imaginaria porque sólo es juego, no hay juicios de valor, no hay moralidad ni ética, todo vale, es una realidad líquida que se adapta a la necesidad de cada momento. Sigue leyendo Jugar es para siempre.

La Hucha del Tiempo: ganar megas ahorrando ocio.

Estamos en un momento de abuso absoluto de los juegos tecnológicos, y no son malos, todo lo contrario, lo que ocurre es que son muy difíciles de educar bien al crear tanta dependencia por las emociones implicadas en ese tipo de ocio: rivalidad, competitividad, poder,…pero sobre todo fascinación. Luchar todos los días para que no abusen es agotador, por eso he desarrollado esta sencilla idea, para que aprendamos todos a limitar, gestionar y variar su tiempo de ocio. Sigue leyendo La Hucha del Tiempo: ganar megas ahorrando ocio.

La generación del miedo.

Los padres de hoy somos los hijos de ayer, y desde entonces hasta ahora hemos sido espectadores de cómo ha sedimentado en nosotros el miedo. Antes, hace treinta o cuarenta años, sentíamos un profundo miedo no sólo hacia nuestros padres, sino también hacia nuestros maestros, responsables todos de dotarnos de un respeto exquisito. Sigue leyendo La generación del miedo.

La escuela, un océano rumbo a los demás.  

Icemos las manos como banderas, elevemos el ancla, y pongamos rumbo a los demás.

Unamos las mesas del cole para que se conviertan en barcos, y las sillas alrededor salpicando como alegres olas de un tranquilo mar.

Dibujemos con tizas en cada pizarra cielos repletos de nubes, aves surcando el firmamento y un radiante sol.

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Que no son gigantes, niños, sino docentes.

“Mire, mi señor, que no son gigantes sino molinos, y lo que parecen brazos son las aspas”. Disculpen esta osada tropelía al querer emular tan noble literatura, pero sírvame el símil al tratarse, como verán sus mercedes, de aventuras donde singulares caballeros e intrépidas damas, se entregan a su labor docente; y aunque vivir la docencia no es ninguna novela de caballería, demasiadas veces lo pareciere. Sigue leyendo Que no son gigantes, niños, sino docentes.

Cincuenta veces no

No hagas eso, no te quejes, no digas nada, no pienses, no te relajes, no se te ocurra. No, negación volcada del error, rechazo de cuanto intentas y no alcanzas. No, laberinto de la razón tan necesario como innecesario, rechazado por representar la sobriedad de una realidad contraria y desaprobada. Sigue leyendo Cincuenta veces no

Los docentes también lloran.

Todos hemos tenido una maestra o un maestro que recordamos de manera entrañable por su ternura o su paciencia; los hubo y los habrá que no, que los recordemos por su firmeza o exigencia, pero todos tienen un denominador común, todos han sido habitantes del planeta escuela. Sigue leyendo Los docentes también lloran.

Quien bien te quiere, te hará educar.

Pongamos algunas cosas en su sitio. No quiere más quien protege sino quien enseña a protegerse. No quiere más quien ayuda, sino quien prefiere que aprendas a solucionar tus propios problemas. No quiere más quien lo dice, sino quien lo demuestra.

Y no, no hace falta que te haga llorar como el conocido refrán, Sigue leyendo Quien bien te quiere, te hará educar.