Todos tenemos vecinos de cabecera, o casi todos; y debemos tener mucho cuidado con esta especie, dan consejos sin que se los pidan; asaltan a sus víctimas en los descansillos, en los ascensores o en las zonas comunes. Tienen cara de buena gente y su lema es la disponibilidad permanente. Siempre tienen tiempo para interesarse por tu estado y por el de tu familia; muy despacio, se acercan, manejan la conversación sigilosamente y se abalanzan sobre ti sin piedad dándote consejos, recetas caseras, y si te descuidas, te cuentan varias anécdotas en primera persona o de alguno de sus muchos familiares.
Muy importante, no les ofendas con un rechazo directo, si se sienten agredidos pueden llegar a contarte una operación que tuvo a vida o muerte empleando términos tan técnicos que ni un médico cirujano podría descifrar. Simplemente sonríe y da las gracias, di que tratarás de llevar a cabo todos sus buenos consejos, y sal corriendo, sé ágil, invéntate una excusa con la que poder ir ganando distancia; hasta el tercer o cuarto gracias no suelen parar, no saben.
Tienen remedios contra todo tipo de síntomas, saben de psicología, de pedagogía, enfermería y un poco de asesoría legal. Dan ejemplos prácticos para todo tipo de situaciones, son modelos a seguir sobre cómo afrontar los momentos difíciles de la vida; da igual que tus hijos tengan sólo meses, también saben de pediatría popular.
Estimados vecinos de cabecera, gracias por todo, de verdad, pero lo que a unos les funciona a otros nos puede matar.
Quien de todo sabe de nada entiende.
Luis Aretio