Hijos: ni medio llenos ni medio vacíos, simplemente por la mitad.

El eterno debate sobre el optimismo contra el pesimismo, o blanco o negro, pero del gris “ni mu”. Si nos parásemos a pensar, nos daríamos cuenta de la cantidad de esfuerzos que realizamos en querer entender la realidad desde sus opuestos más absolutos.

La realidad no es lo que cada persona percibe, esa es sólo una parte de su realidad. Si somos capaces de entender eso, ya estamos un poco más cerca de lo que realmente tenemos ante nosotros. Un problema deja de ser problema cuando se decide la solución más eficaz. Dejemos de lamentarnos por no estar siempre en el lado más sano de la realidad, nuestros hijos tampoco se sienten bien todos los días. Dejemos de etiquetar su personalidad desde lo que les falta o no logran alcanzar con la exigencia que conlleva para ellos cuando los miramos con cara de “tienes que mejorar porque sé que tú puedes dar mucho más”. Ya sea en las notas, en el desarrollo del talento, en las relaciones sociales, en lo deportivo o en el campo artístico; ya sea en su autoestima o en su inteligencia emocional.

Queramos a nuestros hijos por imperfectos tanto como por brillantes, aceptemos su realidad de origen terrenal tan real como la nuestra. Dejemos que las habilidades fluyan tanto como las ganas de hacer entre todos las cosas un poco mejor, pero en un escenario amable donde los errores sabemos que están siempre a la espera de poder aparecer.

Nos sentimos frustrados en la media que no vemos cumplidas nuestras expectativas, que como buenas conjeturas, siempre las lanzamos hacia el lado más agradable de afrontar, ese lado de la realidad en el que “todo va bien”, y… sin pecar de simples, enseñemos a nuestros hijos a aceptar sus propias limitaciones mostrándoles también las nuestras. Abracemos cada avance y cada tropiezo, y estaremos ofreciendo a nuestros hijos una visión más real de si mismos, alejada de mensajes de liderazgos ficticios.

Unos hijos medio llenos, tendrán una familia medio vacía.

Unos hijos medio vacíos, tendrán una familia decepcionada.

Queramos a nuestros hijos como son y no como “nos dicen” que tienen que ser.

Y recuerda que no es magia, es educación.

2 comentarios en “Hijos: ni medio llenos ni medio vacíos, simplemente por la mitad.”

  1. Luis, mi más sincera enhorabuena por esta última entrada ( las otras también son geniales) , es justo lo que me hace falta en este momento de mi vida, que alguien me lo repita una y otra vez, pues es cierto que seguimos con la cantinela bien aprendida por la sociedad de hacer destacar a nuestros hijos sobre los demás sobre todo académicamente y la bondad , educación , respeto , felicidad quedan en el olvido.
    Muchas gracias y sigue recordándonos lo fundamental.

    1. Gracias Ana por aportar tu opinión y por tus amables palabras. Ese es uno de nuestros grandes objetivos, potenciar el criterio propio de cada familia, de cada miembro que la compone; que no necesitemos una referencia o un arquetipo para saber qué es lo que queremos para nuestros hijos. Hacer lo que los demás hacen, sin un argumento de peso que respalde nuestras decisiones, es enseñar a nuestros hijos a dejar que sean los demás quienes piensen por ellos…y a eso no hay derecho. Un saludo

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