LA INFANCIA: Candidatura al Premio Princesa de Asturias a la Concordia 2022

No, no es un loco, es un maestro. No es un lunático, es de Cádiz, y mira por dónde ha volcado su empeño en quienes más cerca tenía, en sus niños  y en sus niñas, esos de quienes tanto lleva aprendido. Se llama Francisco y de apellido conquistador, Cid. ¡Qué va a hacer con semejante herencia! Dar la talla, dar la cara, pelear por sus niños y niñas y dejarlo todo en el intento. ¡Qué ocurrencia ha tenido este maestro de promover y nominar a la infancia como Premio Princesa de Asturias a la Concordia 2022! ¿Motivos? ¿Argumentos? Yo diría que sobran, pero para los más “cerraditos de molla” ahí van unos cuantos ejemplos:

Primero el contexto : septiembre de 2020. Llevamos seis meses de pandemia, seis meses donde todo son palos de ciego, donde no se sabe qué hacer ni cómo solucionar un problema que causa un bichito contra el que no se tiene remedio. Antes de esto, ah, sí, quedaos en casa por si acaso. Olvidaos de vuestros amigos, de vuestras maestras y a maestros, olvidaos del recreo del bocadillo y de los juegos. Todos en casa, y vaya qué ejemplo nos dieron.  Y esto sólo es el contexto. Vamos al lío:

Comienza el nuevo curso y soportan nuestro último experimento: que todos vuelvan a las aulas, mascarillas, ventanas abiertas, el bocadillo en la mesa, sin compartir una goma ni un saca, sin poder jugar en el patio ni con balones ni con nada, sin contacto físico, sin prestar ni un pañuelo, y ellos, hala, a respetar las normas que los adultos les imponemos.

Invierno de guantes, mantas en las piernas, gorros y bufandas, y el bicho sobrevolando… pero ellos todos los días al cole tan contentos como atentos. ¿De dónde sacan esas ganas de hacer todo lo que les pedimos y además seguir sonriendo?

¿Y los abuelos de muchos de ellos? Muchos se han ido antes de tiempo, y sus nietos, y sus nietas, no han tenido más remedio que mirar al cielo por si se asoman y, en un momentito tan oportuno como mágico, les pueden mandar un beso. Han visto cómo sus padres lloraban la ausencia de sus abuelos en silencio, y eso no tiene precio.

Los parques precintados por orden ¿de algún adulto? ¿Por orden de alguien que no se les ocurrió pensar en ellos? Y ellos… niños y niñas, miraban los precintos de los columpios y de los toboganes con cara de “en cuanto me dejen me tiro de nuevo”, sin renunciar al esfuerzo de obedecer y respetar todo… lo que se nos iba ocurriendo.

La Navidad sin la ilusión de ver reunida a la familia, con los pocos que nos permitían, y con el miedo de poder contagiar a sus abuelos. Sin Cabalgata de Reyes, sin los eventos de otros años, sin más remedio que poner buena cara a todo lo que sin mucho criterio… se nos iba ocurriendo.

Cinco olas de contagios, ya seis, y ellos, erre que erre, con sus mascarillas en clase, con sus ventanas abiertas… y un nuevo invierno.

Las Niñas y Niños de este país y de todos, han soportado lo inimaginable por inesperado, por complicado, por desconocido, por amenazante, por desgarrador en demasiados casos. Las Niñas y Niños se merecen mucho más que un premio, se merecen un futuro mejor por y para ellos.

Yo de mayor, quiero ser como ellos.

Por favor, Francisco Cid y yo, pedimos vuestro apoyo a la candidatura de los Premios Princesa de Asturias a la Concordia 2022 para que les sea otorgado a todas las niñas y niños, a toda la infancia por su extraordinario ejemplo. Gracias

Aquí os dejamos cómo hacerlo:

 

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