Nuestros hijos tienen de todo, y en eso estamos todos de acuerdo. El problema es que no lo valoran y además no nos lo agradecen. ¿Dónde han aprendido a no respetar lo que les ofrecemos si resulta que para dárselo tenemos que renunciar a otras cosas? ¿Por qué hemos permitido que nos traten con menosprecio y además llegado el caso a soportar sus desprecios? Dar, sin pedir nada a cambio, es un acto peligroso con consecuencias nocivas tanto para nuestros hijos como para nosotros. Pedir un esfuerzo a cambio, un gesto amable, un “gracias” por lo que les damos, por pequeños que ellos sean, es un acto de amor tan importante como el esfuerzo que hacemos para que no les falte de nada.
Luis Aretio