Los cuatro amores de la vida: Te necesito. Te admiro. Te rechazo. Y te quiero.

Y en este caso el orden de los amores sí altera el producto; porque nada se entiende sin lo que hemos sido, porque damos desde lo que hemos recibido y porque amamos según hemos sido queridos.

1.- Te necesito. 

Una dependencia programada. Somos la especie que más tarda en madurar y en independizarse de sus progenitores, algunos incluso no lo consiguen. El apego y la cultura nos pueden y nos determinan. Nuestros hijos nos necesitan para vivir, para crecer. La necesidad biológica, la dependencia para las necesidades básicas, la protección, el sentimiento de identidad y pertenencia; todo se forja en la primera infancia, y de cómo haya sido conectado el bebé con la realidad, así le irá en la vida.

2.- Te admiro.

La omnipotencia de los padres es vivida como real desde la visión egocéntrica del pensamiento de “si mis padres lo pueden todo, yo también”, favoreciendo una imagen indestructible tanto de papá y mamá como de sí mismo. El fervor de la admiración convierte a los niños en unos fanáticos de cómo quieren ser al crecer y a quiénes tienen que imitar para conseguirlo. Sí, nos admiran, pero es casi por puro egoísmo. En esta etapa se forjan las reglas de vida, el manual de cómo funciona el mundo. Aparece la amistad, la lealtad, la conciencia plena con sus aciertos y sus fracasos, eso que algunos llaman autoestima.

3.- Te rechazo.

Nada de lo que antes servía ahora funciona. Es la etapa de “mirad qué poco me parezco ya a vosotros, ahora por fin soy Yo”. Y lo que ocurre es que en ese trance ellos tampoco tienen muy claro quiénes son. Son un proyecto de cambio y para poder culminar su metamorfosis algunos sienten que tienen que distanciarse de todo lo que han sido, ignorando cómo será el resultado final de toda esta transformación al mutar de ser niños a ser algo parecido a los adultos. La palabra adolescencia viene de la raíz latina adolescere (condición o proceso de crecimiento).

4.- Te quiero.

Es cuando llega el amor y se queda para siempre. Es cuando se superan las carencias y las dudas y aparece la calma. Es cuando nuestros hijos culminan esta etapa y todo vuelve a ser como antes era, con sus más y sus menos pero con la confianza de perpetuar el vínculo de unión entre los seres más queridos. Es un amor sereno, maduro y pausado. Ya no hay prisas ni miedos ni grandes cambios (a veces sí); es la etapa de disfrutar de lo que hemos ido aprendiendo a lo largo de todo el camino.

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Aunque parezcan cuatro etapas son sólo una; porque todas van cogidas de la mano del cariño y el apego forjados desde el día que nacemos hasta el día que nos despedimos.

No son cuatro amores, son un mismo amor madurando en este proceso de sentirnos queridos. Son el sentido de la vida resumido en cuatro acertijos o en cuatro maravillosos laberintos.

No es magia, es educación.

Luis Aretio.

3 comentarios sobre “Los cuatro amores de la vida: Te necesito. Te admiro. Te rechazo. Y te quiero.”

  1. Me viene anillo al dedo… Alejandro empieza a entrar en la etapa de adolescente y a veces, con mi carácter ufff… y del chico… ¡que te voy a contar!. Me ha encantado como todo lo que escribes y me ha hecho pensar mucho, entenderlos mejor y cargarme un poco mas de paciencia. Gracias. Un beso enorme.

    1. Gracias Ana, qué bonito ver cómo esto tiene esa maravillosa consecuencia de ser tan adecuado como bonito, porque si sirve para mejorar esa relación tan mágica como a veces frágil de la unión de una madre con sus hijos, qué más puedo pedir! Gracias por ese beso tan grande. Otro para ti.

  2. Me encanta. Y me encanta ver como evolucionan, como van creando su propia personalidad, empiezan a tener criterio, a elegir, a saber lo que quieren y lo que no. Aunque me dé penita ver lo rápido que pasa el tiempo, pero es un orgullo compartirlo con ellos.

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