Los niños felices.

Los niños felices obedecen, y hacen lo que les piden sin poner mala cara.

Los niños felices dan las gracias, y además les brilla inocente la mirada.

Los niños felices piden disculpas cuando alguna vez se pasan «de la raya».

Los niños felices son sinceros y no temen hablar de ellos ni de sus miedos.

Los niños felices son responsables, y les encanta serlo cada día un poco más.

Los niños felices no agreden, pero defienden con valor a quienes ven sufrir.

Los niños felices respetan ya sean pensamientos, creencias o ideas.

Los niños felices disfrutan, sobre todo de las cosas más bellas.

Los niños felices hacen esfuerzos para superar baches y malos momentos.

Los niños felices toleran frustraciones, eso que no salió como esperaban.

Los niños felices saludan, y lo hacen con educación y ternura.

Los niños felices descansan, y se despiertan con ganas de «marcha».

Los niños felices se interesan por desarrollar sus habilidades e inquietudes.

Los niños felices prestan sus pertenencias a quienes las necesiten.

Los niños felices piden ayuda cuando ven que algo se les resiste.

Los niños felices hacen amigos nuevos con tan sólo una mirada.

Los niños felices se aburren pero ni se agobian ni molestan.

Los niños felices tienen criterio, eso les permite actuar con libertad.

Los niños felices prestan atención en el cole, en casa y donde vayan.

Los niños felices cuidan sus juguetes con cariño, orden y delicadeza.

Los niños felices intentan hacer felices también a los demás.

Los niños felices ahorran y aprenden a tener paciencia.

Los niños felices perdonan los errores de los demás y los suyos.

Los niños felices destacan sin necesidad de rivalizar con los demás.

Los niños felices curan heridas allí donde la medicina no alcanza.

Los niños felices ayudan a los demás porque sí, sin ánimo de más nada .

Los niños felices comparten lo que son y lo que tienen sin mirar a quién.

Los niños felices sienten que son queridos y respetados.

Los niños felices toman decisiones flexibles y adecuadas.

Los niños felices guardan por lo que pueda pasar mañana.

Los niños felices sonríen porque les sale de dentro, del alma.

Los niños felices regalan “sin querer queriendo” miradas mágicas.

Los niños felices se quieren, porque son queridos con calma.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

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