La identidad emocional y las carencias afectivas.

El apego no nace, se hace, y para ser madre o padre hace falta mucho más que traer hijos al mundo. El vínculo filial no garantiza la unión más allá del principio de pertenencia, y nuestra existencia va mucho más allá del vínculo. Nuestra identidad emocional depende de la calidad de la relación entre nuestro primer Yo (primera identidad) y la realidad (el mundo externo), y ahí estamos en manos de quienes nos traen al mundo y nos ofrecen lo que son y lo que no son (sus carencias). Somos lo que aceptamos, lo que soportamos como condición ineludible de nuestra propia existencia.

Nuestra identidad emocional se forja a base de incorporar nuevos esquemas de pensamiento que estarán condicionados por una realidad afectiva mejor o peor, el famoso «dime cómo te han querido… ». Primero mamá, con su pecho magnífico y sus brazos eternos. Luego papá, con su ternura inconmensurable. Pero no siempre es así. Mamá no siempre absorbe la angustia sino que la rechaza; siente miedo, ansiedad, soledad, y el bebé se desconecta del mundo al no saberse comprendido ni arropado. El padre no siempre sabe encontrar su lugar en la relación con su bebé recién nacido. Lo cuida, lo acompaña, pero no siempre sabe estar a la altura de las nuevas necesidades afectivas y demandas de cuidados tanto hacia la madre como hacia el bebé.

Amamos desde el amor de nuestros padres, y nuestras carencias actuales son también parte de esa misma herencia que les vamos a ofrecer a nuestros hijos. “Quien no tiene, no puede dar», y es necesario que sepamos aceptar eso que no nos han dado para no caer en el mismo error y repetir un patrón basado en nuestras carencias. Pero la herencia afectiva es muy fuerte porque es lo que hemos «mamado», y los miedos también se heredan, de uno en uno.

Somos lo que somos y lo que no hemos sido. Somos lo que tenemos y lo que nos falta. Somos lo que queremos ser y lo que quisimos ser. Somos mucho más de lo que conocemos de nuestra limitada imagen o identidad. Somos el resultado de emociones que hemos vivido pero a las que no tenemos acceso al no poder evocar recuerdos tan primitivos. Sin embargo esas emociones ocultas son las que nos condicionan desde el Yo No Consciente y acompañan al Yo Consciente en cada jornada; son la base emocional sobre la que construimos el resto de nuestra identidad emocional, son los cimientos de una estructura psíquica por desarrollar.

Somos también lo que no vamos a poder ser porque hemos de aceptar, desde nuestras limitaciones y desde las de los demás, que no todo es posible, que nuestras expectativas son finitas. Tomar conciencia de nuestras limitaciones nos facilita una posición más humilde y sencilla lejos de lo sofisticado que resulta hoy vivir en paz, pero sobre todo lejos de las dependencias afectivas basadas en todas las inevitables carencias.

Si somos parte lo que fuimos y de lo que no pudimos ser, también seremos parte de lo que somos y de lo que nunca podremos ser.

Luis Aretio

5 comentarios en «La identidad emocional y las carencias afectivas.»

  1. Gracias, Luís, por tus reflexiones. «Somos también lo que no vamos a poder ser» Ufff!!! Tomar conciencia de nuestras limitaciones nos facilita una posición más humilde.

  2. Una reflexión más que acertada. Vaya época la infancia. Hace tiempo pensaba, cómo todos creo, que es una época preparatoria de la «verdadera vida», la del adulto. Cada vez veo más claro que es la vida en si misma, con toda la frustración, aprendizaje, vivencias, vínculos… Incluso puede que los adultos sólo seamos el deterioro de la época más importante.

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