Acoso escolar: “Ellos me conocen, pero no saben quien soy”.

Mario lleva agobiado desde que terminó el curso; sus padres desesperados han buscado ayuda profesional y nos hemos entrevistado. “Vamos muy justos, en una semana me marcho de vacaciones”. Aún así, me animo a darles cita para Mario y tratar de asomarme a sus emociones, para mirar “qué le pasa”.

“Mario no quiere estudiar, le han quedado cinco y no hace nada. Él dice que es un vago y que no le gusta hacer esfuerzos, eso sí, a La Play no hay quien le gane; puede pasar entre seis y ocho horas al día jugando”. Me cuentan sus padres.

Mario acude a la cita con cara de desconfiado, me cuenta que intenta estudiar pero que le resulta imposible; rompe a llorar lamentándose por no haber hecho más de lo que hizo durante el curso. Todas las mañanas igual: “me levanto, desayuno y me pongo a estudiar, pero me siento delante del libro y me agobio; al final me pongo a pensar y acabo jugando a La Play, es lo único que me hace sentir bien”.

Mario no tiene final a la hora de jugar, no para, no sabe lo que es eso.

Dejo que se relaje, le pido que me hable de cómo se siente, no de qué hace; por fin me cuenta que está sufriendo desde primaria, y no por las notas, sino porque es rechazado por un buen grupo de ¿compañeros? Mario sufre acoso escolar, eso que en inglés se llama bullying, pero que traducido a cualquier idioma sólo tiene un significado: dolor.

Mario no le ha contado nunca a nadie lo que le pasa, ni siquiera a sus padres.

“Luis, llevo cinco años sufriendo acoso”. Tiro un poco mas del hilo del acoso: rechazo, maltrato, humillaciones, vejaciones, collejas, empujones… y un repertorio de insultos que quita el aliento al oírlos salir de su boca, uno a uno, lágrima a lágrima. Ahora Mario tiene trece años; no es justo, no hay derecho.

Mario se ha roto en mi consulta, por fin ha podido mostrar a alguien las heridas de su alma. “No te preocupes chaval, que de esta salimos juntos y ya verás como todo cambia”. Sonríe entre lágrimas, entre el miedo y la felicidad, entre la angustia y el ansia de querer sentir calma. “No te preocupes Mario, dame un abrazo y deja que salga toda tu rabia”.

Mario no sólo ha abierto su alma, ha abierto los ojos, y sólo tiene una pregunta que se repite al mismo ritmo que su rabia: “¿Por qué, Luis, por qué?”. No te preocupes Mario, esa pregunta no te corresponde hacerla a ti, si no a los padres de quienes te odian y te rechazan.

Mario es sensible, cariñoso, educado, amable y muy simpático.

“Ya sé por qué Mario, porque sienten envidia de cómo eres”. Se ha secado las lágrimas y ha levantado la mirada; ahora se siente comprendido, desahogado, renovado y valorado. Le ha cambiado el brillo de la mirada; ahora siente ganas, muchas ganas de hacer cosas, de estudiar, de ordenar su rutina, de dejar de pensar en los demás y empezar a pensar en sí mismo.

Su madre suspira aliviada sin poder contener sus lágrimas. “No me esperaba esto Luis, no me hacía a la idea de tanto dolor, y en casa no alcanzamos a darnos cuenta de lo que le pasaba. Pensábamos que era flojo, que sólo quería jugar, pero ahora entiendo que La Play era su isla, su refugio, lo único que le hacía olvidar todo el daño que soportaba”.

Ha sido una suerte porque me voy de vacaciones, pero al menos Mario se ha salvado de la hoguera de una incomprensión nefasta. Me marcho Mario, pero desde hoy nada será igual, desde hoy nunca más te sentirás solo.

 “Ellos me conocen, pero no saben quién soy”.

 Con esta demoledora frase es como termina Mario la consulta, con una nueva actitud y una mirada renovada.

Me voy de vacaciones y me llevaré sus lágrimas para arrojarlas al mar de la ignorancia. Buena suerte Mario, y descansa.

¡Nos vemos en septiembre chaval!

Luis Aretio

4 comentarios sobre “Acoso escolar: “Ellos me conocen, pero no saben quien soy”.”

  1. Uf qué tema más duro y lo conozco de lo lindo, ocho años lleva mi hija y este año por fin tuve pruebas para llevarlos al tribunal de menores y para lo único que ha servido es para que a sus padres les cueste el dinero y su tiempo, porque por desgracia algunos se dedican a defenderlos y sacarles las castañas del fuego a golpe de talonario, qué pena que no se den cuenta que sus hijos tienen un problema y que necesitan más ayuda que mi hija, porque ella por suerte tiene su sicóloga y sus padres y el mejor amigo del mundo que es capaz de defender todas las injusticias del mundo

  2. Gracias, Luis…
    Las madres, padres, equipo docente y la sociedad en general deberíamos dar un frenazo en seco y mirarnos bien “pa’dentro” a ver cuánto y cómo contribuimos al “disfrazar” el acoso escolar con frases como.por ejemplo “son cosas de niñ@s”, “es una tontería,” “siempre ha sido así y nunca han hábito tantas tonterías”……

    Os pregunto… Son cosas de niñ@s?

    Claro que no… es cosa de tod@s, responsabilidad de tod@s y la solución está en tod@s.

    Gracias por este rayito de esperanza, para Mario y su familia… rayito que va también para todas las personas que reflexionamos y ACTUAMOS, ante esta problemática cada vez más extendida.

    Buen verano.

  3. Gracias Luis…. Pone los pelos de punta pensar cuanto dolor sienten algunos de los niños que se pasan horas enganchados a sus móviles, tablet, play ……. los adultos tenemos que aprender a generar en ellos confianza y a saber escucharles. Sin duda hablar de ello y sentirse reconocido es un primer paso para “sanar”. Bien claro lo tiene Mario “ellos me conocen, pero no saben quién soy”.

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