Estamos engañando a nuestros hijos: La vida no es lo que ellos piensan.  

Nada importante es fácil, y la vida de nuestros hijos es demasiado importante como para hacerles creer que todo será un camino de rosas. En este sentido somos la generación más desconectada de la realidad de cuantas nos hayan precedido. La infancia se ha convertido, la hemos convertido, en una bacanal de permanentes ofrendas a un dios de plástico y litio, y nada perdura más allá de la efímera obsolescencia de cada regalo nuevo.

Todo se presenta de manera dada, del esfuerzo no queda ni huella. El sacrificio vive sus horas más bajas y la abnegación deambula disfrazada de pereza. Nuestros hijos crecen en la más absoluta abundancia, y crecen pensando que el maná cae del cielo, que la familia es un simple proveedor de agasajos y regalos, que el sentido de la felicidad, su felicidad, es tener por tener, sin pagar tributos a cuenta.

No hay derecho a mentirles de la manera que les estamos mintiendo. ¿Qué ocurrirá cuando llegue el momento de no poder mantener este costoso ritual del “toma y disfrútalo”? Serán hijos frustrados por una mentira cruel, la mentira de vivir a base de ser felices sin nada que aportar, sólo sumar, adquirir y tirar.

Lo inmediato provoca dependencia, el quiero se ha convertido en lo necesito ya; la espera ha muerto a manos de la impaciencia asesinada por el destello de un mensajero que llama a nuestra puerta. Lo quiero y lo pido, lo quiero y lo tengo. Su mentira es nuestra mentira, y es nuestra manera de fastidiarles la vida, cosa que no entiendo y no creo que llegue a entender. ¿Acaso a ti te regalaron lo que eres y lo que tienes? A mi no, a mi me hicieron el gran favor de enseñarme a esperar, de ahorrar, de ir contando los días en el calendario para alcanzar la meta y conseguir por mi mismo aquello tan deseado.

Yo tuve la fortuna de tener unos padres que aún pudiendo darme lo que yo quería, no me lo daban porque me querían. Al principio no lo comprendía, me quejaba, me revelaba, pero al crecer lo entendí todo y ahora yo hago lo mismo con mi hija. Ella no lo comprende, pero sé que un día lo hará como sé que lo agradecerá. 

No es magia, es educación.

Luis Aretio

 

9 comentarios sobre “Estamos engañando a nuestros hijos: La vida no es lo que ellos piensan.  ”

  1. Totalmente de acuerdo. La situación es esa y, tanto los padres como todo el sistema social está ordenado para ello.
    Necesitamos tiempo (0-6 años), lugares o espacios y personal altamente cualificado para EDUCAR (no escuela a esas edades), no maestros o profesores, EDUCADORES de niños (0-6 años) y con una fuerte incidencia y presencia de los padres en los tiempos y espacios educativos además de la casa.
    La educación de ningún modo es igual a enseñanza (escuela) aunque la escuela debe proseguir la educación que se ha desarrollado antes, en el TIEMPO EDUCATIVO (0-6 años).

    1. La escuela tradicional se ha quedado obsoleta Isidro, lo malo es que el otro extremo, el de la innovación educativa no está conectada con el contexto social actual, y se produce un desequilibrio que genera suspicacias y desconfianzas. No es el modelo a seguir, son las personas, la mentalidad de esas personas que han de participar e implicarse en esos nuevos esquemas que nos trasladas en tu comentario!!!

  2. Luis como siempre estupendo escrito. Totalmente de acuerdo en todo.
    Es con sacrificio y esfuerzo cuando se saborean los resultados.La inmediatez de todo llega a cansar y ser rutina.
    Gracias por insistir en lo importante. Un beso.

  3. No estoy de acuerdo con este artículo…. creo que generaliza mucho. Soy madre de dos adolescentes y muy adolescentes con todas sus cosas positivas y quizás más negativas ahora por la edad que disfrutan, sin embargo a mis hijos yo NUNCA les miento, nunca les he dicho que la vida es “un camino de rosas” nada se les ha regalado y siempre he valorado su esfuerzo por poco que haya sido, y…. por último no viven en un mundo de ‘absoluta abundancia’, todo lo contrario, gracias a Dios no les falta de nada, les enseño a vivir y a tener una maravillosa vida con lo poco que tienen que es más que suficiente.

    Agradezco mucho que lo compartan porque me he dado cuenta que lo estoy haciendo BIEN!

    GRACIAS

    1. Es exactamente eso, una generalización, pero no busco con ella una afirmación, sino una reflexión. Claro que no todo el mundo miente a sus hijos, no es más que un recurso literario con el que provocar una reflexión. Si te paras a mirar a tu alrededor creo que podrás ver parte de esa realidad de la que pretendo hablar: niños arrogantes, desafiantes, irrespetuosos con sus padres, con sus profesores, con los demás; hijos de una ignorante manera de educar por negligente y por opaca. Bravo por ti , por vuestro modelo de educación y por tu buen gusto, en mi casa hago lo mismo, predicar con el ejemplo.

  4. Tampoco estoy de acuerdo con este artículo…. Soy madre de dos niños de 8 y 10 años. Nunca les he mentido a mis hijos. Cuando eran pequeños y los tenía que dejar con los abuelos para irme a trabajar les decía la verdad, no los engañaba diciéndoles que era un momentito y que volvería pronto.
    Si quieren algo se lo tienen que ganar, no se lo compro así porque si, o se los compran ellos de sus ahorros.
    Colaboran en casa en todo lo que pueden. Los voy enseñando a todo, en cuanto su edad me lo va permitiendo, que sepan lo que les espera fuera, y que mamá, aunque eso quisiéramos todas las madres, no vamos a estar siempre.
    Que se tienen que equivocar y aprender de ello.
    Les enseño el valor de las cosas y lo que cuesta conseguirlas.
    Cuando me piden algo les hago cuestionar si realmente es necesario o no.
    Hoy por hoy sólo puedo decir que estoy muy orgullosa de mis hijos.
    Y como han mencionado en el comentario anterior, gracias a este artículo me doy cuenta de que tanto su padre como yo lo estamos haciendo bien. Gracias.

    1. Me encanta la disertación, la discrepancia y la variedad de opiniones, Y si te soy sincero, mucho más que el simple hecho de que me den la razón. Y al igual que el comentario anterior, me alegra que os sirva para reforzar la idea de vuestra asertividad a la hora de educar. No soporto a quienes tratan a los niños como si fueran bobos y a los adolescentes como si fueran imbéciles, tienen una vida emocional tan compleja como la nuestra, pero los despreciamos demasiadas veces con nuestras maneras hacia ellos; no hay cosa peor que ningunearlos y menospreciarlos contándoles milongas que no van a ninguna parte. Bravo por vosotros, como ya he comentado el artículo se basa en una generalización que tan sólo busca provocar una reflexión, no pretendo hacerlo extensible a todas las familias, pero sí es cierto que en una gran mayoría, la educación deja mucho que desear.

    2. El hecho de que vosotros eduquéis a vuestros hijos de forma adecuada no quiere decir que el artículo no tenga razón. De hecho, en líneas generales tiene mucha razón, con las excepciones de rigor, claro está. La sociedad está montada para poner en la retina de los niños todas las cosas materiales habidas y por haber, y eso, con los videojuegos y otras porquerías que da la tecnología actual, hace que todo sea más difícil para los padres.

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