La familia, bien, gracias.

Cuando nada es lo que parece y lo que parece es nada más que una parte de lo que pretendías pero que al tomar conciencia de todo ya nada es como lo que querías. La familia, bien, gracias.

Cuando tus hijos te demuestran que no te van a hacer más caso del que te hacen actualmente y además ves que te siguen pidiendo dinero para vestir y salir porque saben que no vas a dejar que sean menos que los demás . La familia, bien, gracias.

Cuando el sueldo no da más de sí ni menos de no porque por mucho que lo intentas las cuentas se empeñan en no salir y además ves que todo amago de ahorrar se va disipando cada día que pasa. La familia, bien, gracias.

Cuando en lugar del apoyo que esperabas de tu pareja te encuentras con otro conflicto que te confirma que no hay manera de poneros de acuerdo y parece que mañana mismo vayas a recibir una carta certificada con un posible convenio de separación. La familia, bien, gracias.

Cuando se confabulan todos los electrodomésticos de casa para ir fallando de uno en uno porque los compraste todos a la vez sin tener ni idea de qué era eso de la obsolescencia programada y ves que nada te dura . La familia, bien, gracias.

Cuando creías que los domingos serían para hacer lo que te diera la gana y luego te das cuenta que son los demás quienes lo hacen pero a ti apenas te cunde más que para bajar la basura mientras paseas al perro que tus hijos disfrutan porque tú lo cuidas. La familia, bien, gracias.

Cuando preparas una comida con todo tu esmero y en la mesa no hay ni un ápice de agradecimiento sino todo lo contrario mas algún comentario con la típica pega porque un trocito de cebolla se ha saltado el control de aduana. La familia, bien, gracias.

Cuando vas a coger el coche y los astros se alinean para que te deje tirado justo cuando más lo necesitas y después de diez rituales mágicos ves que no arranca y tienes que llamar a la grúa y mientras llega rezas para no que sea nada importante. La familia, bien, gracias.

Cuando te presentas en casa con una sorpresa y te encuentras a todos enfadados por la penúltima pelea por lo que sea y te quedas con tu sorpresa que no sabes dónde meterla y no entiendes cómo se te ha ocurrido semejante idea. La familia, bien, gracias.

Cuando te llaman del colegio o del instituto y te sale esa voz de “no sabía nada” al enterarte de va como te han hecho creer y además intentas quedar bien y no sabes ni qué decir porque digas lo que digas se va a notar que te han pillado por la espalda. La familia, bien, gracias.

Cuando los vecinos te miran con esa cara de “vaya bronca que montáis de vez en cuando pero últimamente estáis que os salís” y tu agachas la mirada sin saber para dónde mirar o simplemente optas por no decir ni mu y te das cuenta que el silencio lo dice todo sin que tú digas nada. La familia, bien, gracias.

Cuando has intentado solucionar un problema entre tus hijos y al final sales tú más escaldado que quien crees que la ha liado pero que no hay manera de aclarar lo sucedido y terminas huyendo con el rabo entre las piernas. La familia, bien, gracias.

Cuando has estado ahorrando para permitirte un capricho un antojo o una chorrada pero que de repente un imprevisto manda tus ilusiones a ese lugar que nadie ha visto pero del que todo el mundo habla llamado «el más allá. La familia, bien, gracias.

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La familia es también a veces una colección de sucesos imprevisibles que forman parte de una realidad que si no sabemos aceptar se volverá contra nosotros en forma de «esto no es lo que yo esperaba»; y eso nos pasa por esperar.

¿La familia? Todos muy bien, gracias.

Luis Aretio

Un comentario sobre “La familia, bien, gracias.”

  1. Me encanta leer estos artículos. Siempre he creído que era la única que sentía estas sensaciones y me autoculpaba por sentirlos, creyéndome única, rara. Gracias por hacer visible lo natural, lo cotidiano

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