La realidad que oculta el cierre de los parques infantiles.

Cada vez que cerramos los parques infantiles damos una vuelta de tuerca más a la ya complicada infancia en este país. Los parques infantiles no son el problema. Desde el inicio de la pandemia no he visto a ningún colectivo más responsable que el de los niños, es más, me sigue asombrando la capacidad que han demostrado de adaptación en las aulas, porque creo sinceramente que yo sería incapaz de soportar una jornada de seis horas encerrado en un espacio reducido con una mascarilla permanentemente puesta. Todos los días felicito a mi hija y a sus amigas a la vuelta del cole; “sois mis heroínas” les digo, y sonríen agradecidas detrás de sus chulísimas mascarillas.   

Nada hay más sano que jugar, pero en la infancia es mucho más que sano, es fundamental. La ausencia de evidencias científicas que demuestren que los parques infantiles son focos de contagio lo dice todo, y el nivel de probabilidad de propagación sí está demostrado que es bajísimo. ¿Entonces? ¿Por qué? ¿Por las aglomeraciones de los adultos? No creo que concentren más que en bares, supermercados o en las interminables colas esperando a ser atendidos en ambulatorios o en servicios médicos privados. No tiene sentido cerrar los parques infantiles como medida de prevención, ningún sentido, pero nuestros políticos últimamente están cogiendo el gustillo a esto de mandar cerrar todo lo que se pueda cerrar, quizás para que parezca que hacen algo.

Pobres niños, pobre su infancia, y no lo digo por los parques, sino por lo que simboliza todo esto, porque representa el permanente ninguneo a las necesidades reales de la infancia en este país llamado moderno -España ocupa el décimo cuarto puesto en la lista de países con mayor PIB del mundo-. El cierre de los parques infantiles es la punta del iceberg de la ignorancia de nuestra clase política, de la incompetencia de nuestros gobernantes, de una sociedad pasiva que sólo sabe proteger su tedia existencia de adultos neopostulantes, férreos defensores de ideas sacadas de otros, esos quienes nos venden paradigmas existenciales como churros.

Debajo de la orden de cerrar los parques infantiles están también los índices de pobreza infantil (no termino de entender cómo tantos países ricos tienen tantos niños pobres), está el ineficaz -por surrealista- sistema educativo, está el fracaso escolar, está el exceso de violencia en los contenidos de dibujos animados, series, videojuegos, música; está el fácil acceso a la pornografía, están los modelos nefastos de “influencers” de plástico, y sobre todo está la bochornosa imagen de una sociedad materialista y egoísta.

Pobre infancia la de nuestros hijos, qué bochornoso espectáculo les estamos dando; ellos haciendo perfectamente bien lo suyo mientras ven como adolescentes, universitarios y adultos despreciamos todos sus esfuerzos cerrando los parques infantiles para obligarlos a quedarse en casa. No, así sólo les estamos enseñando a ser como nosotros, les estamos faltando el respeto menospreciando su responsabilidad y su generosidad. Pero ellos resisten, y siguen guardando la distancia de seguridad, y no se quitan la mascarilla, y se lavan las manos,  y van por turnos al servicio, y se comen todos los días el bocadillo en la clase… ¿Para qué? ¿Para que nosotros les cerremos luego los parques infantiles y sus pocos espacios al aire libre? Esto no es una incoherencia, esto es un atraco a la razón y al sentido común, un dislate histórico, un despropósito y una agresión más en toda regla a la infancia.

No, señorías, ustedes no cierran los parques infantiles, cierran mucho más que eso, cierran toda posibilidad de otorgar a la infancia la prioridad que merece en atenciones, en cuidados, en servicios. En definitiva, al permitir cerrar los parques infantiles cerramos también toda opción de que nuestros hijos se sientan de verdad protegidos en una sociedad honesta, responsable y madura.

Luis Aretio

4 comentarios en «La realidad que oculta el cierre de los parques infantiles.»

  1. Gracias, Luis , por poner en palabras todo lo que llevo deseando expresar desde hace tanto tiempo, sin encontrar las palabras adecuadas. Me invade la frustración y las ganas de gritar contra tanta injusticia hacia nuestros niños, en ciudades que, por cierto, presumen con carteles bien visibles de ser CIUDADES AMIGAS DE LA INFANCIA. Esta amistad, en Bormujos, se ha traducido en 3 meses de PARQUES CERRADOS tras el levantamiento del confinamiento, hasta hace apenas 3 semanas. De ve ya la posibilidad de nuevo cierre y es para estar bien avergonzados…
    Comparto por Facebook tu artículo, a ver si entre todos podemos concienciar a alguien, aunque a día de hoy confío poco en el bien común y más en el «sálvese quien pueda».

  2. Toda la razón, encima que aguantan lo mejor posible los campos de concentración en los que se han convertido la escuela se les cierra algo tan beneficioso y necesario para ellos como son los parques infantiles. BASTA YA DE TANTO MALTRATO Y DOBLE MORAL.

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