YO DE MAYOR QUIERO SER… ABUELO

No es por el oficio, ni tan siquiera por la dedicación, es por la magia que surge en la relación de los nietos y sus abuelos. Y yo de mayor quiero disfrutar de esas carcajadas, de esa complicidad que nace desde la incondicional admiración que se expresan entre ellos. De mayor, quiero que mis nietos me hagan reír por nada, me pidan caprichos posibles o imposibles, quiero que el brillo de la pupila me brille como a ellos, no pido más, solo eso.

Algunos de nuestros hijos a veces pasan más tiempo bajo el cuidado de los abuelos que de sus padres; los abuelos se convierten en una extensión de nuestro tiempo, y nos regalan sus atenciones con su mejor sonrisa, dejando atrás sus obligaciones o aficiones con tal de que a sus nietos “no les falte de nada”, y aunque algunas veces les cueste, no se les nota, tienen ese don de la entrega, de la ofrenda en muchos casos a cambio de poco o de nada, de ver sonreír y jugar a sus nietos, de disfrutar alma con alma.

Yo de mayor quiero ser abuelo, un abuelo querido y respetado por el cariño del paso del tiempo, por la nostalgia de un “hola con un beso”, de un adiós con la pena escondida del “hasta luego” que siempre se antoja eterno. Y yo creceré, y repetiré vuestras mejores lecciones y consejos que me disteis y que yo para mis hijos quiero, y les diré eso de “cuánta razón tenían mi madre y mi padre”, por insistir a diestro y siniestro, por soportar mis errores y por elogiar mis aciertos.

Gracias abuelos, por vuestro cariño, vuestro tesón y vuestros desvelos.

 

 

 

 

Ca(N)sada… y con hijos  

Agotadoras e interminables jornadas, unas más emocionantes que otras, unas más decepcionantes que ilusionantes, y otras, las menos, brillantes, quizás. Eternos quebraderos de cabeza para que todo vaya a mejor e incluso para conformarse a veces con un simple “no ir a peor”. Y no es la agenda de cualquier alto cargo, es la rutina de cualquiera que se dedique a esta maravillosa labor de ser madre, de ser padre.

Cómo olvidar las “noches de las cebollas cortadas” en la mesita de noche para ver si tose menos, o esas guardias con el Apiretal en una mano y el termómetro en la otra, o clavándote el inhalador del Ventolín en la cara porque te ha rendido la hora; esas miradas con rayos equis de corazón a corazón con mil suspiros inimaginables de tanto esfuerzo callado, de tanta duda manoseada sobre si “¿le pasará algo?”

Ser padre… ni es lo mismo ni es igual, el radar del riesgo lo traemos programado de serie con niveles de permisividad muchas veces insoportables, ofrecemos juegos peligrosos por atrevidos, y la inmensa mayoría, cuando duerme, perdón, cuando dormimos, descansamos ignorantes de todo en lo más profundo de “la gruta de los sueños de Morfeo” -un lugar muy muy lejano, de verdad-. Lo sentimos, sentimos no estar a la altura, parece ser que es “biológico”, pero un buen codazo y un “ve a ver por qué llora” rompen muchas barreras de nuestra aparente menor sensible naturaleza.

Afortunadamente la línea de la igualdad ya sabemos donde está, otra cosa es que todo el mundo la quiera seguir, y como no hay más ciego que quien no quiere ver, igual, el método del codazo también puede llegar a servir. Codazo amable, claro.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

 

 

Ca(N)sada… y con hijos.

Agotadoras e interminables jornadas, unas más emocionantes que otras, unas más decepcionantes que ilusionantes, y otras, las menos, brillantes, quizás. Eternos quebraderos de cabeza para que todo vaya a mejor e incluso para conformarse a veces con un simple “no ir a peor”. Y no es la agenda de cualquier alto cargo, es la rutina de cualquiera que se dedique a esta maravillosa labor de ser madre, de ser padre. Sigue leyendo Ca(N)sada… y con hijos.

La abundancia genera arrogancia. Cuidado con los niños.

Cuanto más tenemos más queremos, o eso creemos. Acaparar nos calma aparentemente la angustia de aquello que sabemos que, a lo peor, nunca podremos alcanzar; pero la serenidad es otra cosa, la serenidad está en no necesitar, en saber disfrutar de lo que tenemos y somos, no de lo mucho que nos falta y no seremos.   Sigue leyendo La abundancia genera arrogancia. Cuidado con los niños.

La obesidad digital o el atracón de nuevas tecnologías

Si ya tenemos un grave problema con la obesidad infantil en este hemisferio norte, ahora tenemos un nuevo invitado, el sobrepeso digital: “nos damos auténticos atracones de nuevas tecnologías sin medida ni control, vivimos en la era de la sobre información, de las relaciones 3.0 a discreción.

“Comer por comer y navegar por navegar”, y no hace falta que hablemos de adicción o de enfermedad, sino de un hábito que si no se sabe educar puede convertirse en un severo problema, sobre todo teniendo en consideración la vulnerabilidad de nuestros hijos, pues puede que crean que toda la tecnología que consumen es necesaria y/o puede sustituir en modo alguno a las relaciones sociales de tú a tú, y de eso nada, son un complemento magnífico bien utilizadas, pero nunca un relevo.

Nuestra Dieta:

Educar, a pesar de la fuerte oposición que creará en nuestros hijos. Limitar, aunque crean -durante un tiempo- que somos los peores padres o madres del mundo (eso es incluso un buen síntoma). Enseñar, porque si no de poco o nada sirven los sermones, y no hay mejor argumento que dar un buen ejemplo. Vigilar, que lo único “ancho” en casa sea la conexión a Internet, por aquello de la banda ancha, claro.

¿Qué añadirías a nuestra receta? ¿Cómo consigues en casa que no se abuse de las nuevas tecnologías? Estaremos encantados de recibir y atender vuestros comentarios en nuestro blog. Gracias.

La obesidad digital o el atracón de nuevas tecnologías.

Si ya tenemos un grave problema con la obesidad infantil en este hemisferio norte, ahora tenemos un nuevo invitado, el sobrepeso digital: “nos damos auténticos atracones de nuevas tecnologías sin medida ni control, vivimos en la era de la sobre información, de las relaciones 3.0 a discreción.    Sigue leyendo La obesidad digital o el atracón de nuevas tecnologías.

Para ser MADRE.

Para ser MADRE además de mucho amor hay que echarle mucho humor; sólo con la oxitocina no es suficiente, ni tan siquiera con una pareja modélica al lado, no, una MADRE soporta lo insoportable, sufre lo insufrible y alcanza el mayor de los éxtasis con el más mínimo detalle. Si los hombres hubiésemos tenido que parir, la humanidad se habría extinguido tras el primer dolor de contracción, seguro.

Una MADRE llora porque le da la pena o porque le da la gana, y sus lágrimas las guarda en lo más profundo de su corazón como quien hace una colección secreta de inimaginables emociones, una a una, cuidando de no olvidar la que le hizo feliz ni la que le hizo sufrir. Las quiere a todas. Suspira cuando puede, no cuando quiere, pues su agenda es la agenda interminable, con tareas imposible de entender si no eres MADRE.

Para ser MADRE no basta con parir, no, conozco a muchas que MADRES de adopción que dibujan a sus hijos en su alma con sus manos, con sus caricias deseos y cuidados, y aunque no han dado a luz, brillan con la misma intensidad que mil MADRES parturientas. No presumen del parto, no lo necesitan, presumen del tamaño infinito de su corazón, presumen más por lo hecho que por dar el pecho.

Para ser MADRE, no hace falta tener un hombre al lado; sé de MADRES fecundadas desde el amor por tener un hijo, desde la ininteligible soledad de la incomprensión de algunos necios. El amor de MADRE no tiene dueño, el amor de MADRE es un sueño del que nunca se puede ni se quiere despertar, es un estado que sólo una mujer puede llegar a entender, pues no hay varón que alcance a esa razón.

Humor, amor, paciencia, cariño, tolerancia, quietud, templanza, dulzura, constancia, tragaderas, espaldas anchas, brazos eternos, y un alma que no tiene calma, que no descansa hasta ver a sus hijos resguardados de toda imposible amenaza…”arrópate el alma cariño, que me vas a coger frío”.

No es magia,  es educación.

Luis Aretio

 

Mi Primera Confusión. La Comunión es otra cosa.

Pronto arranca el mes de las «primeras confusiones», sí, tal cual, y no lo digo precisamente porque se crea o se deje de creer en lo que se está haciendo. Recibir la comunión es un acto de fe, una forma de afrontar la vida espiritual, familiar y social. Una decisión basada en una creencia religiosa, una actitud ante los demás.

Confusión es lo que experimentan los niños cuando de todo, lo más importante es la amalgama de regalos que pueden llegar a recibir y el esfuerzo, en la mayoría de los casos, que supone para las familias semejante despliegue de medios para celebrar un acto tan humilde como el que realmente representa.

Se nos ha ido la mano un poco. “Los bautizos se han convertido en comuniones, las comuniones en bodas y las bodas, en la entrega de los Oscar…”.

Es la confusión de la prioridad por satisfacer las necesidades más materiales; el regalo por el regalo o el sobre con dinero, la abundancia y la ostentación. ¿Aportan algo? Si queremos que nuestros hijos sean felices, ¿de verdad que este es el camino adecuado? Celebramos la fe en la iglesia como el que celebra que ha llegado la feria de su pueblo, pero con un poco más de glamour, si procede, claro.

Rescatemos el sentido común pues creo que casi todo, en una medida justa, es razonable y necesario. Es como los cumpleaños, que generan una montaña de plástico y papel difícil de digerir, sobre todo por el impacto negativo que genera en nuestros hijos la creencia de que crecer es igual a acaparar cosas que apenas tienen tiempo para disfrutar y que saturan las estanterías de nuestras casas.

Hay familias que celebran un evento especial (viaje, fiesta, etc.) con sus hijos para que también tengan una fiesta como la de sus amigos que sí han hecho la comunión, para que no se sientan mal; y es tan respetable como todo lo demás, pero:

¿La necesidad es de nuestros hijos, o es nuestra?

No es magia, es educación.

Luis Aretio

¡El drama de las diferencias en la pareja!

Las diferencias son posiblemente lo que más dificultades aportan a la mayoría de las relaciones de pareja. Tenemos cierta tendencia a querer que nuestra pareja cambie y acepte nuestro punto de vista sobre cómo debería ser la rutina, sobre cómo deberíamos entender las prioridades de tiempo, de atenciones, de cuidados, de higiene, de preocupaciones, etc. Sigue leyendo ¡El drama de las diferencias en la pareja!

¡Te cuento hasta tres!

Nada, y si quieres puedes ampliarlo contando hasta diez, pero así no hay forma de educar. Mientras se nos descompone la cara, se nos tensa el cuerpo, la garganta se agita, lo ojos pierden su órbita normal y la voz suena como si estuviésemos pidiendo un taxi en medio de una gran avenida…mientras todo eso ocurre, muchos de nuestros hijos ni se inmutan, sencillamente les da igual nuestra afición por contar.

¿Y si terminas la cuenta y efectivamente no hace lo que le pides? Entonces puedes elegir entre: amenazas, improperios, faltas de respeto, zarandeos variados o un regio sopapo por no haberte obedecido…pero aquí pasa como con las notas ¿Suspende el alumno o el maestro? ¿Lo hacen mal nuestros hijos o somos nosotros? ¿Quién se merece qué? No es fácil, pero todos nos merecemos una oportunidad, unos la oportunidad de enseñar mejor para que otros tengan la oportunidad de aprender adecuadamente.

Y no, no se trata de contar, sino de acertar en qué momento le pedimos a nuestros hijos que hagan las cosas; a veces nos creemos que en lugar de niños tenemos máquinas de obedecer, y no hay cosa que nos guste más a las personas que ignorar las normas, porque si, tampoco necesitamos grandes excusas, simplemente es un placer que tiene que ver con la auto afirmación de las personas, somos así.