Papá, te presto mi mirada de niña. Quiero que veas todo lo que yo veo.

Papá, sólo soy una niña, y quiero disfrutar de mi forma de ver el mundo, y de mi manera de vivir el tiempo. Mírame como lo que soy, un trocito de ti, pero no como algo tuyo, porque yo creceré y seguiré siendo tu hija, pero no como una pertenencia ni como un trofeo.

Papá, sólo soy una niña que sueña con jugar, porque ahora es el momento, ahora es mi momento. Ahora tendrás que mirar las cosas como yo las veo, porque, donde tú ves una toalla, yo veo una capa para volar, o cuando miro mi cama, me la imagino como un barco mientras las sábanas lo convierten en velero. Y prefiero mil veces una tarde en el parque que estar dando vueltas en un centro comercial buscando aparcamiento. Un palo, hacer barro o perseguir a las hormigas hasta su hormiguero. Coger la bici, subir a un árbol o disfrutar corriendo; qué más da, a mí me gusta lo que me invento con mis amigos y contigo. Me encantan los vídeos, la tele y el móvil, pero sólo si tú me acostumbras a eso, entonces, apagaré mi imaginación para siempre y encenderé ese otro peligroso universo, y navegaré sin rumbo por un mar de adultos mirando cosas que no debo, pero insisto, sólo si tú, me acostumbras a eso.

Papá, sólo quiero que me prestes tanta atención como la que le prestas a tu móvil, al que miras siempre, como a la Tablet o a la tele; ya sé que no te das cuenta, pero eso hace que tú y yo no nos miremos tanto como antes. A veces pienso que sólo quieres que me porte bien y que obedezca, pero ¿sabes qué? que resulta muy difícil esto de ser niña en vuestro mundo, en el aburrido mundo de los adultos. Yo no tengo muchos problemas, la verdad, cosas no me faltan, es más, me sobran; pienso que me gustan pero que a la vez me molestan, muchas veces es un lío tremendo, pero tengo de todo, y eso creo que es importante, porque sé que hay muchos niños que no tienen nada de lo que yo tengo. Mis problemas no se solucionan con más regalos ni más caprichos, eso sólo me hace feliz justo en el momento de recibirlos. Yo soy feliz si tú y yo tenemos tiempo.

Papá, cuando te enfadas me hundo, se me cae el cielo al suelo cuando me riñes por lo que hago mal, pero es que no siempre sé cómo hacerlo; estoy creciendo y aprendiendo cosas que ni entiendo; todo es nuevo para mí, en el cole, en las cosas que me pasan con mis compañeros, con los deberes, que son un rollo porque me quitan tiempo, o en las peleas del recreo para ver quién es más lista o más rápida, eso sí que es un tema serio, porque hay algunas niñas que se pasan tres pueblos. No, no he nacido sabiendo, y eres tú quien me tiene que enseñar todo eso; pero no te preocupes, que yo aprendo rápido de todo lo que veo. Y me pasa como a ti, que no siempre acierto, que no salen las cosas como esperamos o como queremos; pero no pasa nada, porque de todo eso tú y yo también aprendemos.

Papá, sé que antes esto de ser niña era más fácil, pero yo no nací cuando tú naciste, yo no soy de tu tiempo ni de tus costumbres, yo no soy como ese niño que tú fuiste. No te busques en mí porque tú no sientes como yo siento; tú me ves desde tu mirada de adulto, y yo me veo desde la edad que tengo, y cuando me pides que sea mayor y responsable como tú, la verdad, no es el momento. Yo necesito que entiendas que no puedo ser como tú porque no lo soy ni lo seré; yo soy lo que sueño, a veces soy una astronauta y a veces me convierto en elfo, yo soy lo que quiero en cada momento, y soy lo que me invento, y puedo pasar de querer ser policía a querer ser la mala, de querer ser Caperucita a ser el lobo, o de querer ser la última, a querer ser la primera. ¿Lo entiendes? Porque yo no, no siempre lo entiendo, aunque tampoco me importa, a veces sólo me dejo llevar todo lo que puedo.

Papá, un día te darás cuenta de que no soy como tú, que no pienso como tú, que no disfruto como tú, que no juego como tú, que no hablo como tú, que no canto como tú, que no vivo ni sueño como tú… ese día será el día que aprendas a mirar con mi mirada todo lo que yo veo, a entender mi mundo, a comprender mi universo, a sentir todo lo que yo siento… ese día podremos compartir juntos todo el resto de nuestro tiempo.

A Julia, mi hija, por enseñarme a mirar el mundo con sus ojos.

 

Luis Aretio.

8 comentarios sobre “Papá, te presto mi mirada de niña. Quiero que veas todo lo que yo veo.”

    1. Que difícil es ver el mundo desde sus ojos después de lo que ya hemos pasado en la vida. Pero si lo conseguimos es el amor puro y duro. Lo mejor de la vida. Gracias por recordármelo Luis

  1. Me ha encantado esta entrada, Luis. ¡No te había leído con este estilo tan literario! Hubiera quedado genial haber grabado el audio con voz de niña… mis hijos aún no leen jaja pero puedo prestarte una voz de alumna en donde doy clase 😉 ¡Sigue así!

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