La generación del miedo.

Los padres de hoy somos los hijos de ayer, y desde entonces hasta ahora hemos sido espectadores de cómo ha sedimentado en nosotros el miedo. Antes, hace treinta o cuarenta años, sentíamos un profundo miedo no sólo hacia nuestros padres, sino también hacia nuestros maestros, responsables todos de dotarnos de un respeto exquisito. Sigue leyendo La generación del miedo.

La escuela, un océano rumbo a los demás.  

Icemos las manos como banderas, elevemos el ancla, y pongamos rumbo a los demás.

Unamos las mesas del cole para que se conviertan en barcos, y las sillas alrededor salpicando como alegres olas de un tranquilo mar.

Dibujemos con tizas en cada pizarra cielos repletos de nubes, aves surcando el firmamento y un radiante sol.

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El acoso escolar y los niños sensibles.

“Aquí no te queremos. Que levante la mano quien quiera que se quede éste. Eso dijo el líder; y nadie, ni quien yo creía hasta ahora que era mi único amigo, nadie levantó la mano. Me dolió tanto que me quedé paralizado, disimulando no reaccionar, como si realmente no me importara, pero por dentro estaba echo polvo.

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Los niños felices.

Los niños felices obedecen, y hacen lo que les piden sin poner mala cara; dan las gracias, y piden disculpas cuando alguna vez se pasan de la raya; son felices, son sinceros, y no temen hablar de ellos ni de sus miedos. Son responsables, y les encanta serlo; no agreden, pero defienden con valor a quienes ven sufrir; respetan ya sean pensamientos, creencias o ideas.

Los niños felices hacen esfuerzos para superar baches y sus malos momentos; toleran frustraciones: todo eso que no salió como esperaban. Saludan mirando a la cara, tienen inquietudes, piden ayuda cuando algo se les resiste, y hacen amigos nuevos con tan sólo una mirada.

Los niños felices se aburren, pero no se agobian ni molestan; tienen criterio, y eso les permite actuar con libertad. Prestan atención en el cole, en casa y donde vayan; cuidan sus juguetes, son ordenados. Intentan hacer felices a quienes están a su lado; tienen paciencia, y aprenden a ahorrar porque saben esperar.

Los niños felices comparten lo que son y lo que tienen sin mirar con quién, saben perdonar errores, los suyos y los de los demás; sienten que son queridos y respetados, toman decisiones flexibles y adecuadas, y guardan por lo que pueda pasar mañana; sonríen porque les sale de dentro, les sale del alma, y regalan sin querer queriendo, miradas mágicas.

Los niños felices se quieren, porque son queridos con calma.

No es magia, es educación.

Luis Aretio

La adolescencia: una etiqueta injusta.

La adolescencia es sólo una etapa más del desarrollo que hemos estigmatizado y coronado de etiquetas. Con ellas los ninguneamos, los menospreciamos y los relegamos al plano de la incoherencia ignorando cualquier parecido con nuestra misma etapa vivida,y se nos olvida todo lo que hicimos pasar a nuestros padres porque en nuestro caso le otorgamos el posible acento de que “todo estaba justificado”. Sigue leyendo La adolescencia: una etiqueta injusta.

153 Profesiones de casa que no son remuneradas.

Abogada-  abrazadora –  achuchadora – adivina – agenda personal –  agente de bolsa (de la compra) – amiga -animadora  – árbitro – artista – asesora de imagen  – asesora particular – asesora – asesora legal –  asesora sentimental – asistenta  – personal – asistente de cámara –  asistente personal –  astrónoma – atleta –  Sigue leyendo 153 Profesiones de casa que no son remuneradas.

Lo increíble no hay quien se lo crea.

¿Niños habilidosos, niñas sorprendentes, niños mágicos o niñas brillantes? ¿Para esto queremos la infancia? ¿Para que nos dejen boquiabiertos con las cosas maravillosas que hacen? Esto no hay quien se lo crea; esto de tener hijos increíbles suena a farsa, a exageración, a despropósito y lo peor, en muchos casos a fracaso. Porque no hay talento para todos ni todos los niños están tocados por la mano de la genialidad, lo sentimos. No hay quien se crea a esta moderna horda de padres y madres obsesionados por exhibir su propia vanidad de la mano de sus leales  e indefensos vástagos, quienes haciéndoles creer seres superiores por competir y rivalizar, olvidan lo más importante, que más vale disfrutar jugando que triunfar sufriendo sin que nadie los crea, salvo tú. Por una educación familiar responsable.

Luis Aretio

Que no son gigantes, niños, sino docentes.

“Mire, mi señor, que no son gigantes sino molinos, y lo que parecen brazos son las aspas”. Disculpen esta osada tropelía al querer emular tan noble literatura, pero sírvame el símil al tratarse, como verán sus mercedes, de aventuras donde singulares caballeros e intrépidas damas, se entregan a su labor docente; y aunque vivir la docencia no es ninguna novela de caballería, demasiadas veces lo pareciere. Sigue leyendo Que no son gigantes, niños, sino docentes.

Si no te obedece, de algo carece.

Veo niños y niñas que no saben obedecer, que carecen de lo más importante para su desarrollo como personas sanas porque estamos normalizando peligrosamente las faltas de respeto en casa y en la escuela. Los adultos nos quejamos con aspavientos de la mala educación de las nuevas generaciones, de lo poco que valoran las demasiadas cosas que les ofrecemos; nos quejamos de ellos siendo nosotros quienes hemos permitido semejante incoherencia educativa. Nos hemos inventado una moderna relación de “toma y quiéreme por lo que mucho que te doy”, y eso no es amor, eso es maleducar, y además sale muy caro. Cambiemos las normas, rescatemos el sentido común y mostremos el mejor de nuestros ejemplos.

Por una educación responsable.

Luis Aretio

Los tremendismos. Dime cómo hablas y te diré cómo te sientes.

Los usamos a diario, nos acompañan en nuestros procesos de comunicación y además los estamos normalizando sin ser conscientes del impacto que genera en nuestras cogniciones (pensamientos), base de lo que luego serán estados emocionales condicionados por esos procesos de pensamiento. Sigue leyendo Los tremendismos. Dime cómo hablas y te diré cómo te sientes.